Saturday, September 13, 2014

El hijo del policia, El hijo de la sierva y tantos grados de separación

Las dos novelas, El hijo del Policía y El hijo de la sierva,  escritas casi al final de las vidas de sus autores, retratan los laberintos, negaciones y realidades alteradas que viven sus protagonistas.

En El hijo de policia Gerardo Torres narraría las vivencias, negadas y desvirtuadas por un joven médico, quien alcanza vivir una vida al borde la burguesía criolla. Sus reflejos en múltiples espejos no es lo que ve, es lo que ha armado para justificar los tantos grados que lo separan entre él y su verdadera historia: un mulato claro que se auto-clasifica como blanco; un homosexual que se casa por puras apariencias; un descendiente del mundo proletario que presume de ascendencia aristocrática.

El hijo de la sierva es una novela de tintes autobiográficos que recoge las vivencias de la infancia y adolescencia de August Strindberg. Aunque el autor reconoce explícitamente en el prólogo que los acontecimientos narrados se corresponden con sus propias experiencias, advierte también de que una absoluta sinceridad al narrarlas no es humanamente posible. Sin embargo, es fácil adivinar que el carácter tumultuoso y muchas veces contradictorio del autor sueco tuvo su germen en esos primeros años que él vivió en un permanente estado de infelicidad y, sobre todo, de lucha.

Ambos personajes viven en universos paralelos a los que sus verdaderas historias cuentan, un tipo de esquizofrenia social, sintomático de lo que el tan estratificado mundo contemporáneo obliga a muchos: re-escribir sus vidas para poder sentirse encajados en algo tangible. Niegan lo fluido de la historia, lo nada permanente de la existencia.

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