Thursday, March 31, 2011

Cuentos de Maestros

La Tiza

Un largo y estridente crujido acompaña las letras escritas en cursivo sobre la antigua pizarra. Mis dientes no aguantan este ruido agudo que surge de la mano de la recién llegada maestra; aprieta y presiona la tiza mientras escribe y pronuncia cada una de las letras. ¿Irá una ele aquí o una zeta acá? ¿Por qué escogerá palabras que no conocemos?

La espigada y vertical maestra, horrorizada con el pésimo manejo de la escritura y una pronunciación heredada de a saber qué culturas, decidió que, antes que nada, dedicaría todos sus esfuerzos a erradicar lo que era la peor trampa que les ponían los poderosos a los marginados, los desterrados, los estancados en el subdesarrollo: el desconocimiento del idioma. Las demás materias podían esperar, el lenguaje no.

Tuvo que abandonar su país de origen, para exiliarse en este gueto neoyorkino,y reafirmó sus convicciones. Después de todo, si algo aprendió de los presos comunes la ex prisionera política, fue la relación entre la ignorancia y el fascismo.

El terminar de escribir lo que parece ser una de las palabras más largas del idioma castellano tarda mucho más que el tiempo que le toma a la maestra dictarla y corregirla en la pizarra. Descabellado escribe lentamente la sobria mujer cuarentona, sus uñas perfectamente pintadas rayan la pizarra y emiten el desestabilizador ruido.

Decabeshado escribo sin saber lo que significa. Descabellado, con doble ele y b.

¿De dónde has sacado esa s y h? B de burro.

Shaves escribí, y ella escribió llaves.

Primero dicta la palabra; luego para que aprendan a auto corregirse, los estudiantes las escriben en la pizarra: las acertadas y las que contengan errores. Ella vuelve a la pizarra y escribe al lado la versión correcta;lentamente, presionando la tiza, circulando cada letra. La doble erre aparece en la pizarra, se descubre acompañada por el agudo chillido de la tiza.

Escribo una ele, la borro, escribo una erre, luego una ele de nuevo, borrar de nuevo, y por fin, fijarme para volver a la doble erre. Las letras se confunden en mi papel. Mi lápiz es dirigido por esos largos y finos dedos, enmarcados por las uñas color rojo subido que bordean la tiza sin llegar a tocarla; el zumbido que sale de la pizarra nubla cada palabra. No sé qué escribir. ¿Qué hacer frente a la i? ¿Pongo o no el acento ortográfico? ¿Lo pongo o no lo pongo? Esta palabra me da más trabajo que las otras, muy larga. ¿Cómo se pronunciará? Esta clase me va a costar los dientes. ¿Por qué no usa otra tiza?

La Gran Plaza, Bruselas, 1970

Verano: El frío en Bruselas me llegaba hasta los huesos. Antes de volver a la universidad, esperaba pasar un verano de grand tour europeo a lo chica ingenua americana (Audrey Herpburn, here I come) y no aquel otoño en junio: gris, completamente gris. La zona de la ciudad donde estaba el hotel, un crucigrama de concreto, definía términos que no existen en un diccionario arquitectónico, se reflejada en el espejo del cuarto, contorneada mi imagen y la de la telaraña en la esquina de la habitación: foto de feria, una obra futurista abandonada a la suerte.

Flirteo: La gran plaza contenía las miradas de los turistas. Con la caída de la noche cobraba su función primordial: divertirlos. Todos se movían al unísono, acompañaban el juego de luces que alumbraban los detalles de sus edificios. Entre los miles de espectadores se encontraban algunos que giraban sus miradas, de las paredes alumbradas por los juegos de luces a otros espectadores y otros, y otros, y otros; reciprocaban, se reconocían, tasaban.

Mareo: Una vez en la plaza, mi cabeza empezó a dar vueltas, a reconocerme en aquel, enfoco en uno, no, vueltas, miradas, cambio la vista a las luces, el otro, del norte de la plaza al sur de la plaza, al oeste de la plaza, al este de la plaza: un ballet en cuatro por cuatro, al cuadrado.

Semestre académico: Doy vueltas por la plaza junto al profesor que pasea por otras plazas, palabras, gestos. En el pupitre se juntan ambas plazas.

Wednesday, March 30, 2011

Tembandumba se Parte

Tembandumba, la diosa Yoruba que asesinó a sus hijos para bañar con la sangre a su pueblo y así salvarlo en la guerra, sigue caminando por la encendida calle antillana antes y después de que Luis Pales Matos la codificara en su libro Tuntún de Pasa y Grifería.

¡Sus mis cocolos!, nos cantaba Pales, mientras Tembandumba culipandeaba por el Caribe, y contrario a las muy miopes lecturas folklóricas de su libro, es ese español caribeño y todo lo que en él se dice, lo que le dio y le da vigencia al ser que el poeta recrea en su poesía afro-antillana. Un español que representa las vivencias de otros pueblos, cuya influencia africana e indígena no se puede negar, mucho menos evitar: los españoles jamás culipandearon en su poesía.

El caderamen, masa con masa mueve con sus ritmos, estructuras, los significados de todas las masas, para incluir a todos aquellos que trascienden y retan los modelos culturales y políticos que ejercen el control en un momento histórico. El caderamen atentó contra la metrópolis ibérica; hoy, contra los fundamentalistas de todo tipo.

Tembandumba mató a sus hijos para salvar a su pueblo: sacrificio que salvó a otros más allá de los confines de África. El idioma, asesinado para algunos; transformado para otros (por las experiencias y fenómenos que lo moldean), salva a los descendientes de la mítica diosa y a todos aquellos que se benefician de los nuevos códigos, ritmos, estructuras.

Por la encendida Calle Antillana vamos todos, y algunos, al ritmo de rumba, macumba, candombe, bámbula, decimos (partidos), siiiiiiiiiiiii……

Tuesday, March 29, 2011

Amante Arrebatado

“Fumar es un placer, genial
Sensual…”
Tus cenizas manchan,decoran
El semen
“Dame un beso de tu boca
Dame….”
No te quedes dormido
Otra vez
“Que voy a enloquecer
De placer…”
El olor de las hierbas
Convencen
“Y mientras fumo, mi vida
No consumo”
Amárrame con el humo.

Monday, March 28, 2011

Bajemos de Dos en Dos

"....matareis al Dios del miedo y entonces seréis libres."
Eugenio María de Hostos

“Bajemos de dos en dos” nos dijo el anfitrión al grupo de por lo menos diez hombres gais que nos encontrábamos en una soirée en su apartamento en el San Juan de los años ochenta. La razones para dicha directriz estaban fundamentadas en el miedo a que nos leyesen (leerte en la jerga de la sub-cultura de los gais criados antes de la luchas por los derechos civiles significada que los demás se daban cuenta de que uno era homosexual) en el ascensor o en el recibidor del edificio. El grupo estaba compuesto por hombres de la generación pre-Stonewall, y con la excepción de uno que otro, la mayoría seguía viviendo como si el Stonewall no hubiese ocurrido. El miedo seguía guiando sus actos. Así lo hicimos, bajamos de dos en dos y evitábamos hablar en el ascensor.

El grado y discusión pública que se estaba llevando a cabo en algunas ciudades de los EEUU y en Europa estaba en ciernes en el Puerto Rico de los ochenta; y la generación madurada antes de los sesenta vivía con los temores y criterios de aquellas épocas. Organizaciones que iban desde las más radicales (Act-up) hasta las religiosas (Dignity), revistas (la excelente Body Politique), departamentos y cursos académicos planteaban que la homosexualidad no es el infierno o un estado estático (se transforma en el grupo, la cultura y en cada uno de nosotros), que los homosexuales no escogen serlo y son ciudadanos responsables que aportan al bienestar de sus comunidades, etc. etc. etc. El clandestinaje de aquel grupo, en la fiesta antes mencionada, era contrario a la discusión seria de la homosexualidad y al respeto hacia los hombres y mujeres gais. Atentaba contra la dignidad de cualquier ser.

“Que nadie se entere, es muy partido, enfermo sexual" pasaron de ser valores, expectativas, tipos y estereotipos de homosexuales estancados en la protección de sus cuerpos, reflejos del miedo a los controles que ejercían los heterosexuales, a temas que sirven para profundizar sobre como y porque somos quien somos. Fijaciones, calabozos mentales y culturales fueron subvertidos para convertirse en caminos a explorar, a enriquecer el conocer la condición humana y todas sus manifestaciones. Qué placer tan enorme fue oír aquella madre puertorriqueña decirme que cuando su hijo le confesó su homosexualidad, lo único que le preocupó fue que se fueran a burlar de él. Allí frente al joven hijo, estudiante universitario, la pareja del hijo, y otros amigos mayorcitos, mi generación, se discutía el tema con una libertad y respeto que hubiese sido imposible oír hace treinta años.

“Cómo me veo”, me preguntó un querido amigo sesentón recientemente. “Exacta”, le respondí, en femenino, con el humor y transgresión que caracteriza esa brillante e ingeniosa sub cultura. Ni miedo ni vergüenza acompañaron la respuesta; una aceptación del ser distinto sin ser nocivo. Mi amigo sonrió; sabia que a esa edad no se es tan exacta como cuando se tenía veinte años. Nos reímos porque caminábamos la vereda de la libertad, y es esa la que nos permite estar “exactas”. Lo gay no es absolutamente un estado sexual, es también un estado de ánimo, un derivado y variación de las otras culturas. Espejo de la otredad dirían los nuevos contenidos estructuralistas, post modernistas. Y juntos, no bajamos de dos en dos, en grupo como de cinco, caminamos a cenar temprano. Temprano, con la conciencia tranquila, que a esta edad el cuerpo te lo pide.

Sunday, March 27, 2011

Muñecas, Jacks y Trompos

(Los nombres que aparecen a continuación son ficticios; los relatos sobre los mismos no lo son; bueno, algunos, que para un hombre gay en su tercera edad, mucho de lo que ha sido su realidad puede perecerle ficción a otros)

De niño, disfrutaba jugar con los carritos de metal, en particular los camiones, tráileres, coloridos y brillantes; correr bicicleta, terecinas: todos juegos y objetos asociados con los juegos de varones. A escondidas jugaba con jacks hasta que el vecinito me delató. Menor que yo y más ingenuo, le pidió a la mama que le comprara un set de jacks; y ella, sorprendida, le dijo que no, que esos eran juegos de niñas. Por encima de la verja, al oír aquella conversación, me sentí desnudo, avergonzado, creo que boté los jacks y no volví a jugar con ellos o quizás me escondía en el baño (al igual que Llorens, aquí la memoria pierdo) y allí tiraba la bolita y en el rebote trataba de coger la estrellita de metal; practicaba tan importante destreza manual.

Nunca fui tan diestro como mis sobrinas, cuya rapidez en la recogida era tan rápida como Santa Claus o mi amigo, ACM, quien jura que era más diestro que cualquier nena de su barrio (ACM es un consumado pianista, y no es de dudar que los jacks sirvieron de algo en el desarrollo de sus destrezas manuales). De los jacks me moví a la cuica, brincar la cuerda, y tampoco fui muy buen saltador. Más de una no podía saltar; si aumentaban las cuerdas, mis pies se enredaban y tenía que abandonar los saltos (sigo igual de torpe con mis pies, hace unos meses me llevé de por medio los Limoges de mi amigo el sicólogo).

Mi amiga la pintora, MDR, quería una terecina como regalo de reyes. Le regalaron una muñeca. La odió y nunca jugó con ella. Su mamá se apoderó de la misma; a su manera, adulta, la madre jugaba con la muñeca: la vestía como si fuese su hija para luego sentarla en una esquina del sofá. Allí permanecía hasta que le cosiesen nuevos trajes, sin poder distinguir su papel: objeto decorativo o reemplazo de la hija con manerismos y gustos de varón. MDR compensa sus deseos reprimidos a través de símbolos que usa en sus pinturas y dibujos; entre ellos, hermosos trompos que giran en el aire (si mal no recuerdo, no pinto pero también compenso con una bolsita de jacks que debo tener escondida en algún baúl en mi armario).

Mi estimado amigo, el sicólogo, colecciona muñecos de todo tipo, y se encuentran lo mismo sobre sus mesitas en la sala como en su ordenador o libreta de teléfonos. Es que, como bien él dice, hay muñecos y hay muñecos. Que le rompa una de sus Limoges le es indiferente. Que me le acerque a uno de sus muñecos puede ser guerra declarada. Sus muñecos en las mesitas, su bien ordenada y decorada casa refleja aquellas casitas de muñecas que ayudaban - ayudan a entender y manejar el mundo doméstico de los adultos. No en balde hay tanto decorador y arquitecto gay: nos gusta jugar a las casas, de mamá y papá (sobre lo que aprendí cuando jugaba de mamá y papá no puede ser relatado en este muy respetuoso blog)

Es harto conocido y estudiado que los juegos y juguetes reflejan las culturas y periodos históricos en que estos se llevan a cabo, las razones e ideologías que subyacen el por qué son fomentados, sus funciones económicas, sociales, psicológicas, género, etc., etc., etc. También reflejan las inclinaciones de los niños y su visión del mundo (Lo mucho que tuve que leer sobre este tema cuando estudiaba pedagogía me sirvió para reflexionar sobre los jacks, trompos y muñecas durante mi niñez en el homofóbico, culturalmente claustrofóbico y caluroso pueblo caribeño. Bordea en lo alucinante, lo penetrado que están los juegos de video en la vida de los adolescentes y niños, en particular, los varones). Jugamos todo el tiempo; y el mundo lúdico de los juguetes y juegos ayuda a aprender a manejar el mundo serio (de serlo) de los adultos.

Tres Poemas de La Vía Agria

Tiempos Yoístas

No quiero ni tengo derecho
Ni siento ni espero ni busco ni debo
Ni encuentro ni pienso ni pido regresos
Ni entiendo tu furia ante mi despido
De alas de incienso

No puedo no quiero
(Poesía trabajada)
No puedo no tengo
(Poesía elaborada)
No sé
(Poesía ensimismada)
Decirte adiós.

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Deseos
Poseerte todo
De un zarpazo
Cual ave de rapiña
Agarrando la coneja
Mírame, carajo.

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Desahuciado por la moda

El espejo da la espalda
De espaldas
El espejo se aleja de ti
Eras el chico
(El de a puño limpio)
El otro también eras
(El de los libros)
Pato
Afeminado
Cobarde
Aterrorizado
(El chico que quiso)
Que quiso ser
Todos los chicos
A la vez.

Saturday, March 26, 2011

Tres Poemas de Angustia Relajada

#1 Pos coito

Arropados por sudor
Gemidos, latidos
Roce, fricción
Entrada: Gemidos
Salida: Latidos

Ronquidos, el mar
Un cigarrillo, aburrido.

#2 La Espera

El hombre rasga su voz
De tarde en tarde
De tarde en tarde

El hombre vela su piel
Hora tras hora
Hora tras hora
El otro no llega.

#3 Discosida

En la continua búsqueda
En el estado de la música de disco
Me encuentro
Como Gloria Gaynor
En noches de Flamingo
Y palmeras de Twelve West
Te busco
Entre popperss,notas
Flash Gordon
Remuevo
Biceps, nalgas, hombros, T shirts
Restriego
Vueltas brazos muslos
Giro
Giro
Toda una noche
En taxi con pan de Zitos
Corremos a preparar el brunch
Despedida de Weekend

"Hola."
"¿Ernesto?"
"¿Muerto?"

Friday, March 25, 2011

Crónicas de la Marica Pérez de Inwood

Su corte de pelo y manerismos hubiesen dificultado la identificación, no apuntaban a género sexual específico; el metal de voz era suave pero de hombre joven; los dos tatuajes en el brazo izquierdo y pierna derecha le identificaban como uno más de la nueva fauna tatuada que anda por el mundo; un hipster en la jerga de Manhattan. Cuando llegó donde la Luchi no tenía interés en usar pelucas y lo dejó dicho sin miramientos, ni andaba buscando un nombre de actriz fabulosa o ser icono de lo femenino. Si la Luchi había copiado a la Lucha Reyes y la Isadora a la Duncan, ella, la Marica Pérez de Inwood, tenía como modelo a las nuevas representantes del travestismo en Manhattan.

Este nuevo trasgredir el travestismo, lo que de inicio es una transgresión, no tomó de sorpresa a la Luchi; ya estaba al tanto de lo que estaba ocurriendo downtown. Los cambios que se habían generado en el Lower East Side, el notorio barrio-capital de la subversión, aparecían en los periódicos y revistas progresistas y alternativas; documentados en los nombres que habían escogido la nueva generación de travestis y en su uso de vestuarios que no eran ni femeninos ni masculinos. Las luchas por los derechos de los homosexuales y otros géneros no tradicionales no se limitaban a los derechos civiles, se extendieron e influyeron otros aspectos de las sub-culturas gais, incluyendo el travestir.

Miss Miramira, una latina que cantaba con voz desgarrada sin matizar su metal, comenzó esa nueva tendencia, que luego se convertiría en estándar del nuevo travestismo. Su nombre lo tomó de la muy común frase que se oye en los barrios latinos de Nueva York, “Miira”. Le siguieron Miss Gracie Mansion en honor a la casa donde vive el alcalde; Miss Alice Tully Hall, el nombre de una sala de conciertos; la Rue Paul, una calle de Nueva Orleans; Miss Step, una que cantaba en silla de ruedas; Miss Placed (no encuentro información que indique de dónde salió su nombre); y la famosa alemana que salía vestida de valkiria: Miss Wurst. Todas y todos, los nuevos representantes de la subversión del género, re-conceptualizaron y transformaron el vivir y vestir en el borde.

La Luchi no se sorprendió con la actitud irreverente del joven que en su taller y boutique se presentó a buscar información; quedó desconcertada con el nombre que había escogido, Marica, el muy ofensivo epíteto que tantas veces oyó y odió en su natal Quito. Juzgar ni rechazar eran principios que guiaban el trabajo de la Luchi como maestra de travestis, y se limitó a preguntar por qué había escogido esos nombres. Una famosa muñeca española sirvió de fuente para el nombre y primer apellido, Mariquita Pérez, y el segundo apellido, de Inwood, en honor al barrio latino donde terminó viviendo en el norte de Manhattan.

De la Mariquita Pérez, la muñeca - producto artesanal que fue inicialmente creado por una muy noble señora madrileña, doña Leonor Coello de Portugal, quedaba un ejemplar en la tienda de antigüedades donde trabajaba la madre de la Marica Pérez de Inwood. Por razones comerciales y valores machistas, a la Marica se le tenía prohibido jugar con la muñeca; de lejos, la observaba el muy andrógeno niño. Ni los revólveres ni las pelotas de futbol hacían mella en los deseos de Marica. Era aquella muñeca de porcelana, con cara de querubín, enormes ojos, pelo rizado, vestida con coloridos lazos y volantes, el objeto de sus más íntimos sueños. Deseos que nunca consumió. La venta de la muñeca a un vetusto, rígido y estreñido anticuario quiteño, don Ferdinando de Burbi, la llevó a sentirse como si le hubiesen robado un pedazo de su cuerpo.

Recuperar aquella muñeca era su norte. Su obsesión no le permitía ver más allá de lo que quería poseer, y una vez se enteró que el anticuario subastó la Mariquita en una casa de remates en la ciudad de Nueva York, la Marica decidió viajar y ver como conseguía comprarla o lo que tuviese que hacer, para hacerse de la muñeca. Su viaje por tierra - dirigido por guerrilleros, narcos y coyotes, requiere otra crónica, y esta no es sobre las vicisitudes que sufren las inmigrantes. La Luchi, madurada y paciente maestra, apeló a sus destrezas en el manejo de la dialéctica e indagación estructuralista lacaniana para llevar a la Mariquita a que expandiese sus horizontes, usara sus talentos para crecer como persona, y que aprovechara la habilidad que había demostrado, al tan fácilmente haber podido integrar en su identidad el nuevo travestismo, en la creación de unas estructuras que le permitiese aprovechar aquellas capacidades e intereses

El lenguaje rebuscado y barroco de la Luchi iba en camino a perder a la Marica, y la Luchi, al ver que sus palabras no surtían el efecto esperado, cambió de estrategia: citó a la mítica Isadora de Quito, “...’vivir en ese borde es lo que nos hace diferentes y lo que nos da la razón de ser, lo que te trajo donde mi’, me dijo nuestra gran madre y maestra; y en mi caso lo conseguí con la integración de mi carácter histriónico y mi formación lacaniana, coordenadas que me llevan a fundar la escuela para travestis. En el tuyo es la muñeca la que te sirve de frontera entre tu yo y tu papel en el mundo. No puedes seguir buscando un objeto con el único propósito de satisfacer tus deseos de poder jugar o poseer. Tienes que integrarla a tu nuevo mundo. Tu borde se encuentra entre el juego con muñecas y tu existencia total. Deja de jugar”. (To be continued)

Thursday, March 24, 2011

Amante # 4

Camino contigo
De epistemólogo
Cuando te fuiste.

Wednesday, March 23, 2011

Anti-Bolero

Amante número tres
Camino sus pasos
En dirección contraria

El Club de los Teenagers y los Metro-Sexuales

Por culpa de Alfred D. Herger fui el primer “teenager” de mi familia. A mis hermanos mayores se les conocía como mozos. De mozos a “teenagers” llevó aquel emblemático programa, El Club de los Teenagers, a una nueva conceptualización de las etapas del ser y crianza puertorriqueña; un cambio que generó nuevas ideas sobre la educación y el papel que juegan los jóvenes en las isla de los espantos.

“Ponte la falda plisa’ y la blusa colora’… “, cantaba uno de los ídolos del rock and roll en español por allá por los años cincuenta. Falda y blusa, significantes y significados que ayudan a comenzar y, a la vez, reflejan un nuevo ideario que subyace la etapa que hasta ese momento se conocía como la de los mozos. Etapa que de ahí en adelante se convertiría en estadio de los “teenagers”. Desde cómo se vestían, se visten hasta a qué organizaciones pertenecían o sub cultura formulan, mozos o "teenagers" son indicadores de los cambios en el panorama de la crianza y educación de la niñez y juventud.

Hoy, muy pocos puertorriqueños le espetan un “conchu’ ” a sus hijos ni les sorprende la sabiduría de las nenas. Durante una visita a una oficina del CRIM, una señora bastante mayorcita le dejó saber a la joven madre de una niña de unos cinco años, saltarina de losetas en espera de salir de aquel árido y claustrofóbico espacio, que: “su nena sabe mucho”. La joven madre sonrió ante el comentario, y la nena siguió jugando. Mucho qué no fue preguntado, no era el tema a ser discutido en aquel entorno, y mucho menos era preocupación de la joven madre que su nena fuese asertiva.

No deja de sorprender la relación casi causal entre las generaciones y el manejo de las creencias sobre cómo criar o deben comportarse los niños. Las ideas sobre las crías y los fundamentos que las subyacen no pueden dejársele a los vendavales de la tradición, los reverendos de panderetas, los discursos académicos, y mucho menos a las agencias del gobierno encargadas de dirigir la educación y servicios a las familias. Estas ideas pueden surgir de fuentes inesperadas: las investigaciones científicas, las nuevas tecnologías, los viajes a Disney, los programas producidos por Alfred D’Herger, el rock and roll, la psicología, el comercio especializado, la condición y necesidad humana que obliga a la continua reinterpretación y valorización de las ideas mismas (Cuántos no se sintieron liberados cuando Benedicto dijo que el purgatorio no era un espacio fuera de nosotros mismos): ideas que siembran las semillas del cambio en torno a cómo se concibe la niñez, la adolescencia, su educación y las expectativas en torno a cómo deben comportarse éstos.

Ni los anti-conchudos o las nenas que saben mucho guían el diario vivir de la crianza y educación de la niñez y juventud puertorriqueña. Mucho menos nos vamos a referir a los adolescentes, esos nenes grandotes, como mozos, aquellos adultos en potencia que generaciones atrás conformaban la etapa antes de la edad madura. No extrañaba que un mozo de diecisiete años se “juntara” con una “mujercita hecha y derecha” de dieciséis porque las ideas de aquella época no los veían como niños grandes. Eran adultos en ciernes. Los mozos fueron reemplazados por los teenagers; y con ese cambio se les convirtió en miembros de una etapa distinta con expectativas basadas en una nueva concepción de las etapas del desarrollo de las crías.

El cambio no ha parado: de mozos a teenagers, de teenagers a “techies” y metro-sexuales se ha movido ese ideario. Y de rock and roll a perreo: atrévete-te.

Monday, March 21, 2011

Dos Boleros, Dos Discos, Tres Botellas

Bailamos toda la noche
Tito no baila
“Ya son las doce y no llega”
El espacio colmado de aire
Nos acompañaban tres botellas
Tu vino favorito
Quedan dos
“Me hará lo mismo que ayer”
Un disco nuevo, compacto
El de vinil se fue contigo
“Cariño no sufras tanto”
Imposible con Tito de terapeuta
“Que estoy aquí”, el aire
Queda una botella
Roberto Yanez interrumpe,
“Son tus cartas mi esperanza”
Tito lo regaña,
“Te hará lo mismo que ayer”
Queda una botella.
Bailamos los dos boleros
En espacios con aires distintos.

Sunday, March 20, 2011

Tríptico de Boleros

Esta tarde Manzanero
Bañó con su lluvia
Tu recuerdo
Rompía el disco

Las noches conversadas
En oficina de terapeuta
No contigo, esta tarde
Junto a Tito Rodríguez
Me harás lo mismo
No creo, que ayer.

La puerta abierta, no regresas
Reemplaza el aire tu espacio
El disco, la memoria
Me abraza, el aire
Me enamora, otro disco.

Saturday, March 19, 2011

Jájome y Collores

Véase: http://memoriasdeungaysesenton.blogspot.com/2012/06/cuando-sali-de-jajome-no-fue-en-una.html




concéntrico

Del otro lado del hombre
Me amé como a ninguno
Del lado que no tiene salida
Regresé.

To be or not to be Puerto Rican

While searching for the best spot to watch the 2009 Puerto Rican Parade I asked a young woman wrapped in a Puerto Rican flag with a coqui frog covering the star, if she knew which streets were not blocked by police barriers. I asked in Spanish. Her facial reaction led me to realize that she did not know Spanish, prompting me to switch to English. According to politicians and newspapers reports there are four million Puerto Ricans living in the continental USA and close to four million living in the island. These reports should lead one to believe that this an easy task to carry out: if you claim to be Puerto Rican then you must be Puerto Rican. But given several factors affecting the history and development of Puerto Rico it is not as simple as it seems to be; and it becomes more complicated as the inhabitants of the island push for a solution to the political status of the island.

Defining what constitutes a Puerto Rican is not determined by claiming a certain kind of lineage. In between the criollos and mestizos, currently there are several other groups claiming to be Puerto Rican: the neo Tainos, peoples that originally lived there when the Spaniards invaded the island, the descendants of African slaves, and finally the children of several other immigrant groups who have migrated to the island. If you live in Indieras, a mountain region near the west coast of the island the probabilities of you having Arawak heritage are much greater than if you are a child of the bourgeoisie in San Juan, Ponce or Mayaguez. If you come from the mountain region in the middle of the island, your ancestry might be traced to the large numbers of immigrants from the Canary Islands, Corsica or Catalonia that settled in Puerto Rico during the nineteenth century. And certainly, if you come from Loiza Aldea, the African influence is undeniable. In between these historical parameters there is the majority of the population: mestizos and criollos whom in different degrees have an ancestor from one of these three groups. To make the situation more complicated, a Puerto Rican might even be a descendant from a lesser known group: from Chinese laborers brought during the nineteenth century to Lebanese, Palestinian, Jewish merchants that have moved during the twentieth century. More recently Cubans, Dominicans continue to shape the definition of what is a Puerto Rican.

Since obviously it is not the DNA, then, what is it? Is it a cultural identity? Not so fast. Simply because you carry a flag or know how to dance salsa (musical genre closer to Cuban guaguanco than to Puerto Rican seis) does not make you knowledgeable of Puerto Rican culture. Is it an identity formed in opposition to other groups and not based on common characteristics? As the USA moves closer to decide if Puerto Rico remains in the current political status, becomes a state of the union or completely independent these four million Puerto Ricans in the USA might have a saying in such important decision. But should they participate, particularly when so many of them know very little as to what constitutes a Puerto Rican. For the people living in the island, such decision cannot be based on artificial identities that are constructed in opposition to other groups, romantic notions of culture or lack of information as to the history of these people. It is certainly not an easy task but a necessary one if the status of the island is going to be finally resolved.

Antítesis de la Guagua Aérea

Me fui de la isla en el sesenta siete. Conocí de frente y fui transformado en el sesenta y ocho por las protestas en las Universidades de Berkeley, Columbia, City College, las marchas contra la guerra y a favor de los estudios étnicos, raciales, sexuales, de género, de todo el que se pueda estudiar.

Agarré mis mochilas y omo muchos jóvenes de la época, en el sesenta y nueve, el caminanate se fue a hacer su camino y a pasear por Madrid, Barcelona, Paris, Roma, Atenas, Mykonos, Ámsterdam; para terminar conviviendo en comunas alemanas. Volví a Madrid después de Franco, no antes. Me enteré, pusieron de frente, que había que demandar que todas las historias, la mía, la tuya fueran estudiadas, discutidas, documentadas; que toda historia era importante; y que el cuerpo es un texto político.

Regreso a la isla y compruebo (en variación al tango) que cuarenta años no es nada si los aprovechas contra todas los pronósticos de aquellos que al verte salir te veían como un graduado más de escuela pública. Todo lo contrario: un madurado y bien formado jibaro que contradice con sus logros a los muy ofensivos cuentos de Luis Rafael Sánchez y Ana Lydia Vega: ni jueyes en los pasillos del avión, ni pentecostales quemando panderetas, ni niuoyrican que descubre su identidad en una cama de un resort de la isla.

Regresé de Europa a estudiar en la Universidad de Columbia, para continuar el camino que se hace al andar. Me gradué con honores y sin un peso encima empecé otro camino profesional y existencial. El trabajo en las escuelas donde asistían los hijos de muchos y distintos inmigrantes, allá en el norte, me enseñó que no nos comportamos como los estereotipos creados en Santa Rita o los pasillos de Humanidades. Nos comportamos como lo que somos: seres humanos en un continuo negociar con el mundo, los mundos que escogemos o nos presentan.

Regreso a la isla cuarenta años más tarde para encontrar que a los sesenta y tres años de edad no puedes caminar por las aceras porque se las entregaron a los automóviles, los intelectuales de la IUPI siguen hablando un lenguaje calcado de los intelectuales europeos, los políticos se visten de Armani y conducen Navigators, las guaguas de la AMA no paran a menos que al chofer le dé la gana.

Regreso a la isla para encontrar que la editorial que promete con lenguaje rebuscado y floripondeado publicar mi novela, en la cual invierto una suma significativa de dinero, "chanchullea" con los trámites, y al igual que los personajes de Esopo, se basa en una realidad cuya moral es más relativa que una percepción kantiana o la zorra en busca de uvas.

Regreso a la isla y encuentro que, los pocos que caminan por las calles siguen saludando con un doblar de cabezas, una sonrisa y casi siempre unos buenos días.

Regresar a la isla comprueba que Nueva York sigue siendo parte integral de quien soy; y en la isla reafirmo que, contrario a todos los pronósticos, somos parte de esto después de haber visto todo aquello.

Friday, March 18, 2011

Tercera Vez

Al otro lado de la página
Me miras, sonríes
(Junto a Manzanero)
Te despido
"Esta tarde vi llover".

Segunda Vez

En un bolero de Roberto Livi
María Marta Serra Lima
A su joven amante,
"A la tercera es la vencida
Te lo juro por mi vida
Y yo no soy de jurar"

Por favor, lleva dos
Le dije.

Otra Vez

Te largaste
De radio
De locutor
De sueños
De silencio
De azabache
De sereno

Rodeaste tu casa
De armonía
De distancia
A prueba de luz.

Pos Coito

Desplazados en sudor
Gemidos, sin oxígeno
Ya la parra no cubre
Bostezos, sin sentido

Orgasmos

Enjabonados
Busco su cintura
Macisa
Con mi saliva.

La High Pública

Es un retrato a lo película americana de los años cincuenta, dos hombres jóvenes vestidos con mahones, pantalones de vaqueros, tomando coca cola, oyendo a las Supremes. Sentados en una terraza, conversan sobre la vida fuera de aquel pueblo caluroso. Un pueblo frente al Mar Caribe, rodeado de cañaverales, en una isla que ni los libros de historia española incluyen en su recuento sobre las últimas colonias ibéricas en las Américas. Isla, botín de guerra. Adolescentes soñando con carros deportivos en camino a cualquier sitio, la diversión desbocada, el rock and roll, ye, ye, ye, conversaciones marcadas por el existencialismo criollo,

"Hola”.
“Hola. En las mismas. Como siempre.
“Qué nota… Vamos…”.

El tedio, empapados de sudor, a un cine repitiendo la misma película durante toda una semana.

En la foto aparecemos Pepe y yo durante una fiesta que auspiciaba uno de los clubes de estudiantes de la escuela secundaria: La high pública. Frente a la terraza estaba el carro del padre de Pepe, comprado en segundas manos, esperando por nosotros para dar vueltas alrededor de la plaza, la iglesia y regresar a su sitio favorito: frente a la terraza de la casa. Pepe es el único de los muchachos del barrio que siguió viviendo en el pueblo. Los demás se mudaron a las urbanizaciones del área metropolitana de la ciudad capital, se casaron, tuvieron nenes y nenas, viajan los fines de semana al pueblo a recordar los tiempos perdidos. Otros, se largaron con sus bártulos para el norte, en busca de fortuna y libertad existencial.

Ese retrato es una imitación de las vidas aprendidas en las clases de inglés en la escuela secundaria. Si las clases de español nos enseñaban a apreciar los fósiles de la cultura hispánica (no se leía nada escrito en el siglo veinte), las de inglés nos saturaban con la cultura contemporánea del Tío Sam.

“These are Mary and Joe.
They are high schools students.
They live in a picket fenced house.
They attend a high school in Kansas.
They drive to school every day.
They belong to the glee club.”

“Repeat after me class”, nos decía la reconocida maestra de inglés, quien se pasaba todos los veranos en Estados Unidos, asistiendo a algún seminario para maestros de dicha materia. Cultura revivida en la high, en los clubes de estudiantes que nuestra querida Misis Ramos promovía, y en el cine donde tantas películas hollywoodenses nos llevaron a la eterna despedida, la que Pepe nunca realizó. Prefirió quedarse en el pueblo para estar cerca de sus queridos mamá y papá, y no tener que enfrentarse a los cargos de conciencia que hubiese tenido que sufrir, de haberse mudado de su casa. El exterior le abría el mundo de la nueva cultura, el interior lo mantuvo protegiendo la otra. Sus deseos eran convertirse en dramaturgo; terminó de contador. Nunca se quejaba. Consiguió un trabajo que le permitió vivir desahogadamente y cuidar los viejos. Para mí, sus cartas eran el enlace con lo que dejé y trato de recuperar sin lograrlo; para él, las mías eran el vínculo con el mundo exterior que nunca se atrevió explorar.

La foto, amarillenta y gastada por el sol caribeño, acompaña el ataúd en camino al cementerio, la foto desaparece de mis manos al pasar frente al edificio abandonado, que una vez fue la escuela secundaria. Con Pepe murió la High School. La pública.

Thursday, March 17, 2011

Guanina Sotomayor de Smith

Gracias, gracias. Gracias por compartir conmigo la apertura de la primera tienda de ropa étnica, Tainas, en lo que esperamos sea una cadena de tiendas por todas las Américas; una cadena que reafirme lo que comenzó don Cayetano Coll y Toste en su obra, Leyendas Puertorriqueñas, y que yo, descendiente directa de los primeros habitantes de estas tierras y de sus civilizadores deseo continuar. Pase.

Es usted encantadora. Por supuesto que tenemos precios para todos los niveles económicos. Mire este modelito para su nena. ¿Cuántos años dijo que cumple? ¡Quince! ¡Uuumm1 La edad de oro. Los modelitos me acaban de llegar de nuestros talleres en Jayuya. Están hechos a la medida para su niña. ¡Quince años! Qué hermosura de edad. A veces me siento que tengo todavía quince años. Ay, qué amable, gracias. Sí, cómo no. Esta será la primera de una cadena de tiendas que competirá con las más poderosas del mundo. Siempre fui atrevida.

Una cadena de tiendas cuyas redes de compradores, distribuidores, almacenes, fábricas sean tan extensas que compitan con el mapamundi y no se distinga entre éstas y las geografías nacionales. Una cadena de tiendas donde los empleados estén vinculados no por sus raíces étnicas, raciales o nacionales sino por su compromiso con el progreso, donde las diferencias desaparezcan ante el trabajo y calidad del producto, donde el pluralismo no sea pura verborrea sino práctica vital. Una cadena de tiendas que conviertan al país en el centro de mercadeo más importante del hemisferio.

¡Qué mono le queda el modelito a la nena! Va con su tez porcelana y maravillosos ojos negros. Cuídate para que en el futuro seas una modelo Guanina. Es que vamos a tener una serie de modelos Guanina. Así es. Mis contactos y apellido me permitirán expandir estas empresas que hoy celebran las muchas décadas de multiculturalismo en las Américas.

Yo, Guanina Sotomayor de Smith, para servirle. Bien mono que le queda el modelito a la nena.

Sylvia Rexach

Quien último te acompaña durante la tercera edad es tu salud, tus ritmos vitales, tus manías de viejo, y los consejos de los más jóvenes. Y te preguntas, y entonces, qué hago para continuar la vida estructurada para los que vienen; no para los que nos vamos.

Dormir como un bebé no se aplica a los sesentones. Me quedé dormido a las ocho de la noche, las noticias se repiten y las catástrofes colectivas no comparan con las personales, no peques de malagradecido, me digo, desperté a las 11:00, el televisor seguía mostrando el fin del mundo – eso me dijo un pentecostal y cuando le pregunté cuándo comenzó ese fin, me miró muy mal, apagué el televisor, la tecnología me arregla los huesos y me despierta todas las noches, me dormí de nuevo para ser despertado por la próstata – i guess so, activada por una buena cerveza alemana, los alemanes me persiguen, me duermo de nuevo, despierto de nuevo a las 4:00 am. Me levanté.

"Y entonces", nos dice el hermoso bolero de Sylvia Rexach, donde la sentencia es a la misma vez pregunta e imperativa: conjunción o adverbio o simplemente pausa estilística; decidí seguir el día.

"Y entonces....", pausa, para luego seguir con la canción, sirve de fuente del conocer revelado, ausencia del dato organizado o sistémico en su naturaleza. Naturaleza y sistema se contradicen, siempre viven como hermanas “jamonas” (palabra boricua que significa solteronas), pegadas la una a la otra.

No salga de noche, don Gerardo me aconsejan mis amigos más jóvenes, le hago caso y me quedo dormido a las ocho. Y entonces……

Tuesday, March 15, 2011

Carta de una directora feminista y anti colonialista

Mis Queridos Étnicos,

El dolor que siento al ser acusada de racista y oportunista no puede compararse con el compromiso que tenía con ustedes. Mi dolor fue momentáneo; mi compromiso, permanente. Aprendí a preparar sus pasteles, arroces, comí en sus casas, admiré sus artesanías,envidié su gama de colores y pelos, defendí su tan particular forma de ser: su docilidad, humildad, su decencia, sin nunca despreciarlos ni ofenderlos, desenmascaré a los que les discriminaban, los que los acusaban de pacíficos, sumisos, recordé las teorías sobre el “noble savage” de Levi, levanté estructuras institucionales para que los apoyasen, servirles incondicionalmente, asistí a sus iglesias, respeté sus prácticas animistas, espirituales sin imponer las mías, bebí sus aguas, tomé sus refrescos, aprecié sus gustos, confronté a quienes los menospreciaban, acaricié sus hijos, sus mascotas, perros, gatos, palomas, cotorras.

Si me opuse a que nombraran representantes de su comunidad a la junta directiva de la tan hidalga y moralmente vertical organización escolar, no fue por razones frívolas ni por pura arbitrariedad. Si me opuse a que sus ideas sobre quiénes y cómo son ustedes trascendieran su comunidad, no fue porque no las considerara importantes. Lo hice porque creía que ustedes no estaban listos. El ser fiel creyente en las teorías evolucionistas me permitió comprender que hay que esperar antes de actuar, y ustedes no podían actuar todavía. Necesitaban de mí y de aquellos como yo, aquellos que quieren lo mejor para ustedes. Crecer implica aceptar que no se ha llegado a la próxima etapa en el desarrollo, y ustedes no estaban en la que se requiere para poder tomar el curso de sus propias vidas.

Fui madre, maestra, hermana, amiga, líder, paño de lágrimas, espejo de justicia, trono de la eterna sabiduría, causa de vuestra alegría, vaso espiritual, torre de David, torre de marfil, casa de oro, arca de la alianza, estrella de la mañana, refugio de los enfermos. Fui camino de su libertad y redención social. Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, perdónalos, Señor.

Poema de un Viejo Meado

Y un día te measte encima
Te regañan por ese llanto
Y ¿por qué lloras viejo?
No saben por qué lloras
Y ¿por qué lloras viejo?
Eres viejo, no lloras por viejo
Lloras por tus calzocillos nuevos.

Monday, March 14, 2011

Itaka de Caguas

(Cavafis y el Flaco)

Si vas por Caguas
Y a Caguas entras
Busca por él
Allí se encuentra
Si no lo ves
No desesperes
Caguas es chico
Allí se encuentra

Travestismo y Bordes

La ropa no hace al travesti; su sentido del papel que juega es lo que lo consagra. Quien se atreve vivir y sentir ese borde que define el transgredir lo que la cultura define como rol tradicional de una persona sin sentirse con culpa, remordimientos o vergüenza no necesita, todo el tiempo, vestirse con las ropas que se exigen para definir el quien eres. El travestismo supone dejar ambos roles tradicionales, transcenderlos y vivir en el medio, sostener el balance entre ambos polos. Quienes se atreven a ponerse las ropas de la otredad buscan proyectar ese borde más allá de lo que se siente; y vivir una experiencia que es tan completa como lo es para quien no se las pone. Con las ropas reafirman su balance. Quienes no necesitan de vestuarios consiguen el balance con el sentir mismo. A veces puede que recurran a lo que en algunos países hispánicos llaman partirse. Partirse, visto por los no entendidos como una expresión de la loca histérica, es algo más que histeria, es un voto por el derecho a vivir en el borde. Quien se parte, transgrede, “traviste”, y reafirma su más intima identidad.

El travestir puede darse en las relaciones sociales como en las íntimas, en la cama: el hombre que se entrega por completo a la mujer y permite que esta tome control sobre la sexualidad o el hombre que hace lo mismo con otro hombre son tan travestis como el que se viste de mujer o la mujer que se viste de hombre. Ese trascender y dejarte ser en la cama como en la fiesta requiere un fuerte sentido del balance anímico; de lo que los compañeros progresistas de los años sesenta llamaban, “estar claros”. Tanto dijeron los correligionarios, “hay que estar claro”, que esa claridad ha llegado a alumbrar fuera de sus categorías originales; para aquel entonces, el estar claro se refería a las relaciones de clase o postulados políticos, nunca a la claridad sobre la identidad de géneros. Tirarte en la cama y dejar que el significado otro te ame es entregarte en cuerpo y alma, sin penas ni miedos a perder la supuesta fuerza que te otorga el papel tradicional; es travestir sin vestirte. El acto político libera los cuerpos.

Hay quienes hoy fundamentan esa claridad en polos o triadas: femenino, masculino, homo-erótico, en negación de lo fluida que pueden ser la identidad y sus bordes. Sentir el cuerpo del otro y guiarlo, sentir el cuerpo que te guía, no está condicionado por los códigos tradicionales, incluyendo los que eran usados por los homo-eróticos: butch, fem, activo, pasivo, mujer, hombre, hembra, macho. Esta claridad o falta de la misma lleva a la Selena de Mayra Santos Febres a jugar un rol sexual con el militar opuesto a su vestir, y al no entender ella o la autora ese borde, se convierte en una figura trágica. Contrario a la Selena, el manicura Cigala, Eduardo Mendicutti, se refiere al Síndrome de Estocolmo para explicar su juego con sus identidades, sin penas ni glorias las trasciende y enfrenta a su muy tradicional entorno.

La Cigala evoca a la Patria, una lesbiana con quien compartí por muchos años, muy dura y de modales rudos, quien gozaba su rol de sumisa frente a su muy femenina compañera. Se reía a carcajada limpia cuando nos invitaba a comer a su casa en Hunts Point, y era ella la que estaba cocinando, limpiando la casa y llevando a cabo el papel que supuestamente le tocaba a la fem. “Mira como me tiene esta”, nos decía y disfrutaba de su propio “gender fucking”. De la cama no nos hablaba. Ese “gender fucking” es una expresión en inglés que nomina el vivir al borde; travestir sin tener que vestirse. Entregarnos por completo nos diría “muy claro” cualquier bolero corta venas

Saturday, March 12, 2011

Poema Cursi Para Fundamentalistas

La tierra tiembla, llena de miedo
Llora la tierra, lágrimas de fuego
No llores tierra, no llores más
El pueblo bruto, aprenderá.

Friday, March 11, 2011

In Memoriam

Dear Frank, This essay is an act of love. It is also a testament to the gratitude of having spent ten years of friendship with you; and to the anger and pain caused by not being able to grow old together. You, the newyorican raised in so many places in the city and perhaps also sometimes in the islands of the illusory enchantments. Me, the jibaro wannabe raised in the mountains and the sugar cane plantation towns of the same island we both claimed as the link that connected us through history, ethnicity and language. You spoke English as your first language. I spoke/speak Spanish. We both spoke bilingually.

Who raised you was never clear to me: your grandmother, your aunt, your mother. I guess you were like so many children that are brought up according to the needs of the adults; your needs were secondary. From one adult to another, from one neighborhood to another were the guiding rearing practices that shaped your sense of place. I do not remember how many places you lived in during the ten years we spent as friends. There is not one address that I remember or would connect you to. The clearest one is the hospital in Queens where I saw you dying slowly and painfully during the beginning years of the plague. You were among the first ones to be diagnosed with AIDS. As a matter of fact the doctors knew there was an epidemic but were not certain as to what it was or how it was transmitted.

Your wide and strong musculature could have been the body of a gymnast but your walk and mannerisms were androgynous enough to reveal your true sexuality. The physical beauty, open and wide smile, big black eyes attracted many handsome men, and some became your lovers, but it was Tito the one you always loved. To wear curly hair, loosely combed was your trade mark; with a few curls always out of place as if to show your careless attitude and sense of fashion. It was a fashionable sense of taste that served as preamble to what later on became known as ghetto chic. This collage made fashionable by the hip hop crowd came about during the late nineties but two decades earlier you were setting the trend. Mixing caps, bandanas with Italian designer pants or wearing expensive shoes with torn jeans was not uncommon for you. One memory stands: I was to meet you in Plaza de Colon in San Juan, but before seeing you with your shorts, bandana, cut off t-shirt and sandals I saw the look in the faces of the people passing by. And some of them were looks of desire.

We met at a disco on 68th and Broadway, the old Escuelita before it was moved further downtown. There were many discos and many nights out throughout the seventies: Flamingo, The Round Table, The Top but our preferred one was The Apartment in the South Bronx. Its crowd, mostly Puerto Ricans made serious dancing the tour de force. No lines of men following the same steps would have been found dancing there. At The Apartment there was some cruising also but people went there to dance and danced we did. When dancing, Puerto Ricans usually engage in some kind of communication with their moving bodies, a particular language is created between the two dancers, just like a bomba dancer is expected to do, and talk we did. We talked with our hands, hips, shoulders and face. When it came to raising eyebrows, Andrea de Palma - the Mexican actress, could have not competed with you. Up and down they went as you dance your body away.

I miss you my friend and though I remember your suffering and pain as you laid sick in that hospital bed, this essay is about our very friendly love. Right after your death your mother called me to tell me how grateful she was that I had been your friend, and little she knew what a great friendship it was.

Tuesday, March 8, 2011

Boleristicos

Bolerísticos (de mi colección La Vía Agria, 2007)

Acuérdate de Acapulco
¿De qué Acapulco?
Si tú nunca me llevaste
A Acapulco.

Ella lloraba lágrimas negras
Yo, leía a Borges.

Ne me platiques más
Para buen entendedor,
Con pocas palabras

Ódiame por piedad
Yo te lo pido
Basta, basta,
No me platiques más.

Todos dicen que es mentira
Que te quiero
Y tienen razón

On Standards and Diversity

There is a general belief that there are standards that apply equally to all of us and that those standards are not linked to specific peoples and social structures. Not even math, the purest of disciplines, is totally disconnected from contexts, peoples, society.

A linguist once asked me if it was true that Puerto Ricans, as colonials, are a very docile group of people. Had this conversation taken place in a bodega it would have been quite normal to speak off the top of your head, though it showed a limited thinking capacity when it came to human nature. But this conversation was taking place in a higher education institution and in a program teaching courses on socio linguistics, a field dedicated to the formulation and codification of concepts. Obviously, this linguist was not up to the standards required to understand how language evolves and its relationship to power structures, much less able to work with Puerto Ricans students if this was his view of the given ethnic groups. Yet, there he was in a position where he has been hired as a leader on his field but unable to apply his knowledge to specific situations. Quite often getting caught up with the standards do not let you see the details, processes, and intentions that support or modify such standards.

Quotas are one thing, bringing people who hold different experiences and histories to work together in a given situation is another story. It is not to suggest that everyone going thru the same experience will be able to reflect upon them and formulate an objective analysis of the given situations. But even if the individual who has gone through the situation is not able to be objective, the experience itself can serve to engage others in a dialogue that might provide a balance analysis or suggest a path to follow, investigate for further reflection. But if those on the borders of circles of power are not allowed to participate simply because they do not meet the established standards, then the standards themselves will stagnate.

Lots of young girls and boys are not longer brought up to believe that girls are to be protected by boys, and when married to be submissive and follow their husbands’ orders. Yet not so long ago these were the standards ruling much of contemporary society, and were changed because selected voices decided to participate in the public discussion of women and men social dynamics. The same can be said of other groups living on the margins of the circles of power: they have entered the public arena and transformed the rules of what is discussed, accepted and/or rejected.

And these public discussions not only apply to human dynamics but to other fields such as the natural sciences, “the earth is no longer flat”; mathematics (carry out the quantity of water experiment with a six year old and you will see); religion. Finally, after so many centuries the Pope agreed with the ideas of psychoanalysis: purgatory is inside all of us. How we go about getting rid of it is another story and set of standards.

Aula de Travestis y Flamencas Pequeño Burguesas

Eso es lo que eres, una travesti, una descarada. Si crees que con tu sonrisita y tu boquita apretujada me vas a engañar, te equivocas. Si crees que al vestirte de gris con una ropa tan sobria me vas a seducir, ni lo pienses. Te he leído hace mucho tiempo. Conocí quién eres y de dónde vienes. Me informé muy bien sobre tus juegos con tu gran maestro. Travesti. Eso es lo que eres una vulgar y vividora travesti.

¡Y qué ayudante! ¡Y que aprendiz! ¡Ja! Lacra, parásito. La historia te ha delatado. ¡Esos colores! Ese efecto vaporoso, esa superposición de varias capas de pintura extremadamente delicadas, esos contornos imprecisos, esa vaguedad y lejanía no esconden quien eres. Basura.

¿Profundidad? ¿Tú? Profundidad tenía quien te hizo. Eras un don nadie, y tu maestro fue el que te dio poder, permanencia, historia, eternidad histórica. Tu yo quedó detrás de los oleos, los contornos imprecisos, y el maestro a propósito te envolvió en esa especie de niebla para difumar tu perfil y darle más importancia a la atmósfera y a la recreación de tu yo que a tu yo mismo. Si no fuera por el cuadro, hoy no estarías aquí.

Mira como te miran mis estudiantes, perplejos, no están acostumbrados a que nadie te hable así, a que te las cante sin predicamentos, a mostrar tu verdadera cara. Tan buenos, tan obedientes, tan embelesados ante tanta belleza, cultura, tan impresionados por ti y lo que representas. Tan en busca del lenguaje fosilizado, de las interpretaciones en la academia. No eres la única vividora. Ellos también lo son. Aquí están en espera de hacerse miembros de los escogidos, los que residen en las torres de marfil. Los que flotan sobre las masas son tan vividores como tú. ¿Por qué se van? ¿A que le tienen miedo? ¿A otra versión del mundo?

Mira a quien tienes al lado. A esta, tan doméstica ama de casa, siempre esperando frente a esa ventana, aburrida, vete a trabajar, vaga, deja de estar dependiendo de tu marido. Vestida para jugar el papel que te corresponde. Por lo menos el otro se vistió de mujer y transgredió. Tú no te atreviste. Cumpliste con lo que te decían que fueses. Te ves llena de tranquilidad, feliz y agradecida por lo que Dios te ha dado. ¿Es que no sabes que es el dinero que le deben los españoles es lo que los hace a ustedes ricos? ¿Es que no reconoces que los españoles explotan a los esclavos, a los indígenas para pagarles a ustedes el dinero que le deben? Y no hablemos de los que le recojen las especies. Con ese modelito de tejidos flamenco, con ese sombrerito de muy fino lino. Tan lindo, blanquito.

¿Se van?

Flamenca de mierda, contigo y con Vermeer hablo más tarde.

¿A que le huyen? ¿A la verdad?

Y tú mi querida Mona, sigues ahí sonreída, riéndote de todos ellos y de todos de nosotros.

Monday, March 7, 2011

Guachafitas

Llevo más tiempo del que un viejo quiere pasar, luchando con una honorable y reconocida editorial, a quien le pagué una significativa suma de dinero para que me publicaran una novela; y después de embolsicarse el dinero ni mis cartas me contestan. Este par de guachafitas me motivaron a escribir este relato.
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El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define el vocablo guachafita como alguien falto de seriedad, orden o eficiencia. Este vocablo hasta hace poco era parte del lenguaje popular por casi toda Latinoamérica, a veces es deletreado con hache en vez de ge, pero el significado es más o menos el mismo. Su etimología lo liga a las lenguas indígenas. Su uso ha ido desapareciendo; los guachafitas, no. Los textos literarios, los comportamientos de la gente y los planteamientos de políticos, filósofos, sacerdotes, científicos, reverendos y curanderos proveen múltiples ejemplos que sirven para comprobar que los guachafitas existen. La tarea que hoy le toca a la clase es identificar la huachafería y sus derivados en los textos asignados anteriormente.

“Es una obra innovadora, de un valor académico extraordinario”, me dijo el editor-mercader de libros. Quien me lo presentó, mi compañera en la facultad, la Profesora Toledo, no le creyó. Y no le creyó por dos razones: no porque el editor-mercader de libros fuese menos creíble que el resto de los mortales, es que la doctora desconfiaba de todo aquel que se distinguiese por el uso de verbo rápido y halagador, y este buen amigo de su marido seducía con la palabra y con sus actos; y como segunda razón: ella estaba estudiando la huachafería en la literatura como signo histórico, desde las fábulas de Esopo hasta los cuentos de Borges. Su desconfianza no le restó importancia a su plan de apoyarme con la publicación del libro sobre la relación causal entre la docilidad de los puertorriqueños y el estatus colonial de la isla.

“Cubre los gastos de imprenta; nosotros lo publicamos”.
Toledo estaba tan agradecida con el hecho de que me iban a publicar un libro que pocos leerían, que le dio al editor un fuerte abrazo de despedida, y luego un apretón de ambas manos, acompañados por un profundo suspiro, una enorme sonrisa y un “nos vemos a la noche en casa, cenemos juntos". Yo no estaba invitado.

La necesidad de crear falsas expectativas no se limita a los mercaderes de libros ni a los políticos de turno. Se encuentra en el diario vivir de todos en todos sitios: los médicos que te dan cita a una hora para luego encontrarse uno con un montón más de pacientes con cita a la misma hora; la señora de clase media que estaciona su todo terreno frente la entrada del garaje de tu casa y dice sin mucha preocupación, “yo vuelvo rápido”; la amiga que no se plantea el que puedas tener otros compromisos, “paso por allá entre jueves y domingo”; la empleada de oficina que se pone a hablar con sus compañeros mientras el cliente espera pacientemente; el chofer de taxis que se niega poner el metro y quiere cobrarte un suma exorbitante para un viaje de cinco minutos.

Crear falsas expectativas está basado en el engaño, en el deseo de hacer creer que algo va a ocurrir; y mientras esperas, el guachafita logra las metas concretas que le motivan a formular la ilusión de que “algo va a pasar”. El editor-mercader busca dinero y mientras lo consigue te otorga el premio de la letras, el médico en algún momento te dedicará diez minutos para hacerte creer que le preocupa tu salud, la amiga espera convencerte que eres bien importante, y mientras esperas, ella algo encuentra, la empleada espera lograr estar de buenas con sus compañeros, el chofer de taxi espera explotar a todo el que pague sin protestar. Los guachafitas están todos por ahí, mercaderes de deseos.

El encontrar evidencia que compruebe la existencia de huachaferías en los textos les permitirá conocer los motivos que llevan a personas, que en otras ocasiones se distinguen por su honradez y rectitud, a jugar juegos basados en el engaño. La huachafería no es necesariamente un acto consciente. Resulta de las relaciones que se establecen entre individuos o grupos. En el carácter de algunas personas se encuentra un motivo ulterior que los lleva a tratar de ganarle terreno a aquel con quien le es dócil. Fanón y Freire argumentan el proceso colonizador como causa de esta patología. Los sicoanalistas lo enmarcan dentro de un modelo de relaciones opresivas entre los individuos. La clase debe referirse a los argumentos teóricos y a la evidencia que aparece en la literatura para poder sostener sus discusiones.

La escritura del libro me había resultado muy fácil: una vez recogidos los datos, los añadí a los capítulos que ya había escrito antes de llevar a cabo el estudio. “Si los datos no te apoyan tu tesis, los botas y continúas con la investigación hasta que logres resultados satisfactorios”, me había dicho su esposo, especialista en estadísticas y lenguaje. Ambos se habían convertido en mis guías; yo en su confidente. Ambos mostraban una generosidad que pocas veces se encuentra en el mundo académico. Ella era genuina. Él esperaba algo más. Yo pretendía sin dar un paso.

El esposo de Toledo era su mejor y más confiado asesor; le proveía el sostén que no encontraba entre muchos de sus otros compañeros en la universidad. Sus relaciones amorosas sexuales eran otra cosa, nunca fueron muy frecuentes ni apasionadas; cesaron por completo una vez él le confesó que sentía inclinaciones homosexuales. Ella no quiso divorciarse por temor a que el divorcio les afectara su carrera académica o por razones parecidas: las familias, los vecinos, la vida en comunidad, el celibato y Foucault. Se ayudaban mutuamente en sus investigaciones. Él le analizaba los números y ella le explicaba conceptos vinculados al estructuralismo, y la filosofía epistemológica que servían de base para sus investigaciones de textos literarios.

El seguir viviendo juntos sin preocuparse por sus otros amantes, asistir a eventos universitarios como pareja, y no tener estar vigilando a algún fundamentalista religioso que pudiese usar su divorcio como motivo para negarle permanencia o ascenso, era el plan perfecto. El dormía en la antigua habitación matrimonial y ella en lo que fue la biblioteca, rodeada de su más preciado tesoro: los libros. Después de todo ella siempre mantuvo su postura que ante un problema concreto se requiere un análisis y solución concreta.

"Recuerden que vivimos en una sociedad profundamente religiosa", les decía la Doctora Toledo a sus estudiantes cuando tenía que justificar explicaciones a las que le faltaban fundamentos empíricos o carecían de cualquier tipo de lógica. "La iglesia se sostiene sobre la creencia de que hay un ser supremo que lo puede todo sobre nosotros, y ante esa fuerza perdemos todo sentido de poder, de juicio. La iglesia presenta la verdad a la que todos debemos sucumbir; y esa verdad exige que sus feligreses se entreguen sin preguntas ante ese ser supremo".

"Tienes que descartar aquellas vertientes o variables que carecen de importancia estadística, diferencia significativa o que rompen con los esquemas tradicionales sobre lo que es ser puertorriqueño. El libro tiene que venderse. Los capítulos cuatro y cinco discuten temas importantes en la relaciones entre los grupos estudiados, no así para los posibles lectores de tu libro. No tiene significado estadístico. Fuera de dos o tres etno-académicos, nadie quiere saber si los descendientes de africanos o tainos son más dóciles que los descendientes de europeos. Para propósitos del libro se está hablando de puertorriqueños y no de detalles que no tienen importancia para los lectores en general o que puedan causar desvíos en lo lectura de tu tesis."

Sor Ingenua había inculcado en la joven inmigrante el apostolado dedicado a los pobres, a los más necesitados. Y estos pobres, necesitados, marginados con quien ella podía comunicarse durante aquellos primeros años eran los puertorriqueños en el sur del Bronx. Cuando apenas era una adolescente, la familia de la Doctora Toledo tuvo que abandonar una de las dictaduras latinoamericanas de turno y refugiarse en los Estados Unidos, país que había ayudado a instalar el gobierno de su país de origen y que hoy, por sabrá Dios que razones, el coloso del norte trataba de derrocar. Su vida de pequeña burguesa latinoamericana se transformó en la ciudad de Nueva York. De niña privilegiada a convertirse en miembro de una minoría amorfa llevaron a la doctora a tener que hacer ajustes en su visión del mundo; ajustes que a otros les hubiese tomado dos o tres vidas en realizar. Esta sinopsis de su biografía la repetía, a modo de empatía, en sus clases sobre la evolución de la conciencia y los valores en la literatura.

Se necesitan instituciones que respondan y adapten a las necesidades de los pueblos, y el que el New York Times le llame colegio tercermundista en medio de la primera potencia del mundo no aflojan los deseos de la Doctora Toledo de continuar fomentando el intelecto de sus jóvenes estudiantes. Durante cenas y veladas que pasaba junto al marido y el editor, la doctora planteaba como fundamento pedagógico de su trabajo en la universidad, el placer que sentía al poder compartir con sus estudiantes esas herramientas intelectuales que logran conciensarse y tomar control sobre su realidad histórica. Veladas que duraban hasta las tantas de la noche y obligaban al editor-mercader de libros a pasar la noche en la casa de los Toledo; para luego dormir en la antigua cama matrimonial. La doctora regresaba sola a su biblioteca a acompañarse por sus adorados libros; y los gemidos que salían del dormitorio matrimonial y entraban por la puerta abierta de la biblioteca.

Sunday, March 6, 2011

Günter Heins, Los Ochenta y Llegó el Post Mortem - Modern

Conocí a Günter en Ciudad de México. A primera vista me atrajo su porte de poeta tipo beat, su ropa estrujada, sin peinar, su cigarrillo listo para caerse, en el borde de los labios; y su descarado atrevimiento: me dio un beso a las doce del mediodía en el patio del Museo de Antropología. Yo tan recatado, le dije, “aquí no”. De testigo tengo a las lenguas de las estatuas mesoamericanas; juro que fue en ese momento cuando adquirieron su verdadero significado; y cuando juraron que nunca más las guardarían.

Después de aquel día, cada uno tenía planes distintos: él pensaba viajar hacia los Estados Unidos para regresar Alemania y yo iba en camino a Yucatán. Ni él, después de llevar unos cuantos meses deambulando por México, regresó a Alemania – regresó mucho después (un ir y venir que duró diez años) – ni yo continué hacia Yucatán. Nos fuimos en bus hacia Veracruz, a quedarnos en un hotel que le debía estrellas a cualquier guía de turistas, con puertas que no llegaban al piso; por donde entraban y salían ruidos, aullidos y gemidos que acompañaban a las servidoras sexuales que por allí venían con sus clientes, y a nuestra lujuria; nuestra insaciable lujuria.

Nuestras ideas concordaban; nuestros gustos por la literatura concordaban; nuestro deseo el uno por el otro concordaba. Lo que no concordaba era nuestra capacidad para ser amados con armonía. Diez de años de relación intensa, y diez años de luchas irresolutas. Luchas que no eran producto de las ideas sobre el arte, la política, las relaciones humanas fuera de la nuestra; eran producto de nuestra incapacidad de amar sin condiciones. Él, un ser muy libre. Yo, un controlador sin límites.

Nos tocó vivir la peor década del Sida, y ser testigos de lo que estaban padeciendo algunos de nuestros mejores amigos, morir lenta y cruelmente: la medicina no sabía qué hacer, ni sabe todavía pero hoy está mejor preparada. Fuimos testigos del lento deterioro y sufrimiento que Frank, Joachim, Paul, Gary, Guillermo, Michael, Albert (por nombrar los más cercanos) enfrentaron durante ese terrible periodo. Cuando en el mil novecientos noventa y tres me llamó Bárbara para decirme que Günter también había muerto, el vacío y dolor que sentí todavía no se ha apagado. Cuando se quiere a alguien de veras no se olvida el dolor, se aminora y se armoniza, pero el espacio que llenaba esa persona no puede ser rellenado. Quedan las alegrías y las penas, y el agradecimiento de haberle conocido. El dolor de no poder envejecer juntos reaparece y enfurece.

Hijo de la guerra (su padre fue soldado en la misma), al igual que otros alemanes de su generación, le tocó enfrentarse a los demonios que le dieron pie al genocidio, racismo, nacionalismo que fomentaron la invasión de otros países y el exterminio de judíos, gitanos, homosexuales. Una generación representada por algunos cuyas voces no negaban lo que ocurrió y que usaron esa funesta gesta para plantearse quiénes eran, cómo, y a criticar sin miramientos todo tipo de postura ideológica y exigir una sociedad más justa y equitativa. Conocer a Günter me llevó a conocerlos y aprender de ellos. Más de una vez, mi cómoda vida de pequeño-burgués-socialista de salón fue transformada por esa experiencia y por esos jóvenes.

No más llegar por primera vez a Alemania, a principios de los ochenta, fuimos a visitar una comuna de hombres gay que vivían en una finca, en una aldea a dos horas al norte de Frankfurt. Allí verdaderamente aprendí lo que era compartir. Nadie era dueño de nada y quien primero agarrara el suéter, cepillo de dientes, cama se apoderaba del mismo, lo usaba, lo soltaba, y así seguían sus usos y deslindes. La comida era de todos y para todos; incluyendo a las visitas que continuamente entraban y salían de la antigua casa. Por las puertas también entraban algunos animales de la finca: cabros, ovejas, gatos y perros. Los platos sucios eran dejados en el fregadero, pasaban los días y los platos se acumulaban hasta que alguien sin protestar los fregaba. Visité otras comunas (casi todos vivían en grupos) y unas más anárquicas que otras pero todas dentro de un marco de libertad y respeto mutuo. Claro, no negaban decir la verdad como la sentían, y en esos grupos, esas verdades eran analizadas hasta más no poder.

Si la generación de Günter en Alemania se vio obligada a enfrentar los demonios del nazismo, la nuestra en Nueva York tuvo que mirar de frente a la epidemia del siglo: el Sida. Y aquellas experiencias en Alemania me servían para entender y mirar de frente lo que acá estaba forjándose. Marchar, asistir a reuniones de grupos de apoyo, visitar amigos en los hospitales, ayudar a otros a cuidar a sus amantes, darle cara a los homofóbicos en el trabajo, en círculos de amigos de ideologías progresistas - de la cintura para arriba - se convirtieron en tareas muy comunes entre muchos de nosotros; y a unos cuantos tuve que tolerar, oír y contrarrestar sus prejuicios.

De Alemania a Nueva York y de Nueva York a Alemania el post modernismo vino acompañado por el post mortem, y de unos esquemas que han servido de base para seguir apreciando la vida y el papel de la muerte. (to be continued)


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Saturday, March 5, 2011

El Flaco de Nuevo

Creo que eran los Ángeles Negros o Mona Bell o Leonardo Favio quien nos acompañaba por el caluroso, aburrido y pretensioso pueblo de Ponce. Lo caminábamos arriba y abajo, un helado aquí o una dona allá. Diez y siete, él; diez y seis, yo. Acabaditos de salir de la pavera, la edad de las tonteras. Nos reíamos de nada y de nada hablábamos. ¿Qué sé yo? Los recuerdos engañan; y lo que queda es la sensación de placer o dolor. Los detalles no se graban tan fácilmente. Él jugaba beisbol. Yo pretendía que jugaba volibol. Él estudiada contabilidad. Yo, en la escuela normal. El, un chico burgués, graduado de exclusivo colegio privado con su futuro muy bien designado. Yo, un pobre egresado de una anónima escuela pública con un incierto futuro.

Por ser el menor del hospedaje, “Menor” era mi apodo. Y cuando el Flaco me llamaba, “Menor”, no era el apodo a lo que respondía, era al cariño de solidaria adolescencia que había en ese llamado, en ese nombre que por primera vez oía; nombre que no era ni para regañar ni para hacer mandados, como era usado el de pila en aquella otra casa, mi casa familiar de tantos haberes y limitaciones. Era para reconocer mi existencia e integrarme a un grupo de compañeros con quien iba a las mismas fiestas, pasadías en la poza de Juana Díaz; pasarratos en el bar donde me emborraché por primera vez, y donde por primera vez conocí un trago con nombre en inglés: Tom Collins. A Mayagüez fuimos a comer flan en el negocio de Bebo y en la playa de Ponce comimos mariscos con tostones, en un restaurante, al lado de la playa, junto a la brisa del mar. A la bolera íbamos a menudo. Recuerdos vagos alumbrados por el deseo de volver al pasado y recrear mis experiencias junto al Flaco. Recuerdos que enriquecen el haber vivido y el vivir hoy junto a ellos. Sin penurias ni vergüenzas, recuerdos de un gran amor; filtrado por la nostalgia, el deseo de volver a sentir el amor de un adolescente; a saber por qué.

Message to Bob Herbert's of the NY Times, March 5, 2011

What we know, what we create, what we study and we are told to study are sometimes related but quite often, not. The greatest advance on contemporary professional dancing did not begin in academia or elite dancing schools but in the urban ghettos of the USA. These youngsters took their moving bodies beyond any discussion of what dancing was all about in the highly regarded institutions. And the same can be said about literature as some oral forms of poetry begin to filter into the written texts. Perhaps the problem is not with the attitudes or lack of preparation among the students but with the inability of the adults to understand what is happening outside of their ivory towers; and how these new ways that are used to create, formulate knowledge influence society at large. If the Spartans taught their youth and read about war heroes and the Athenians were concerned with reasoning treatises and texts it is because they knew what was valued and wanted from their given societies. Some institutions should remain in the study of the past while others need to focus on the present, therefore they cannot be evaluated as if they had the same intentions, philosophies. A recent visit to a community college in the South Bronx revealed a large group of women, from very poor backgrounds, studying to be nurse and teacher aides. Their knowledge of some of their communities’ health and educational needs and characteristics were richer and more profound than what their assigned texts would say; leading many of them to very rational and astute critiques of those readings. They wanted a degree, and they showed a great deal of commitment to achieve it. None of them would make it into Harvard but I truly doubt that Harvard would know how to deal with what they know and how they think about it. The utilization of standardized testing to evaluate and report knowledge is in itself a reflection of a very behaviorist oriented society, and it is this behaviorist school of thought what needs to be questioned first.

El Tío Pato

¿Se acuerdan del Tío Mac Pato?, el tío del Pato Donald, el tío gruñón y avaro. Pues no, no es ese tío gruñón, avaro el que es tan verdaderamente pato. Aunque nunca se sabe,  puede que haya sido tan pato como el otro tío pato. Del que se habla por detrás, nunca de frente, el pato metafórico. El tío pato. Al que se quiere tanto, que no se invita a la casa, las fiestas, bautizos, cumpleaños -que eso se pega o se ve mal frente a sus más dignos invitados. Los nenes lo quieren tanto, de lejitos, que no se acerque el tío pato; no el Mac Pato, el otro tío. El tío pato. Porque al Mac Pato lo dejan entrar, el rico, avaro, violento pato;  con su capitalismo craso es siempre bienvenido, halagado, divertido el Mac Pato. Nunca es cuestionado, tan poco solidario, pero como es un pato de comiquitas, el Mac Pato, pues que entre a entretener el hogar. 
El otro tío pato, jamás puede ser invitado.

Friday, March 4, 2011

Currículo Bilingüe Sobre la Historia del West Side

"Cuando Iris Chacón presenta por primera vez su programa en la tele, renovó dos veces el arte de las rumberas."

"¿Por qué dos veces?"

"Primero, mostró un paso nuevo nunca antes bailado por las rumberas que le precedieron. Este paso. Obsérvame. Fíjate lo distinto que es. ¿Te estás fijando? La otra razón es, bueno, porque llevó el arte de las rumberas a la televisión con coreografías al estilo de baile moderno. Fue la Isidora Duncan de las rumberas"

"Isadora, loca bruta. Y atrevido, explícame lo de los pasos de rumbera."

"Obsérvame de nuevo. Estos son los distintos tipos de meneos de caderas que preceden a la Chacón y este el nuevo paso. Estoy seguro que innovó otros, yo no los recuerdo. ¿Te gustó como imité a las rumberas?"

"Por lo menos, mejor que la Wood en West Side Story."

"Mejor que esa, cualquier rumbera de barrio. A mí la música de Berstein me gustaba.
¿Tú sabías que me recordaba la de Sting? El que cantaba con The Police. Eso no quiere decir..."

"Yo sé quién es Sting. ¿Berstein y Sting juntos? Oh dear. Yo no me imagino a un grupo de puertorriqueños bailando mambo como lo hicieron los bailarines en West Side Story."

"Lo que no puedes negar es que las canciones que canta Natalie Wood son muy bonitas."

"Esa nena era tan pendeja como el personaje que ella representaba. La María se pudo haber buscado un buen macho puertorro."

"El arte no es un retrato..."

"Tú siempre tan sagaz con tus planteamientos. Ten cuidado que se te quema el cerebro."

"No seas malvado. Oye, ¿por qué no montamos a West Side Story en drag? Yo hago de Anita, tú de María, y los estudiantes, las pandillas.”

"Mira loca, nos basta con ser maestros de educación bilingüe en Nueva York, puertorriqueños y gays para echarnos otra complicación encima. Además, yo no sé ni bailar ni cantar. Es mejor que nos limitemos a darle a los estudiantes un tour del barrio donde se ambienta la obra de teatro musical, que vean la película, y que ellos escojan como van a representar su versión boricua de la historia del West Side de Nueva York."

“¡Por favoooor, qué artista tan poco irreverente eres!”

“Dalin, yo simplemente y llanamente soy un maestro bilingüe en una escuela de primaria en el sur del Bronx; y mi currículo a eso se limita. Lo de artista de lo dejo a ti. ¡West Side Story en drag! Estaaaás fataaaal. ”

“Ese fataaal lo comprueba; eres un artista.”

Tarjeta Postal de Checa

Me escribió mi amigo ecuatoriano y envió esta muy evocadora postal:

“Ya verás a Checa, lo sé. Es pequeño, con la iglesia frente al parque y el parque con su piedra de agua, y alrededor tienes las casas blancas de teja roja y ladrillo visto, expuesto. Y la gente es amable, te saluda,

- Buenos días. ¿Cómo está? ¿Ya llegó la leche? ¿Tiene una gallina que me venda? Es que mi hija cumple 15 años y queremos festejarla.

- Venga más tardecito que seguro la María le trae una del corral de don Fernando. Mire la familia Vinueza trajo a un arquitecto de Quito para que les haga la ampliación que quieren hacer para los nietos, y que para cuando éstos sean grandes.

“Y así pasan los días en Checa de lo más tranquilos. Con la piscina municipal, con una agua fría, que te llega a los huesos. Checa es bonito. Más allá de Pifo, y más allá de Puembo y más allá de Tumbaco y más allá de Cumbaya y todavia más allá de Quito.”

Mi amigo no está en Checa, ni en Quito, ni en Ecuador. La postal la envió desde el norte de Manhattan, durante una cruda y solitaria noche de invierno.

“Gracias, por tan linda postal”, fue mi respuesta; "y que disfrutes el pinot noir"

Thursday, March 3, 2011

Intertextualidad

Me saqué la mano del pene, rojo de tanta fricción, y con la erección en espera de completar su misión, el pene apuntando el camino, me llegué hasta la mesa, a terminar de doblar el mantel, sacarle las manchas dejadas por el vino tinto, muy buen año. Hay que poner a trabajar la temblequera del fumador y amante anónimo. Cada cama es una escuela; cada amante, un maestro.

Busqué ropa limpia, me puse los calzoncillos con el pene medio erecto. Se me salió por los lados de los malgastados jockeys. Lo acomodé con mucho cuidado. Me puse unos pantalones largos. Un vaso de agua. Me cambié de camisa. Peinarme con cepillo. Me quité la camisa. Peinar de nuevo. Encendí unos de los ilegales. Música de jazz latino acompaña muy bien la reflexión sobre lo aprendido en la cama. Hacer de butch requiere firmeza y dirección clara. Deseaba música lenta y de amor, me dije a mí mismo. Siempre, Gato Barbieri.

Aquel agosto caluroso, lleno de turistas y negocios cerrados, vientos, sabe a romance en plenilunio. El timbre del teléfono.

- Hola, ¿qué haces?
- Soñando bajo los efectos de un pitillo.
- ¿En qué o quién?
- En él. ¿Qué quieres que haga?
- ¿En cuál?
- El de Mikonos. El de anoche fue una lección para aprender a acostumbrarme
- Si no tienes más nada que hacer.
- Ese tipo me dejo mal y bien.
- Mikonos se quedará grabado y Manhattan no lo rellena.
- C’est la vie

Dos años más tarde sigo "a la recherche du tricks perdu". El interlocutor no tolera un segundo más mi monotema, oír mi continuo lamento. Me interrumpe,

"Bloomingdales está ofreciendo una venta especial de zapatos. ¿Vamos?"

“Vamos. El jugar el papel de butch no se me hace fácil.”

Que se Jodan los Laureles

El premio mayor se lo ganó la espera.
Luz que iluminas la habitación, alumbra mi sendero
Todas las almas en busca de amor no lo encuentran
Espacio que ubicas esta casa, céntrame en ti mismo
Caminar por las calles de eros reemplaza el corazón con el culo
Líneas que marcan los lindes, sepárenme de las puertas
Amar nunca es igual aunque se escribe de la misma manera
Colores alumbrados por la luz, iluminen mis criterios
La deshonestidad del amante no se excusa con dinero
Paredes ubicando espacios, centren mis deseos
El amor del amigo no conlleva un premio
Cuadrados encerrados por líneas, controlen mis laureles

Survival Skills and Gay Sub Cultures

It is widely accepted that all beings and social groups develop “survival” skills, thus the questions are what are those skills, and in what particular contexts and specific conditions they are required and used. Some of these skills are constructive to the self and the group; others might not help surviving at all. Eating healthy foods helps; wars necessarily do not. Some of these skills can be detrimental to a given generation or an individual at specific time and place but can be seen as protecting the person or the group in the future.

Groups on the margin of the circles of power develop certain strategies that they use when dealing with those who are qualitatively, racial, ethnically or sexually different from those who control decision making, rules, and mores. As previously indicated, some of these strategies might be detrimental to the group. As a child in Puerto Rico I used to hear the expression, “hay que mejorar la raza” (the race must be improved), and this self hating statement implied in some form the survival of your descendants since the race the speaker was referring to was a race being abused and discriminated. At it meant marrying outside of your race.

Up to Stonewall days some gays used survival skills that included masquerading attitudes and images, oral, visual and literary, as well as engaging in self denial discourses. Straight acting is what gay men do when they behave in “macho type” behaviors. In the Spanish-speaking gay sub culture the straight acting gay man can change from the macho type depending on the group surrounding him. In the company of other gay men he most probably will “soltará su trenza” or “se le saldrán las plumas.”

But straight acting can also be a form used to deny the connection to the larger gay world; one that is perceived as weak and effeminate. A similar behavior is found among members of certain ethnic, racial groups or economic classes when they claim that they are not like selected others. This distancing leads them into formulating stereotypes or repeating what the ones in power say about the particular groups being persecuted or discriminated. As an advisor at an urban institution I came across an Afro-Cuban woman who swore that Puerto Ricans were lazy and unable to manage the USA system. Here she was in front of a Puerto Rican professional guiding her through the institution and she repeated what she most probably heard others say about this particular ethnic group. This survival strategy is based on the need to be accepted by the group in power, thus supporting and perpetuating the reasons for discrimination and, therefore, avoiding being identified with the discriminated ones.

Stone wall and AIDS brought about a change in what can be discussed publicly, even if it is only for the purpose of understanding the so called homosexual condition. It also brought the need to organize politically, educationally and medically. Four decades later the public discussion of the homosexual condition is still a threat to many, not only the religious fundamentalists, Taliban or Catholic League, but also it is a menace to many middle of the road liberals. If these post Stonewall days the Smithsonian recently censored gay related images. Yet, to be silent about it is not what most gay men and lesbians are willing to accept. Self censorship is no longer a given as a survival skill; on the contrary is openly viewed as a repressive tool.

La Koester, Contadora de Cuentos

Para la Greta Koester no deben existir las fronteras; en la tierra, y qué mejor que las mentes de los jóvenes para explorar y romper lindes. Feminista, anarquista, al margen sin estar marginada, anti-establishment, no se afeita por ningún sitio y las birkesntock no “las suelta ni en las cuestas”.

Cuando trabaja, se dedica a dictar cátedras sobre literatura infantil, en tiendas por departamentos, en la sección de juguetes para niños, en librerías infantiles, ferias, plazas y en cualquier esquina donde la oigan. Donde nunca, por razones de principios, lo hace es en una escuela, colegio o salón de clases. Son la peor fuente de conocimientos y enemigos de la verdad.

"¿Cuántos han oído el cuento de la Caperucita Roja?", les preguntó a sus juveniles oyentes. Pues claro que todos alzaron la mano. Ni corta ni perezosa prosiguió con sus enredos.

"Qué bien que todos lo hayan oído. Lo que no saben es lo que le pasó a la Caperucita después del leñador haberla salvado de las garras del lobo. Ah, tampoco sabían que la Caperucita anterior había sido devorada. La que se salvó fue la Caperucita alemana. La primera era francesa. Y a esa como a sus reyes, la degollaron."

¡¿Qué, queeé?!

“Sí, le cortaron el cuello. Estaba la Caperucita Roja, muchos años más tarde, sí, la alemana, después de haber sufrido aquel susto tan desagradable, sentada en un tronco de árbol, desplumando una gallina para una sopa."

"¡Aaaahhhh!", gritaron los chiquitines, sacando la lengua con caras de disgusto.

"Mientras preparaba la gallina y los demás ingredientes, se puso a cavilar sobre su vida," continuó la Greta, siendo interrumpida por un, “¿qué quiere decir cavilar?”

"Pensar”. Y sin esperar otra pregunta, “La Caperuza…."

Sorprendidos por el nombre, dos de los saltarines repitieron "caperuza, caperuza" para luego reírse, parar, y seguir oyendo.

"La Caperuza se puso a pensar sobre aquel momento inolvidable, y fue atando cabos…."

“Atando cabos, qué palabras más raras tú dices.”

"Juntar. Ella juntó todo los eventos que habían transcurrido durante los últimos meses hasta darse cuenta de que aquella aventura había sido tramada."

“¿Tramada?”

"Que no fue pura casualidad el que el aquel supuesto lobo la estuviese esperando. Después de la Caperucita haber sido salvada por el leñador, la abuela, quien, como ustedes saben, vivía sola en el bosque, hacía años se había jurado que no iba a seguir viviendo sola, que prefería suicidarse."

¡Uy!

"¡Que horrible! ¿No creen? Nadie debe suicidarse. A su hija, la mamá de la Caperuza, no le quedó más remedio que llevarse a la abuela a vivir con ellas. Rapidito,
se mudó con su nieta e hija. Y no esperó mucho para inmediatamente convencer a la madre de que permitiera al leñador casarse con la pobre e inocente niña."

“¡¿Con un viejo?!

"Sí, eso no importa. Casarse no está mal y en aquella época las muchachas se casaban jóvenes."

“Ay no. Pero no con un viejo.”

Colorín colorado, este cuento no se ha acabado...

Wednesday, March 2, 2011

El Flaco de Nuevo

No me puedo explicar por qué sigues en mi memoria y en mis deseos; a veces, latentes; a veces activos. Quisiera poder haber bailado contigo; caminar como en un anuncio de perfumes franceses, de la mano por una paradisíaca playa; hablar sobre nuestras interioridades o burlarnos de las cursilerías de otros (nunca de las nuestras); sufrir y gozar la vejez juntos, con los males y achaques, la gota como Pancho el de Ramona. Sé donde estás y no puedo buscarte. Quizás es preferible el deseo sublimado a la realidad chocante. Quizás es preferible mostrar una vez más este diario retrospectivo de lo que fue mi primer gran amor.

El primer amor durante la adolescencia marca la memoria y las sensaciones, no se olvida: quizás por lo ridículo, quizás por lo sublime, quizás por lo complicado de las fuerzas que lo moldean. El mío fue por lo sublime, por lo revelador, por obligarme a aceptar que era homosexual, por enfrentarme a una vida donde ese amor no se presta para la armonía social y mucho menos religiosa. En el Puerto Rico de finales de los cincuenta y principio de los sesenta las fuerzas religiosas, culturales eran más poderosas que el amor mismo.

Fue en la universidad cuando por primera vez sentí que estaba enamorado, lo reconocí como un sentimiento real, acepté con dolor y trabajo lo que era una verdad absoluta, y me di el permiso de soñar con aquel de quien por primera vez me había enamorado. A lo adivino, pero de verdad enamorado. Callar y soñar eran mis únicos caminos. Vivimos juntos en el mismo hospedaje durante todo un año académico, nuestro primer año universitario. El tenia diecisiete años; yo, dieciséis. El nunca se enteró de cómo me sentía. Yo, cincuenta años más tarde sigo pensando en él. Allí en Ponce, en el hospedaje de Doña Esther, la libido se despertó como nunca antes.

No era la primera vez que me fijaba en otros muchachos; muchos años antes, la sensación ya había hecho su entrada, faltaba la claridad necesaria para poder identificar aquello como el maravilloso y dulce amor de un adolescente. No me atrevía ni reconocerlo y mucho menos cuando este amor era un amor homosexual. El terror y soledad que se siente frente a los primeros momentos cuando reconoces la homosexualidad llevan a muchos al suicidio, a las drogas, a la completa enajenación. Las sensaciones arropan y confunden; la realización y aceptación consciente sobre tan difícil y particular estado de la compleja sexualidad tardan en cuajarse.

Un amor clandestino es un amor prohibido; uno que mezcla los placeres, y cuyas interpretaciones del mismo conducen o a la rebeldía o al suicidio, a doblegarte o liberarte, a claudicar o a luchar. La fuerte y compleja sensación fue respondida con la separación. Abandoné el hospedaje y no volví a saber de mi primer amor. Estudie, encontré otros amores, y a compas del tango que veinte años no es nada, ni cincuenta tampoco, el flaco de mi juventud sigue en la memoria de los buenos recuerdos. Hoy, a la temprana edad de un sesentón, hacer público estas experiencias es una obligación moral y cultural, y quizás así ayudar a otros en situaciones parecidas a que ni claudiquen; mucho menos, se suiciden.