Thursday, July 12, 2012

el cuerpo es un texto literario, político


“El que se pica es porque ají come.” (Ñañi la de Yeyita)

Cuentan las leyendas de Santa Rita de Rio Piedras, que un ex presidente de la universidad tenia fama, lo acusaban de ser patuleco. No por ser la loca descarriada, que suelta plumas por aquí y por allá; por dar grandes fiestas donde se servían manjares y vinos exquisitos a muy importantes dignatarios y cocorocos. Quienes lo acusaban por ser tremendo miembro de la fauna eran los lideres de tal o cual organización sindical, política, representantes de las grandes masas populares. Ese pueblo, compuesto por todos y todas, menos los patulecos; que a esos se les puede ofender.

Un joven sudamericano, procedente de un país andino, es tratado en San Juan con esa cortesía que los puertorriqueños conocen como, “con distancia y categoría”. El joven, miembro de las clases pudientes en su país y acostumbrado a que se le oiga y atienda sin miramientos cuando entra a cualquier oficina, negocio o centro de servicio, no entiende el que no sea recibido con la pleitesía que su status merece por aquellos que él considera unos colonizados; .

La colonia coloniza. La colonia hetero normativa coloniza a los homosexuales. La colonia patriarcal coloniza a las mujeres. La colonia política coloniza a todo el mundo. Lo que experimentan los miembros de una colonia no lo sufren/viven por igual todos los miembros de la sociedad colonizada. Se multiplica el efecto colonizador entre aquellos que, dentro de la colonia o en la metrópolis colonizadora, viven en los márgenes del poder: mujeres, grupos minoritarios (raciales, lingüísticos), gays. Tremendo (em) borujo político-lingüístico-económico-racial-generacional y de géneros. Todo tipo de género…

Un elegante y bien parecido joven, criado en el seno de una familia al borde del proletariado, progresista y defensor de los derechos civiles, quien también gusta de los hombres maduros, los buenos restaurantes, la opera, el ballet y caculear socialmente, es regañado por su nueva pareja: un hombre gay de la tercera edad, perteneciente a los altos círculos sociales y económicos de la isla de los encantos. El motivo del regaño: saludar a un mesero en un restaurante de San Juan.

Una vez esos grupos entran en un proceso de liberación, sus tratados y planteamientos abordan y cuestionan las relaciones entre la metrópolis colonizadora y la colonia, incluyendo como les afecta a estos grupos al margen del poder las dinámicas coloniales, las estructuras que sirven para excluirlos de la participación completa en los vaivenes de la dada sociedad. Los miembros de estos grupos entran en un análisis múltiple de las relaciones; un análisis más complejo que si fuesen puros hombres heterosexuales blancos, descendientes directos de los colonizadores; un análisis que incluye el plano personal: cómo les afecta su forma de ver el mundo, su mundo inmediato y el de aquellos que los coloniza.

Con gestos histriónicos, bastante burlones, una lesbiana que no está fuera del closet, describía  a un grupo de jóvenes gays que asistieron a una reunión; delataban el desprecio que ella sentía por aquellos hombres; miedo, quizás, y desprecio que también se encuentra entre hombres gays cuando hablan con tono despectivo, cargado de un señalamiento vulgar hacia las lesbianas, refiriéndose a ellas como “cachaperas”. Algo parecido se encuentra entre gays en Puerto Rico que no van a tal o cual bar porque no es de “su clase”, bares que para cualquier extranjero gay resultan ser tranquilos y nada peligrosos. La única razón para no ir es que a esos bares van los gays de clase trabajadora o de piel más obscurita.

La alta tasa de suicidios entre jóvenes gays se puede explicar en términos de la patología donde el desprecio del yo, quienes son - sublimado o abiertamente expresado, forma parte del sentido de identidad que tienen los mismos; y ese joven gay no sólo se enfrenta a su sexualidad, tiene que enfrentarse a las historias e imágenes distorsionadas que las otras coordenadas coloniales presenta sobre sus otras identidades de grupo.

Una profesora izquierdoza, progresista y católica, apostólica, romana en Nueva York gustaba de dejarle saber a un compañero puertorriqueño, que su grupo étnico era muy dócil, que su español no responde a las normas de buen hablar y que no discutiera la homosexualidad en público. Todo esto debido a que el compañero puertorriqueño hablaba sobre su homosexualidad públicamente, pues consideraba que si politizan y legalizan el cuerpo, la procedencia de clases, la raza, el género, el miembro y la etnia, los convierten en textos literarios, políticos.


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