sábado, 22 de diciembre de 2012

Feliz Navidad


- Dalin, dalin - me gritaba Rosita Andújar desde la esquina de la Ocho y Astor Place. Pelo verde, zapatos verdes, medias rojas, falda verde y blusa de flores rojas, vestida de acuerdo a cada etapa. La de hoy, pura navidad. Las etapas de Rosita están marcadas por sus adornos, no por su desarrollo interno. Qué si hay vínculo entre sus adornos y su evolución me han preguntado unos cuantos estudiosos de la obra y biografía de Rosita. En lo absoluto. Rosita no cree que ella haya evolucionado después de llegar a los veintiún años. Todo esto dicho por ella.

- Yo no crezco más- sostiene sin importarle un bledo lo que piensen los demás. Ella sigue deseando los mismos hombres: trigueños de pelo lacio, delgados y altos de estatura. Sigue tratando a la gente de la misma manera con su dalin, dalin, besos y abrazos. Sigue en contra de cualquier organismo que le exija  comprometer su forma de ser. Sigue entregándolo todo sin pedir nada a cambio.

Rosita es pintora. Su pintura ha cambiado, al igual que sus adornos, aunque ella jura que no se debe a que ella haya cambiado. Su pintura ha cambiado, según ella, porque en un momento dado algo por dentro, que no tiene nada que ver con la evolución ni teorías sicológicas, la lleva a pintar los motivos que sean. Su pintura cambia pero no existen relaciones causales entre ella y su pintura.

- No porque yo cambie, cambia mi pintura. Es que los motivos que yo escojo en  un  dado momento siempre me han gustado, sólo que en ese preciso momento escojo pintarlos.

Desde la calle Ocho, frente a la escultura que separa susodicha calle de la Saint Marks - Dalin, dalin, no te olvides del cóctel e inauguración de la exposición de nuevo arte latino cristiano. Sí, en el Rican Poets. Sé que no vas a venir, que el haber tenido que enterrar tantos ex-amantes no te deja celebras fiestas. Bueno, un abrazo y muchos besos. Feliz Navidad, dalin.