Friday, October 31, 2014

Teorías para blogueros: espacio, forma y tonada

"Storytelling at its purest, where the telling takes precedence over the story", escribió mi querido John. No hay nada nuevo que contar; muestras cómo lo cuentas, dónde.

Tuesday, October 28, 2014

Metamorfosis a base de ajo

Tu eructo estremeció mi cuerpo, me hizo otra, me hizo ajo
No fui Julia de Burgos en su gran rio de deseos ahogados
El hombre que era se transformó en ella, se hizo otra
Te amé como nunca. Me entregué completa, me hice ajo.

Monday, October 27, 2014

Ayotzinapa, la escuela desaparecida | México |

Cuando organicé la última conferencia en CCNY, la que fue saboteada por una compañera y otra ex compañera que le pidieron a mis estudiantes que fueran al Teachers College a oír a una académica europea, entre los que iban a presentar en CCNY se encontraban profesores bilingües (maya hablantes) que estudiaban o trabajaban en este tipo de escuela. Además de como me faltaron el respeto - entre otras cosas -, le negaron a los estudiantes de CCNY la posibilidad de conocer un mundo y un compromiso que era/es inigualable. 

Y si ya sabían sobre esta experiencia muy personal, han oído esta cantaleta, es que el racismo y la homofobia no ocurren solamente fuera de los portones de la educación bilingüe o de los países - jugando con la idea de Benedetti - en el sur que también existe; y no se puede negar ni pasar por alto. Un asesinato no se compara con una conferencia, pero todo tiene su génesis.

http://www.elmundo.es/internacional/2014/10/26/544d3e92e2704e0b608b4585.html

Saturday, October 25, 2014

El Festival de la Palabra: Migraciones y Negaciones en NYC

Un hombre gay se encuentra con un hetero liberal, uno de esos que alardea su mucho compromiso político, quien trata de convencerlo - al gay, of course - de que es discriminado y que debe asumir un papel protagónico en su lucha por los derechos civiles.

El gay, ai igual que otros que han sido enmarcados en cierto tipo de cajón y que no lo permiten, le contesta, que si necesita víctimas para sentirse superior y bueno a la vez, que se dedique a salvar los tigres en la India; que él no necesita buenos hombres que lo protejan.

El narrador de este relato los oyó y siguió escribiendo sobre travestis y otros seres que viven al margen, que inmigran mental y geográficamente, y triunfan, para luego entrar a la sala en El Museo del Barrio a oír los miembros de un panel, auspiciado por el Festival de la Palabra, cuyo tema, el exilio y la inmigración en la literatura, fue discutido por encimita.

Aunque los escritores que allí presentaron viven fuera de sus países - con la excepción de Charlie Vázquez, que vive aquí, donde nació,  y quien único habló sobre ese tema -, lo menos que se discutió fue la inmigración, el exilio y la literatura. Tengo la leve impresión de que no les interesa, y hasta cierto punto desprecian a aquellos que escriben sobre el mismo; quizás es debido a que no pueden abordarlo porque todos quieren ser escritores universales.

Esperaba oír sobre los choques y accidentes causados por la filtrada e ilusa memoria del inmigrante en La Nostalgia de Kundera o que discutieran los prejuicios y elitismo intelectual de Luis Rafael Sánchez en La Guagua Aérea, el Pollito Chicken de Ana Lydia Vega, la sombra del paternalismo burgués en los personajes y vidas, a lo Rene Marqués en su carreta o las vidas de homos trágicos que se suicidan en el exilio. No, nada de nada.

Esperar que discutieran cómo el grafitti había influenciado la concepción de la escritura entre los poetas urbanos, hijos de inmigrantes en el Sur del Bronx, era pedir que los muy modelados scritores saliesen de sus cajoncitos literarios. Mucho menos iban a hablar sobre travestis que triunfan o liberales heteros que desean que los gays inmigren a sus mundos tan solidarios. Quizás por eso no abundaron sobre las muchas migraciones y exilios de Charlie Vázquez.

Wednesday, October 22, 2014

Desde Montevideo: Corín Tellado canta "La noche de anoche"

La noche no fue interrumpida por mujeres de ojos color turquesa, rostros de nácar, sentadas al lado de hombres de pelo gris, apuestos galanes hacia quienes ellas extienden lentamente sus angulares y finas manos, uñas rojo encendido, en camino a Montevideo.

El chillido de las llantas acompaña al frenar sin control. Retira las manos, las  lleva hasta los muslos, la falda, la boca; un suspiro, el Porsche destruido.

Silencio sepulcral. Sonidos de sirenas. Ofuscados recuerdos de la pasada noche, la que duró diez años en cuajar y empezó la mañana de ese San Valentín. La voz de Corin Tellado canta, "La noche de anoche".

14 de febrero, 6:00 am: Ding, ding, ding timbrea el email, del café a la pantalla en menos de un segundo.  Un San Valentín que no esperaba y el re-inicio de una relación perdida, no olvidaba, neutralizada, para esta mañana ser activada de nuevo sin "deletes". ¿Hasta cuándo?

Empezó hace diez años y aquella mañana, día, noche de San Valentín volvió, y "yo que estaba tan tranquila... " cantaría su versión Corín Tellado; tanto años más tarde, sigue, no para.

14 de febrero - 14 de marzo: Los dings se multiplican, diez veces al día, esta historia, otra, sugerencias y deseos de compartir mucho más que mensajes cibernéticos: vivir juntos,  casas y playas; dudas: estoy muy viejo, no importa, te cuido, me cuidas.

Pausa, el subir y bajar de emociones sueltan las defensas y las verdades empiezan a aparecer, los celos infundados, equivocados juegos eróticos y repetición de lo que ya había antes detonado la separación.

En Montevideo lo conocí. Su enrizado pelo negro, sus verde gris y ovalados ojos dirigían el deseo: poseerlo, besarlo, caminar por las ramblas, de manos. Me controlé.

La Tellado sigue con su versión, "todo es nuevo para mi, estoy aturdida".

14 de marzo, 6:00 am: Ruptura y definición de espacios e intereses. Otro hasta luego, otro relato, otra despedida, quizás diez años más tarde. Una explicación poco telladiana detona los conflictos.

¿Raíces distintas? Me sentí como una mata. Delete.

Ni le quise preguntar a qué se refería, yo no estaba listo.

Si no hubiese incluido las raíces junto a las otras categorías diferenciales - país, costumbres - y señalado raíz como otro determinante de las diferencias, no me hubiese despertado la curiosidad.

- Siempre has dicho que desciendes un bote, y en clara distinción entre vos y los que no descienden de botes,

Sin dar muchas vueltas es fácil imaginar qiénes son los otros, los que no descienden de botes para confirmar la sospecha de que mi diferencia en cuanto a raíz y tronco oponía a la de los que "llegaron" en botes.

Al muy clasificado pretendiente no le pasó por la mente que mis raíces (entiéndase que lo mas cercano a la raíz es el DNA) también llegaron en bote, con altos por cientos de herencia genética adquirida después de hacer muchos transbordes: desde Africa,  Europa, Asia; y en el caso de los antillanos, llegaron también de la Guajira, Amazonía, otras islas.

"Si estoy sintiendo lo que nunca sentí" enreda la una vez tranquila vida, ajustada a la edad, las rutinas, lo predecible, desplaza las contradicciones, las ideas sobre orígenes, sexo, deseos "te lo juro, todo es nuevo para mí".

14 de marzo, 7:00am:  Me identifico con el cono sur, tomo mate, oigo boleros, Corín canta "La noche de anoche". Proceso las últimas semanas, los últimos diez años.

Yo que estaba "disfrutando de esa calma de un amor que ya pasó", en esa etapa, a la edad sesentona cuando quedan solas, quietas las palabras, los sentimientos apaciguados, hasta que vuelve, escribe, empezar de cero, de nuevo. y cuestionar, "qué tú estas haciendo de mi.....".

14 de marzo, 9:00pm: Un ding, otro ding y otro ding me atraen a la pantalla, pide una segunda oportunidad, todos los antepasados llegaron en bote, yolas, a pie, sin compromisos, conocernos, una segunda oportunidad.

- ¿Qué quée?, si llevamos diez años en ésta -. Le digo que sí.

Vuelvo a sentir lo que no quería despertar, lo que esta noche "....me hace comprender, que yo he vivido esperando por ti".

15 de marzo, 4:am: la voz de Corín acompaña los delirios de la mujer de ojos color turquesa y largas acicaladas uñas color rojo subido, sus lamentos, sentirse engañada - ¿por qué me llevaste hasta Punta del Este, si sabías que vos no me querías? Mentiras, puras mentiras, tus correos eran puras mentiras. - y Corin, asombrada, les dice, "estoy aturdida".

Y así un capitulo más de un romance gay separado por miles de millas de distancia, y al ser cantado por Corín, tendrá un final feliz.

El KY FUE MI TESTIGO

Entraste sigiloso con keiuai como llave.
Evidencia: La marca que delata la entrada.
Saliste sin darme cuenta. Llegué tarde.
No tuve tiempo para sentirte. El peso,
las piernas no daban tregua, muy tarde. 
Cuando me di la vuelta, ya te habías ido.

Monday, October 20, 2014

Facebook o los álbumes de la escuela Intermedia, la Junior de Guayama

Yo las odiaba y las envidiaba a la vez. Tenían álbumes con fotos, tarjetas, recordatorios de todo tipo, poemas de amor a primera vista, algunos, amor a ciegas, otros, nombres de los novios de ese mes, borrados más tarde, lazos, muchos lazos, corazones y otros "cut outs", trencitas de muñecas que una vez fueron y no querían olvidar. 

Tenían de todo lo que una chiquilla de catorce o quince años desea guardar, documentar, compartir con sus amigas y alguno que otro amigo; uno de aquellos amigos, pues, de lo que por lo general, más luego, marchan en pro de los derechos del tercer o cuarto amor. 

Yo no podía tener esos álbumes. ¿Qué iban a pensar, decir mis amigos, hermanos, padres, maestros, enfermeras, médicos, vecinos, vecinas, los curas y monjas del pueblo? 

Ese es el mismo nene que hoy tiene su página en Facebook y pone a todo el mundo, se retrata junto a un peluche y lo baja o lo sube, lo pone o lo quita en su álbum cibernético, en Facebook. 

No, no tengo Facebook. Tengo una libreta cibernética, un blog, donde escribo mis diarios, poemas, ensayos, relatos de todo tipo. No pongo fotos mías en las cuales me ven abrazando a un peluche. Yo superé la étapa de los álbumes de adolescentes. Nunca tuve peluches.

El Caribe en Montreal

(Dedicado a todos los que conmigo han disfrutado de muy buenas cosechas de caña bis)

Principio de los años cincuenta: Asistía de acompañante, chaperón de mi hermana y su novio, a los bailes en los clubes frente a la playa de Salinas, al mar Caribe. Bailábamos a los acordes de la música de José Luis Moneró y la orquesta de rigor de aquel entonces.

- Querido, ¡qué bueno que disfrutas de la nostalgia y de esa memorias que evocan palabras de mujer… !

Los dos miles: Desde aquellos tiernos y armoniosos momentos la música ha servido, no solamente, de vara que mide mis gustos en un momento dado; reflejo de mis estados anímico-románticos. Sensibilidad e historia. De José Luis Moneró me moví al rock and rol, la nueva trova, la música de disco, el “new wave” de Philip Glass, la barroca europea, hasta de nuevo regresar a José Luis Moneró. (Espero no terminar con canciones de cuna.) El Moneró de ayer me integraba a la estética de los años cincuenta. El de hoy me sirve de puente entre mis deseos y los amores de ayer.

- ¿Qué tú crees?¿Por dónde andarán los que están vivos? ¿Qué será de sus vidas?”

Frente al mar Caribe bailé, y hoy, un mural del mismo mar en un bar en el barrio Plateau Mont Royal de Montreal, a los acordes de música caribeña, los nuevos románticos de las sociedades industrializadas del norte, me sirven de fondo y figura para reflexionar sobre los significativos otros. El Caribe se convierte en la última frontera de los nuevos románticos, no de los originales, de los que hoy sufrimos las consecuencias de los originales.

El Caribe no es realidad geográfica, es signo de una nueva estética, un estado de ánimo. Al ritmo de reggae o salsa en algunos bares de Montreal, cargados de motivos tropicales, los nuevos Gauguin se mueven a las costas caribeñas vestidos de contra-cultura, residuos de los sesenta, críticos de los turistas tradicionales, a encontrar el neo primitivismo.

- Nene, esta cosecha me lleva del bolero al reggae al bolero.

Al igual que el pintor, regreso al pueblo, no a los quinceañeros, bodas y bautizos ni tampoco en busca de sueños de turista neo primitivista. Regreso en busca de mis viejas amistades, los que se quedaron en el pueblo. Me oyen y callan ante los silencios. Otros, los que se fueron a estudiar a la universidad, me evitan: se visten de guayaberas, arquetipos, casados, padres de nenes y nenas muy monos, viven en las mejores urbanizaciones del área metropolitana de la ciudad capital: San Juan. Mis preferidos, que son muy pocos, se mudaron a Santa Rita en Río Piedras, barrio de intelectuales y artistas o al igual que tú, a Paris. Yo, me mudé a Nueva York, me dejé crecer los pelos, marché en los desfiles pro derechos de los homosexuales, viví en comunas y no me pongo guayaberas. Ellos, los que se quedaron en el pueblo, distinto a los neo-románticos, ni oyen música, ni a Moneró.

-Te juro que la próxima vez compro más de esta cosecha, evoca sin presiones.



Sunday, October 19, 2014

Montevideo: El Liceo de los Locos

Las horas en el aula que antiguamente había sido la sala donde administraban los electro shocks a los locos de Montevideo no tenían fin. El árido ambiente sin pizarras o cuadros, con sus paredes color crema pálido, añejo, retumbaban con el cliqueo, sonidos de las computadoras y sus usuarios.

Los chicos estaban inmunes al efecto que tenia la energía que emitía el salón de informática.  A su edad, las hormonas eran mas poderosas que los flujos espirituales incrustados en las paredes; tantos locos electrocutados no eran rivales para la etapa en que se encontraban los pupilos. Sus gritos eran ante el descubrimiento o solución a un problema cibernético.

No era así con el maestro. Un poco mas maduro, y no tan controlado por sus hormonas, su sensibilidad recogía las fuerzas que las muy trágicas muertes plantaron en las paredes del aula cuando fueron parte de un manicomio. Dificultad al respirar, cutis demacrado y sudor  en pleno otoño delataban el miedo que sentía todos los días, durante las horas que daba sus clases de informática.

Boleto de Ida y Vuelta

“No me compares con Quevedo
¿Qué vedo?, ¡qué bello!, ¿qué soy?"
                          (Luisito la quiteña)

Gorda y chiquitita, muy pintoreteada, portada de revista, tu cara maquillada, de pueblo de provincia llegaste embarrada, unas viajan en Queen Mary, otras en novelas, cruzaste un rio aquí y otro rio por allá, a nado y a pie viajabas en busca de muchas lanas, no mirabas hacia atrás, borrabas antiguas almas, paseaste por la Quinta, en Soho, anonadada, compraste ropa sport, en bolsa ya firmada, firmaste la tarjeta, a plazos la jugada.  

Alta y delgadita, suavemente maquillada, ofrece alternativas al exceso de tu cara, te pone a rebajar, un treatment en sauna room, ofrece proteínas y fusión en el comer, un distinto caminar, hablar más pausadito y en college estudiar, acento de ningún sitio, para graduarte otra vez más.

Saturday, October 18, 2014

Identidad en la literatura infantil puertorriqueña

http://www.lecturayvida.fahce.unlp.edu.ar/numeros/a19n2/19_02_Torres.pdf


JUAN BOBO: UNA NUEVA LECTURA (BORRADOR)

Dentro de la historia de la literatura infantil puertorriqueña, las primeras letras escritas expresamente para niños surgen a finales del siglo diecinueve, con los trabajos de Eugenio María de Hostos y Lola Rodríguez de Tió (Piñeiro de Rivera 1987) Dada la estrecha relación entre el folklor y las letras, el estudio de la literatura infantil obliga a que se incluya, además de la literatura escrita expresamente para los niños, otras manifestaciones de la narrativa de los cuales se han apoderado los lectores jóvenes; particularmente, aquellas tradiciones orales del mundo infantil que influyan esta literatura, "... más que un paso entre los cuentos infantiles y los cuentos populares, y sus orígenes se confunden" (Montes 1977).

Como bien nos apunta Piñeiro de Rivera, lo que comprende el corpus de la literatura infantil puertorriqueña cobra forma definida a finales del siglo diecinueve, al calor de las ideas patrióticas. Mas esas ideas patrióticas no se forman de la noche a la mañana, ni tampoco, esa literatura. Se gestan estas letras de todo un proceso histórico que ya había comenzado cuatrocientos años antes de los trabajos de Hostos y Rodríguez de Tió. Nacieron, al igual que el resto de las letras latinoamericanas, "... de una violenta imposición colonizadora" (Rama 1985:11). Y de esa imposición colonizadora, antes de esas primeras manifestaciones literarias en el siglo diecinueve, surge una fuente formada en el contexto de los primeros años de la colonia, que mas tarde influye o conforma esa literatura infantil: la narrativa folklórica.

De la narrativa folklórica (véase bibliografía), son los relatos de Juan Bobo los que adquieren arraigo popular masivo y constante; siendo éstos los más contados y recopilados en las colecciones que recogen la tradición oral puertorriqueña, y debido al vínculo que existe entre esta tradición oral y la literatura infantil, se convierten en parte de la misma (Alegría 1973; Cadilla de Martínez 1941; Ramírez de Arellano 1926; Ferré 1981; García 1975; Belpré 1962, Torres 1993). Incluso, su arraigo es tan fuerte, que algunos de ellos se hacen parte de la conciencia puertorriqueña; sirven como medida para juzgar el comportamiento de las personas: en alusión al famoso cuento donde Juan Bobo viste a su puerca con las joyas de la mamá, y como crítica al mal gusto, los puertorriqueños hacen uso del refrán, "... mas endilgá' que la puerca de Juan Bobo"; y lo usan como modelo de cierto tipo de arquetipo nacional: el jaiba.

Estas cualidades son el hilo conductor de casi todos los cuentos de Juan Bobo, y se manifiestan en el uso de ciertos criterios para concluir o razonar sobre una situación o problema en particular: el mal gusto y/o el jaiba que trata de “pasarse de listo”. Mas la crítica de estos cuentos, y de la tradición oral a la cual pertenecen los mismos, se ha enfocado en el carácter moralizante de los mismos. Críticos e historiadores como Bravo Villasante, Almendros, Petrini, Bettelheim, Escarpit plantean que la literatura infantil que antecede al Siglo XIX, a la cual pertenece los cuentos de Juan Bobo, está caracterizada por sus intenciones didácticas y por estar cargada de adoctrinamiento moral.

Bettelheim sostiene que dichos cuentos, aunque no analiza a Juan Bobo no le dejan nada a la imaginación, y que siempre contienen una moraleja. La narración lleva al lector hasta unos desenlaces, donde se presentan amonestaciones, una lección, "...compendios de parvas enseñanzas y de rígido adoctrinamiento religioso y moral...", nos dice Herminio Almendros. Si se parte de este enfoque en la crítica, se puede concluir que los cuentos de Juan Bobo también se caracterizan por su adoctrinamiento moral o por la representación simbólica de ciertos arquetipos: la astucia, la maldad, la avaricia. El carácter moralizante de estas obras llevan la trama de las mismas a un final donde Juan Bobo puede ser castigado o premiado, dependiendo de las acciones de los personajes. Es Juan Bobo, bien acuñado por su nombre, el sonso, el jaiba boricua, cuyas acciones generalmente, resultan en catástrofes para él y/o los demás. Al igual que la inocencia de la Caperucita Roja o la maldad de la madrastra de Blanca Nieves, la estupidez de Juan Bobo ha estado bajo observación: Juan es un ser doblegado, un pazguato. Bajo este enfoque crítico, Juan es estudiado como un ser que carece de ningún tipo de independencia de criterios y cuyas acciones son el resultado de imposiciones externas; y se basa en la postura de que estos cuentos dice Shultz de Mantovani, ".... pertenecen, sin más, a ese almario universal donde se guardan las almas - arquetipos, personajes, caracteres- que en no otra cosa que en la literatura ha precipitado la historia y la experiencia humana".

A Juan Bobo hay que hacerle justicia. Una relectura de estos cuentos ilumina aspectos pasados por alto por las posturas que lo enmarcan dentro de la literatura de amonestaciones. La única similitud entre Juan Bobo y la literatura donde solamente hay una enseñanza moral, como son los proverbios, consiste en el castigo por obrar mal o el premio por obrar bien. Esta particularidad no es una constante en los cuentos de Juan Bobo; la única constante en estos cuentos consiste en los criterios que Juan usa para razonar o llegar a una conclusión, para bien o para mal, resolver un problema.

La narrativa de Juan Bobo, durante el periodo cuando es importada a las colonias españolas en las Américas, está estrechamente ligada a dos corrientes que influyen la literatura folklórica: la novela picaresca y el surgimiento de la literatura didáctica. Dice Posada que se caracteriza la picaresca por llevar el pícaro "...la necesidad de sobrevivir gracias al ingenio aun cuando no se tengan riquezas ni se cuente con el poder." Este uso del ingenio es presentado a través de tramas donde el razonamiento de los personajes es equivocado o acertado ante un problema, y distinto a la literatura de amonestaciones, estos cuentos están guiados por situaciones y eventos donde se hacen decisiones racionales aunque sus resultados sean desastrosos. Como resultado de la transformación radical de la educación y la multiplicación de los autores de tratados pedagógicos (Aries, Bravo Villasante, Escarpit), y la interacción entre la literatura esencialmente didáctica y el folklor oral, se genera un tipo de obra que, como las de Perrault y luego los Hermanos Grimm, retrata la sociedad de su época, y destaca las conducta en estos tipos de comunidades burguesas o rurales.

Razonar requiere hacer uso de una serie de criterios y/o sistemas que ayuden en ese proceso. En el cuento "Juan Bobo se queda sin comer" (García 1975: 1-4), Juan tiene que sortear las razones por las cuales va a escoger, entre dos invitaciones a un banquete, aquella a la que le conviene ir primero. Su primer criterio consiste en asegurarse que va a comer dos veces. Una vez decidido esto tiene, tiene que pesar las razones que lo van a llevar a escoger aquella invitación donde irá primero: su tío o su mamá. Por un lado razones afectivas y por otro, la gula: sabe que en casa de su mamá va comer mejor. Y decide ir primero donde su mamá. Desafortunadamente, por estar tanto tiempo decidiendo donde ir, Juan Bobo se queda sin comer. Escogió dos factores para decidir, pero se olvidó de uno: la comida se acaba.

Mas no son las pasiones lo que único llevan a Juan a sus decisiones.. La logística lo lleva en "El lecho asado de Juan Bobo" (García 1975:5-7) a tener que decidir entre tres lechones, y una vez hecha esta decisión, cómo agenciárselas para alcanzar un racimo de plátanos; y en el cuento "Juan Bobo y la princesa adivinadora" (Alegría 1973: 31-40) se vale Juan de una artimaña que requiere tramar una situación donde él se protege de una princesa.

Durante el primer siglo de la colonización, sostiene Anderson e Imbert, que los libros que circulaban "eran en su mayoría eclesiásticos y educacionales." Sergio Ramírez escribe que, "El signo cultural de la época colonial, hasta antes de la independencia de Centro América, es el religioso". Los cuentos de Juan Bobo al igual que las fábulas de Esopo, revelan que al margen de las letras oficiales se daba una literatura oral que servía como espejo, reflejo, como si guiada por los planteamientos de Paulo Freire, de lo que se puede hacer o no frente a las culturas y poderes oficiales; en respuesta a la “violenta imposición colonizadora."


Bibliografía

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Friday, October 17, 2014

Todos mis hombres no tienen nombres

Me aterrorizan los nombres, 
no soy ése de quien hablan; 
me asustan los gentilicios, 
no soy así como ellos dicen; 
me paralizan los oficios, 
no sé hacer lo que me piden; 
me estancan los géneros, 
bien saben cómo te amo.

Teoremas

Me elevo (no es en una ascensor o en un avión, sufro de vértigo, agorafobia y claustrofobia). Me eleva mi ego, mi sentido del yo más bello, más puro, más fino, totalmente depurado de valores y expectativas mundanas. 

Me elevo por las calles sin aceras de Santurce, sobre sus charcos de aguas negras y deambulantes (así le llama la historia oficial de este país de encantos, desencantos y cantos de sirena, canto de país, país a medias, a los pobres y marginados que no tienen ni en que caerse muertos). 


Floto sobre los abandonados por los otros, los buenos y caritativos, los que “cogen pena” (la pena mata, me decía mi querida hermana); los otros quienes también se elevan sobre los pobres, los negros, los putos y patos de La Quince.


Levito cual Terence Stamp en Teorema sobre hombres y mujeres, santos y demonios, amos y criados, poetas y pintores, editores y correctores, gatos y perros, mierda en la calle y gargajos en la sopas de los pobres que hacen fila para comer una vez al día en el Santurce de Nechodema y Cortijo y su Combo. 


Rozo, levemente rozo a los de abajo.

Wednesday, October 15, 2014

Puerto Rican students and a white liberal's need to feel useful

At a conference held at the School of Education of the CCNY, an invited educator from PR made a critique of the tendency to group all Puerto Ricans students in a homogenous mass, and argued that in doing so, the qualities that characterize those students who were successful and the reasons for their success were overshadowed by those who were not. She then asked, why are there more private schools graduates from Puerto Rico attending universities in the USA than Puerto Rican students graduating from public schools in the USA?

Anyone familiar with the educational literature correlating class and educational achievement would have been able to provide what seemed to be an obvious answer. But that was not the case with one of the members of the group. A highly honored and published white female professor kept bringing the point that there was a large percentage of failures among Puerto Rican students, as if this issue would eliminate the argument being prsented by the Puerto Rican educator. According to some us, Puerto Ricans attending the meeting, the need of the white liberal multicultural leftist professor - to bring the failure as an issue in contrast to the point that there were successful Puerto Rican students - was due her sense of self-worth as an educator. She needed the victims to justify her existence as the savior of the poor, marginalized docile Puerto Ricans

There is an assumption among white liberals in the USA that these "poor people"  are all alike and that they are passive victims of the oppressive systems, and in need of "them whites" as  "salvadores". Such  simplistic construct negates the ability of people to move beyond social and personal constraints and the differences within the so called oppressed group. (Doña Yeya en el Sur del Bronx no tiene mucho en común con los apellidos guionizados de Caparra.)

When it comes to racial, sexual, national or ethnic groups, victimhood can be defined as a state of individual and collective mind that occurs when the traditional structures that provide a sense of security and self-worth through membership in a group are shattered by aggressive, violent political outsiders; characterized by either an extreme or persistent sense of mortal vulnerability.

By conceptualizatiing the other as a victim, the savior of the victim not only uses the other in order to justufy her/his existence but continues to perpetuate the membership's sense of victimization instead of enhancing their sense of self-mastery and personal power. Identifying oneself primarily and over long periods of time as a victim is to embrace this permanent identity of a dysfunctional human being. And the only ones benefiting from this state are those who see themselves as the saviors.

Saturday, October 11, 2014

JABIBONUCO: El Libro de Daniel

El Libro de Daniel es el último capítulo (borrador), ambientado en Uruguay, de mi novela monografía, Jabibonuco, cuyos capítulos anteriores fueron publicados en este blog. 

9. El Libro de Daniel

9,1. El Verbo

"En el principio existía  la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada." (Evangelio según San Juan 1:1. Nueva Biblia de Jerusalén. Bilbao: Desclée de Brower, 1999.)

“Ni el lenguaje ni las expresiones culturales dependen completamente del organismo, de lo biológico. Antes de la palabra, está la experiencia, el asombro. Canetti lo explica muy bien. Los principios espirituales universales de las culturas en todos los tiempos así lo comprueban. Las búsquedas, nuevas  investigaciones, los trabajos comparativos, interculturales, ayudan a aclarar estas ideas y a trascender lo dogmático de las iglesias. Si las iglesias trascendieron el animismo, trataron, las ideas contemporáneas sirven para abrir nuevas esperanzas y cambios que la inteligencia por sí sola, el muy medido cociente de inteligencia, tan detallado por los genetistas no puede explicar.  Arthur Jensen, equivocadamente, sostiene que los determinantes biológicos de la inteligencia y su expresión cultural lingüística dependen fundamentalmente de determinados aspectos de la fisiología cerebral que modifican la sensibilidad y eficiencia de los procesos básicos en el procesamiento de la información que modelan las respuestas del individuo. Por el contrario Leon Kamin no dice que las teorías racistas de Jensen y Hermstein sobre la determinación genética de la inteligencia no tienen consistencia científica. 

Se puede argumentar que no está demostrado que los pueblos originarios - sean charrúas, arahuacos, africanos - tengan una inteligencia distinta a la de los europeos y sus descendientes en las Américas. Usaron su inteligencia en entornos que requerían un uso diferente de sus capacidades, y ese factor tan importante, los Jensen del mundo lo descartan, no lo entienden. (Bárbara Coster, “Conferencias inéditas”, Frankfurt - NY: 1973-2003)

“Los trabajos de Daniel sirven para continuar investigando y delatando las muy tristes historias de los pueblos originarios. Muy triste lo que cuenta sobre los charrúas, quienes después de haber luchado por el beneficio del Uruguay, fuesen desterrados y vendidos como conejillos de indias y como artefactos para un espectáculo. Muy triste. Antes de Jensen estuvieron otros que usaron como excusas la ciencia para justificar sus prejuicios.

Como Daniel, los nuevos cronistas - lingüistas, educadores, antropólogos, sicólogos, monjas feministas – tienen que seguir recogiendo información sobre las nuevas colonizaciones y delatando las anteriores. " (Sor Bernarda del Castillo, correos electrónicos inéditos) 

“Los alumnos y maestros intervenían directamente en todas las fases de la confección de los primeros libros. Cada libro, a su vez, era de cada uno y de toda la clase. En distintas etapas de su desarrollo lingüístico (véase evidencia  tomada de la conceptualización y verbalización de la lecto-escritura entre niños y niñas de distintos países y grupos étnicos, raciales) el niño demuestra, al igual  que los adultos, que el aprendizaje del lenguaje se mueve en una continua descontextualización del  mismo hasta llegar a las abstracciones y logra la posibilidad de desvincular el yo del objeto discutido, categorizado. El lecto-escritor, al igual que el hablante, principiante empieza mezclando las funciones, signos, estilos, y significados, que paulatinamente se van aclarando y respondiendo o subvirtiendo los estándares de una comunidad en particular.

El hablante/lector/escritor va  balanceando, comprendiendo la relación entre la conceptualización del yo y el entorno socio-histórico; el yo, su entorno y su historia”. (Bárbara Coster, “Conferencias inéditas”, Frankfurt - NY: 1973-2003)    

“La oración fundamental del cristianismo, El Padre Nuestro, tiene dos versiones: San Lucas da de ella un texto breve (con cinco peticiones [cf Lc 11, 2-4]), San Mateo una versión más desarrollada (con siete peticiones [cf Mt 6, 9-13]). La tradición litúrgica de la Iglesia ha conservado el texto de San Mateo. Como resultado de los nuevos estudios teológicos, los hallazgos arqueológicos en el Oriente Medio y dado que los evangelios fueron escritos mucho después del asesinato de Cristo, hay quienes dudan sobre la veracidad de la segunda versión. Recuerda  que ya para el siglo tercero después de la muerte de Cristo el cristianismo había sido consolidado y ciertos grupos comenzaron a ejercer control lingüístico e ideológico sobre los muy diversos y pluralistas cristianos primitivos, y que puede que hayan sobre-impuesto los intereses de ciertos grupos en particular sobre la versión original de Cristo.” (Sor Bernarda del Castillo, correos electrónicos inéditos)

9.2. La Comunión

"Durante una entrevista sobre las vidas de los habitantes en uno de los barrios populares de Montevideo, el crimen como tema, pocas personas quisieron hablar y quien lo hizo intercaló español estándar con frases dialectales montevideanas, 'Yo no sé nada. Y aunque supiera tampoco te diría, no me voy a regalar. Raja de acá porque te van a picar como a un queso. No me importa lo que seas, acá está todo el mundo caliente'.

A través del lenguaje, la música - en particular, la música de origen mestizo como lo es la cumbia, la salsa, el reguetón -, se pueden identificar los valores étnico-raciales, el mestizaje cultural, la influencia de pueblos originarios, afro-descendientes y de otras culturas populares. Estas transformaciones históricas, cambios en las percepciones del yo y la comunidad, se manifiestan en el dialecto plancha, el lenguaje de las clases mas propensas a fusionarse, transgredir." (Daniel Mujica. "El mestizaje cultural y las influencias de los pueblos originarios en el Uruguay contemporáneo", monografía inédita, 1984)

- Perdona, no te llamé brava por ser femenino. Es un uso más. Que el significado no está tanto en la palabra. Si algo aprendí con las lecturas de las conferencias inéditas de la Koster, fue que el significado está en el conjunto de elementos: el acento, la entonación, y éstos le añaden o restan seriedad, importancia a lo que dices, o le otorga sensualidad, o lo caricaturiza.

- En el Caribe, en mi pueblo, hablar fino, No se podía hablar fino, se burlaban

- ¿Por qué se burlaban de hablar bien?

- Por la misma razón que los planchas hablan como hablan. El tuyo parece sacado de una película de Niní Marshall. ¿Sabías que Perón la expulsó del país por depreciar el idioma o por alguna razón relacionada con el idioma?

- No lo sabía. El de ustedes es el más influenciado por el inglés. 

- Y es el más cursi, si oyes a las señoras clases medias de San Juan.

- Te deseo, en parte, por tu acento. 

- No es deseo, entonces. Es otra cosa, pero no es deseo

- Los planchas uruguayos, al igual que los villeros en Buenos Aires o los cafres en Puerto Rico, pueden aprender a hablar como nosotros, pero muchos terminan como Jabibonuco, quien aprendió todos los códigos, y no aprendió a distinguir todos sus usos ni lo que guiaba a quien lo oía. Por eso lo quemaron en la hoguera.

- Tu interés en mí, en mi forma de hablar, extranjero con unas experiencias muy distintas debido a mi procedencia de clase y fusión cultural, desplaza y reemplaza tu verdadero deseo y niega la posibilidad de desenfrenar y desenmascarar tu vida por completo. Por eso es mejor conocernos, que acostarnos, tener sexo.

- Si vos lo dices. 

“Cuando Merton nos dice que el paraíso es simplemente la persona, su yo radical en su libertad, libre de inhibiciones, el yo que dejó de estar vestido con su ego, mueve la misma idea que por tantos siglos y culturas nos ha preocupado a un plano personal, uno que exige de eso yo una relación distinta con el otro, reta la doctrina y el absolutismo de los ritos tradicionales de la iglesia, fuera de supersticiones y objetos sagrados. Sus escritos reflejan unas muy modernas intuiciones, con su pluralidad de formas que no pertenecen a un solo tiempo o a un mundo exclusivo; infinitos laberintos, mitos, ritos, leyendas, criptografías que de cierta forma, algo mundana, sirven de explicación para poder entender la relación tan de cerca y simbiótica que tienen ustedes dos.

Lo mestizo del arahuaco-africano-europeo-charrúa-guaraní, y sabrá Dios qué más, se aclara y se junta. Me atrevo jurar, que ustedes han empezado a reivindicar a Jabibonuco, Diego, Micaela, Guanina, y han retomado y redefinido la labor de, entre muchos, Madame K’lalud. Me rio, pero que Dios me perdone, si blasfemo.” (Sor Bernarda del Castillo, correos electrónicos inéditos) 

El  metal de voz de Daniel, estreñido,  no cuadraba con su inteligencia, ni con su formación, donde el raciocinio era fundamental y que aplicaba con una impresionante frialdad; oía a sus interlocutores sin el continuo estar a la defensiva. Era distinto a mí.

Yo, siempre a la defensiva, de guardia, al acecho. Él, flemático, desprendido del otro, podía esperar sin preocuparse, oía y recogía lo que le interesaba, esperaba, calculaba y respondía de acuerdo a sus intereses. Documentaba las historias, las vidas, los relatos, las leyendas de los pueblo originarios sin aparentemente sentirse afectado por los mismos.

Aunque, a veces, proyectaba, delataba una supuesta incomodidad con su identidad étnico-racial, reafirmando todo el tiempo su ascendencia europea mientras se burlaba de la misma, en lo concerniente a la homosexualidad, cuando hablaba sobre el tema, el metal de voz sonaba mas reprimido; servía de clave para indicar que estaba a punto de perder el balance, sintomático de muchos miembros de la generación que crecieron rozando los cambios pos-Stone Wall.
  
"La tracción es el esfuerzo interno a que está sometido un cuerpo por la aplicación de dos fuerzas que actúan en sentido opuesto. En el lenguaje la tracción ocurre cuando las palabras, estructuras lingüísticas y estilos de narrar se enfrentan a las intenciones del hablante y modulan su cuerpo, su voz. En el Uruguay contemporáneo los efectos de cierto tipo de tracción son evidentes entre los grupos mencionados en el estudio aquí discutido.

Muchos de los hombres gay estudiados hablan como si estuviesen perdiendo la voz. Al borde de una epidemia, casi ni se les entiende cuando hablan. Las palabras no le salen de bien adentro. Le salen de el roce entre el diafragma que separa la cavidad torácica de la abdominal y el oxigeno. Sus palabras no suenan fluidas, sólidas, con peso. Emitido cual  lleno de aire, un - hola - no es dicho de corrido; es enunciado en dos partes y cada sílaba - ho-, - la-, sale lentamente, aspirada, atorada en el tórax, al borde de una pequeña explosión.

Correctos, corteses, con modales impecables, pulcros y magisteriales en el manejo del detalle, meticulosos a la última potencia son las cualidades que los lleva a esa preocupación por lograr la perfección en la pronunciación de los fonemas. Decir es menos importante que las formas que conforman lo dicho. Lograr esa perfección implica cuidar cada sonido. Llenos de miedo fonológico, que al salir sus eses, eles, pes estén llenas de imperfecciones. Octavio Paz en su libro, Laberinto de la Soledad, sostiene que las mujeres pobres de México tienen un metal de voz distinto (voces agudas, reprimidas) al de las mujeres educadas. Algo parecido ocurre entre muchas otras mujeres. En oposición a esas voces agudas se encuentran las voces roncas de la mayoría de las mujeres clases medias. 

Para los terapeutas del habla, la pronunciación puede ser el resultado de un problema patológico. Para Paz, el metal de voz es un asunto de procedencia de clase social. Para los gays aquí referidos, la enunciación pausada, el aislar y darle carácter muy particular a cada fonema sirven para proyectar un miedo, quizás, producido por la tracción antes mencionada.". (Bárbara Coster, “Conferencias inéditas”, Frankfurt - NY: 1973-2003)   

- La terapia primigenia, “primal therapy” era como la conocíamos en el Nueva York de los sesenta y setenta, sirvió para partir desde mis sensaciones y sentimientos, y no desde el lenguaje como proponían o siguen proponiendo los terapeutas más ortodoxos. Las misas me daban un sentido de paz que no duraba mucho. Cuando participé de ritos afro-caribeños, se me activaba un estado animo desagradable, que no podía atribuir a los espíritus solamente, que para poder entenderlo y explicarlo, necesitaba encajarlo en unos esquemas más amplios, que incluyesen los demás campos del saber, otras historias, otros pueblos, que ayudasen a que la tracción creada por las dos fuerzas opuestas dentro de mi cuerpo lograran integrarse.

-  Puede que lo que hicieron tus espíritus en el Caribe, sea lo mismo que los que han hecho los ritos en el cerro donde se encuentra el cementerio charrúa; me ayudaron a encontrar el camino dentro de ese laberinto que me ha tocado caminar.

- Ya empezaste con la crisis, tus estudios, lecturas abrieron el camino, no podrás dar marcha atrás.

“La tracción sobre la que escribe Bárbara Coster, se manifiesta en el plano individual, en lo vivido por dentro, en los controles de la voz. En el plano social, en los estudios de culturas, se puede argumentar que la tracción puede llevar a los cuerpos primero a un choque y luego a una integración, un mestizaje, una comunión, como los puede llevar a la locura, tanto a los que la estudian científicamente, como a sus sujetos. La practicada por un tal Francois Curel con un grupo de charrúas llevados a París en 1833, documentada  por Paul Rivet en ‘Les Derniers Charrúas’ y en trabajos posteriores entre estudiantes de antropología e historia en Uruguay ayuda a delatar y revelar lo demencial de los controles religiosos, étnicos, lingüísticos, sexuales.  Jabibonuco no fue el único que sufrió, o que siguen sufriendo, las consecuencias de esas tracciones.

La tracción causada por sus estudios y las mal informadas tradiciones llevan a Daniel a pensar que tiene que redimir sus pecados.  La sensualidad no es pecado. Lo agobia su sexualidad y la mira de lejos, en otros, como mira a los guaraníes y a los charrúas en sus ritos y relatos. Los pecados no fueron los de sus antepasados. Fueron los de los grupos siniestros que los manipulaban. Su camino lo va llevando por un proceso de cambio, igual que a Jabibonuco.

No es tan atropellada su vida como fue la del eunuco, quien en menos de una generación vivió siglos de diferencias conceptuales sin tener la oportunidad de conocer todas las historias que le precedían. Jabibonuco no pudo asimilar e integrar en su ser un pasado tan complejo, ni pudo integrarse a los nuevos mundos, ni se lo permitieron. Daniel puede lograrlo.

Puede continuar con lo que Merton comenzó. El monje no se preocupó por los relatos pataquíes, el Popol Vuh o las versiones guaraníes, charrúas de la creación. La resurrección es la versión judeo-cristiana de la reencarnación y Daniel ha comenzado a entrelazar esas ideas mientras reencarna sin abandonar su cuerpo presente." (Sor Bernarda del Castillo, correos electrónicos inéditos)

Los estudiantes de antropología, en su mayoría mucho más jóvenes que Daniel y menos preocupados por su genealogía, compartían pan, carnes, papas, porotos y mate. Distintos a Daniel, los estudiantes de aquella nueva generación no estaban tan separados de sus antepasados, sus múltiples y contradictorios antecesores.

A la voz temblorosa de Daniel le respondían, la tranquilizaban con una mano sobre su hombro, una tierna sonrisa, unas lágrimas, durante el relato que informaba sobre el asesinato de su antepasado charrúa por un tal Rivera, el ultraje de la esposa, la crianza de un bebé por una familia de inmigrantes canarios, cuyos recuerdos incluían el asesinato de los guanches en las islas africanas, el exilio en Francia, años más tarde, de un grupo de charrúas que habían luchado por la independencia del Uruguay, y terminaron en un circo, unos supuestos parientes  lejanos en Lyon que reclamaban descender de aquellos guerreros que fueron tratados como mercancías, entretenimiento, objetos de burla y alegados estudios científicos.

Ser un extranjero en aquel círculo académico, con herencia arahuaca, vinculado a Jabibonuco y los otros antiguos eunucos caribeños, servía de memoria, y de separación a la vez. Preguntas sobre los guaraníes, los inmigrantes, la función de las iglesias, la búsqueda y clarificación de la identidad le daba a la toma de mate una sensación de comunión histórica. El ciclo se había completado: Daniel descubrió que el centrismo en la herencia europea le negó parte de su historia, la historia de todos.   

Que aquella ira que sentía cuando hablaba con algunos compañeros estudiantes, o con los morochos o los negros, que trataba de explicar, de buscar su razón, que no se daba con todos, estaba ligada a lo que era su estatus de burgués, euro-descendiente, a que sentía que ellos, los pobres, no podían hablarle como si hubiesen igualdad de condiciones. Su incomodidad con su vida lo estaba desnudando. El antiguo cementerio de los charrúas sirvió de espejo y le quitó las ropas, lo trastornó. Dejó de hablar, imprevisto, empezó a llorar.

Si Gunter y su generación en Alemania fueron obligados por la guerra a desnudarse por completo, Daniel fue llevado por su incomodidad con su placentera vida de cuarentón culto, en medio de una crisis existencial, rodeado de dinero y objetos, soltero y sin responsabilidades, a unos documentos casi prohibidos, relatos, leyendas, que lo ayudaron a desenmascarar la distorsionada historia y una genealogía fragmentada, y  que en aquel monte donde quizás había cuerpos enterrados, le devolvieron su sentido del ser.

Después del rito, los escalofríos, las conversaciones con los demás estudiantes, los dos, muy tranquilos, bajamos del cerro cerca de Piriápolis y regresamos en bus a Montevideo sin decir palabra, agarrados de manos como si nuestra historia fuese la misma. Los detalles no lo eran, la conjugación de los cuerpos sí nos unía. 

“La información que me enviaste la comparti con nuestras hermanas aliadas en conventos franceses, pues estamos documentando los vínculos de la Iglesia a través de organizaciones como la Orden de Rodas, a la cual pertenecían Pigafetta, Rivera, y de Curel, con organizaciones contemporáneas que intentan imponer un control central sobre los pueblos y sus evoluciones. Para principios del siglo diecinueve, la iglesia se había movido de tener solamente intenciones evangelizadoras a apoyar las investigaciones científicas que comprobaran la superioridad de los cristianos, y se sospecha que hubo experimentos con miembros de pueblos originarios, desde los muy explícitos como fueron el traslado masivo de niños y jóvenes en el Canadá y los EEUU a campamentos educativos, hasta las supuestas investigaciones científicas con puertorriqueños, guatemaltecos durante los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado; y durante el  siglo diecinueve con miembros de algunas comunidades originarias en Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil.

De acuerdo a las hermanas en Francia, esa fue la intención de Francois de Curel cuando movió a Vaimacá, Senaqué, Tacuabé y Guyunusa a Francia en febrero de 1883. Sospechan las hermanas que una vez llevaron a cabo los experimentos, el tal Curel los vendió a un circo.  Cuando tenga más información te la envío por correo electrónico. Te cuestionas por qué seguimos dentro de la Orden, pues porque de otra forma no podemos conseguir la información que necesitamos para delatar la extensa  y siniestra red que ha participado en la supresión de información y destrucción de vidas y pueblos. Esa es nuestra verdadera labor religiosa. Es en lo que logro extasiarme.” (Sor Bernarda del Castillo, correos electrónicos inéditos)

- ¿Crees que el que hayas estudiado en una escuela pública y yo en un exclusivo colegio católico sirva como factor para explicar las diferencias en nuestras actitudes, tan distintas, hacia la experiencia religiosa?

- En parte. Lo que queda muy claro que nos hemos movido ambos del animismo a la interioridad espiritual, de lo concreto a lo abstracto sin perder de vista el centro que nos guía, nos ata.

- Como los chicos que estudia Barbara Koster, el payaso es la letra o la letra es el payaso. Lo que no puedo negar es que los espíritus charrúas en el cementerio me obligaron a llorar.

- ¿Dónde comienza o terminan nuestras creencias y dónde comienzan lo que queremos conocer? Aunque no puedes negar que el porro que nos fumamos antes de subir al cerro ayudó un poco, ¿no crees?

- ¿Cuándo empezaste a hacer ejercicios de yoga?

- Cuando los curanderos me dieron un baño de aguas con plantas para ayudarme con mis muy volátiles estados de ánimo y terminé con una pulmonía.

- ¿Ya no vas a la iglesia?

- Con Jabibonuco terminó un ciclo. Cada experiencia religiosa responde a tus capacidades y las de tu entorno para comprender el misterio que presenta la espiritualidad, y en mi caso particular, los palos santos, las hojas de campana, los archivos incinerados por Sor Bernarda, los curanderos me obligaron a moverme sin perder el interés de entender eso que llamamos lo sagrado, la espiritualidad.

- ¿Quieres quedarte conmigo antes de que regreses a Nueva York?

9.3. El Éxtasis

“I-Yará pasó por la tierra y al ver despoblado un lugar tan hermoso, sintió un placer inexplicable y decidió llevar a Tupá un trozo de tierra. Tupá al tocar la tierra evolucionó, y en su máxima experiencia, se expandió, cubrió todo, amansó la tierra y le dio forma humana, creó dos hombres destinados a poblar la región. Uno era blanco y lo llamó Morotí, y al otro de color rojizo, Pitá.” (Daniel Mujica, “Leyendas,  ritos y mestizaje de los pueblos originarios y sus efectos  en el Uruguay contemporáneo.” Monografía Inédita, 1980)


- Vimos, primero, Teorema, una película de Passolini que trata sobre un extraño visitante que llega donde una familia de buena posición económica.  Con su  atractivo físico, exuberancia, dotes y carisma personal, les va seduciendo uno por uno: a la criada, al hijo, a la hija, a la madre y al padre. Después que la familia cae en sus redes, el visitante se va y la familia se queda desorientada, desubicada, sin saber cómo continuar con sus existencias. Una especie de éxtasis los había arropado y luego a tratar de entender sus vidas.     

- Y luego, ¿qué hicieron?

- Pasamos la noche juntos, yo viajaba al otro día, regresaba a Nueva York.

- ¿Y?

- Nos quitamos la ropa, estudiamos los cuerpos, nos fumamos un porro, comentamos sobre el tamaño de los penes, lo sólidos o flácido de masa en las nalgas, los vellos, el pecho lampiño.

- Evita los detalles por ahora, que quiero ver los nuevos diseños de Nito Maldonado, los tienen en rebajas.

- Las rebajas están en el sótano y estamos en el segundo piso.

- ¿Y no tuvieron relaciones íntimas?

- No. Preferimos conocer nuestros cuerpos y las actitudes hacia los mismos, lo pasivo versus lo activo, lo versátil versus los roles definidos. Fumábamos, nos reíamos.

- Para, sigues luego, vamos a ver los nuevos zapatos que me recuerdan a las nenas de Degas. No sé por qué, pero me las recuerdan. Deben ser las puntas. ¿Desnudos, sin sexo? 

- El deseo es tan objetivo como el pene parado. Es cuestión de poner freno y hablar sobre el mismo. El porro ayudaba. La  noche pasó sin tener que llegar a ese tipo de entrega, de comunicación física.

-¿Comunicación física? Antes le llamaban venirse. Mira, muero, me extasío frente a los nuevos muebles que trajeron de Milán. Cuidado que no te tumben las brujas del East Side.

- Deseo sexual no faltaba. No era nuestro plan.

- Te entiendo. Yo no tengo que comprar para sentir el éxtasis que me activan los diseños. Vamos ahora al sótano, que es donde único mi presupuesto me permite comprar. ¿Se van a ver de nuevo?

- No sé. Lee mi cuento basado en Corín Tellado y tendrás la respuesta.    

- Lo vas a ver, lo sé.

“Dile a Daniel que no le tema al amor carnal, que siempre ha sido parte de nosotros, de la colonización y de vuestra colonización. En mis lecturas sobre El Santo Oficio en las Américas encontré una epístola,  Mundus novus, escrita por Américo Vespucio, quien cuenta que las mujeres de los pueblos originarios eran ‘lujuriosas’, que lograban ‘hinchar los miembros de sus maridos de tal modo que parecen deformes y brutales y esto con cierto artificio suyo’, que andaban desnudas, eso lo sabemos, que eran libidinosas, y que cuando se juntaban con los con cristianos  eran ‘llevadas de su mucha lujuria’ y que ellas ‘todo el pudor de aquellos (los cristianos) manchaban y abatían.’ Por Dios, ellas eran las culpables de todo los que los indefensos colonizadores hacían. Ámense los unos a los otros.” (Sor Bernarda del Castillo, correos electrónicos inéditos)
   
- Nos abrazamos.

- ¿Desnudos?

- Sí. No duró mucho el abrazo.

- ¿Cómo puedes controlarte? Ahí es cuando me enrosco y no me despega ni un rayo

 - Eros no es solo sexo. Es conocer al otro cuerpo, al otro ser con quien te empatas. 

 - Perdona la indiscreción, se les paró.

 - Por supuesto, nos separamos y dejamos que se bajaran mientras oíamos a Bajofondo

- Me ahogo. Me vas a obligar a ver porno o exploto. Respiro. Vamos. Deja que me concentre en Galiano. Mira como fusiona espacios, formas y épocas. No se sabe si es un arquitecto con telas, un escultor, si estás en casa de la Pompadour, un palacio en Kyoto, o en un carrusel. Lo que sí se sabe, es que estás en esta época. Distinto a la Nito Maldonado, cosiendo guayaberas. Tan monotemática, étnica. 

- Tangos y milongas, y una hermosa tarde y noche en Montevideo.

- Para, no sigas, que necesito ver otro Galiano. Sus ángulos, esferas me matan. Floto ante sus tonos y con esas formas que se transforman.

- Prefiero las sombras que se formaban con los cambios de la luz que entraba por las ventanas. Proyectada sobre su cuerpo, la luz del atardecer, del verano austral, abrillantada por el rio, el inmenso La Plata, lentamente dibujaba sobre el piso de baldosas blancas y negras, delineaba sus movimientos, su figura masculina, sus extremidades, su miembro. Los matices de las texturas de su piel eran mirados de lejos;  luego, sentidos con las yemas de los dedos, mis brazos extendidos. Él, recostado, boca arriba, Yo, sentado a su lado, a dos pies de distancia, lo acariciaba. No hablábamos. Sentíamos el ser, el estar juntos. Él temblaba ligeramente, se retorcía, ondulaba. Luego yo me recostaba en el sofá, en otro lado del piso, él me miraba, me tocaba. Nos repetíamos por horas y horas, con una ausencia de tiempo, con un placer eterno.  

            

(© Gerardo Torres Rivera, Nueva York, septiembre 2014

Thursday, October 9, 2014

JABIBONUCO: Pecados Capitales

8. Pecados Capitales

8.1. La Fe

“Cerca de la susodicha ciudad de Khalles estaban surtos 14 grandes navíos bien provistos de toda munición y de cuanto era necesario, que estaban por emprender viaje al Rieo delle Platta en Indiam. También se hallaban allí 2500 españoles  y 150 alto-alemanes, neerlandeses y sajones, junto con el capitán general de todos nosotros, que se llamaba tum Pietro Mandossa.  Entre estos 14 navíos estaba uno de propiedad de los señores Sewastian Neithart y Jacoben Welser de Niremburgo, quienes mandaban a su factor Heinrich Paimen con mercaderías al Rieo delle Platta. Con estos partimos al Rieo delle Platta yo y otros alto-alemanes y neerlandeses, más o menos en número de 80 hombres armados de arcabuces y ballestas.” (Ulrich Schmidel. Viaje al Rio de la Plata, 1534-1554)

Salimos del puerto de Barcelona un 14 de octubre, cruzamos el estrecho y una vez dejamos las Canarias nos encontramos con la primera de unas cuantas tormentas, las mismas que muchas veces continúan y se llegan hasta el Caribe. Para los acostumbrados a viajar por estas rutas y en barco no resultaban novedosas. Otros, los que querían sol, piscinas y cocteles en las terrazas lucían molestos. Alguno que otro creyente en las fuerzas espirituales se encomendaba a sus santos protectores, se persignaba, y juraba que eran las fuerzas sobrenaturales quienes enviaban las tormentas y quienes las atenuaban.  

“…….aparecía en más de una ocasión el Cuerpo Santo, esto es, Santo Elmo, como otra luz entre las nuestras sobre la noche oscurísima; y de tal esplendor cual antorcha ardiendo en la punta de la gabia; y permanecía dos horas, y aún más, con nosotros, para consuelo de los que nos quejábamos. Cuando esa bendita luz determinaba irse, permanecíamos medio cuarto de hora todos ciegos, implorando misericordia y realmente creyéndonos muertos ya. El mar amainó, de súbito.” (Antonio Pigafetta. Primer Viaje Alrededor del Globo)

A pesar de que el personal del crucero explicaba que las inesperadas tormentas, relámpagos y rayos no iban a durar más de cierto tiempo, y que el radar indicaba su extensión, su furia no dejaba de asustar a muchos pasajeros.  Para otros, los menos, eran un alivio ya que las inclemencias del tiempo servían para disminuir la cantidad de gente que en otras circunstancias hubiesen caminado por los pasillos, en búsqueda de tal o cual actividad. 

Las tormentas amortiguaban las griterías que los eufóricos viajeros formaban en los alrededores de los bares y piscinas durante los cuatro días en alta mar antes de anclar en las costas del noreste de Brasil.

Si para algunos el susto servía para activar sus miedos, sentido de mortalidad, y recordar sus oraciones, para los pocos eran motivos para admirar las maravillas de la naturaleza, observadas desde las ventanas, que podían ser explicadas con los datos e información científica sobre el clima que ofrecía el Capitán y su personal, y para confirmar la eficiencia de la capacidad tecnológica del inmenso barco.  

Para quien andaba en busca de otras respuestas a preguntas menos científicas o existenciales, las limitaciones que causaban las tormentas servían como una gran oportunidad para leer, archivar y repasar la correspondencia que Sor Bernarda continuaba enviando electrónicamente.

“Thomas Merton fue un monje que promovió en el intercambio de ideas entre el cristianismo, budismo y otras religiones. Muchas de esas ideas cuestionaban ciertos principios y doctrinas que eran considerados como intocables por la Iglesia. Murió en la India el 10 de diciembre de1968 en circunstancias sospechosas, y que electrocutado, cambiando una bombilla." (Sor Bernarda del Castillo, correos electrónicos inéditos)

Sor Bernarda trasladó la importancia de las muertes de Jabibonuco y Diego Sotomayor a otros planos, las convirtió en parte de una narrativa más abarcadora y las vinculó con otros relatos. Las trajo al presente y ayudó a entender los nuevos caminos que  Javier, el otro Diego, Fe, Esperanza y Caridad estaban encontrando. Aunque lo que los personajes seguían buscando era esencialmente lo mismo, el segundo viaje del descubrimiento añadió otros propósitos, otros personajes, otras fuentes.      

“Antonio Pigafetta, viajero italiano (Vicenza 1490-1534) que estuvo ligado a la Orden de Rodas, de la que era caballero. Llegó a España en 1519, junto al monseñor Francisco Chiericato, y se puso a disposición de Carlos V. Hizo una gran amistad con Magallanes,  En los últimos años de su vida, viajó por tierras de Francia para regresar por fin a Italia en 1523. Escribió la relación de aquel viaje, que supuso la primera vuelta al mundo, en lengua italiana y con el título de Relazioni in torno al primo viaggio di circumnavigazione. Notizia del Mondo Nuovo con le figure dei paesi scoperti. Su vida y las violentas justificaciones evangelizadoras continúan hoy en algunas de las ordenes secretas de la iglesia.”  (Sor Bernarda del Castillo, correos electrónicos inéditos)

Fuimos recibidos en el puerto por un hombre color cobrizo, ligeramente vestido con un taparrabos, unas sandalias de cuero y un arreglo de plumas sobre su cabeza. En la mano llevaba un tipo de antorcha cuyo humo usaba para rociar a la gente, Algunos se acercaban para que los cubriera con el humo. Otros se tapaban las narices, reían y se alejaban del anfitrión que recibía a los viajeros que se bajaban del crucero.

El guía-bohique-anfitrión de turistas no se reía; cantaba en una lengua desconocida por los viajeros, y parecía creer firmemente en su rito. Las limpias espirituales continúan más allá de los crucifijos de los inquisidores, la sanación de Javier en Roatán, el árbol de Altagracia en Santurce, el efecto de la flor de la campana en los cuerpos de Fe, Esperanza y Caridad, o el baile de agradecimiento de Jabibounco en el patio de su calabozo en Cádiz.  

El barco iba a estar en el puerto de la ciudad por un periodo de diez horas, suficiente tiempo para  estirar las piernas, después de haber estado encerrados por cuatro días en alta mar, conocer algo de la boca del inmenso rio que estaba cerca de la primera ciudad que visitábamos en camino a Montevideo.

“En una chacra cerca de Montevideo: una vara clavada en la tierra, humo de sahumerio saliendo de un jarrón de barro, botellas de vino, cerveza, agua, café, mate y alcohol, hojas, semillas de maíz, papas y cigarrillos, acomodados alrededor de la frazada que tapaba el pozo donde se iniciaría el ritual. Así, en aquel paisaje, uno por uno, los estudiantes universitarios y sus profesores se arrodillaron para ofrendarle las bebidas y comidas a la madre tierra, y luego se limpiaron con el agua del pozo.” (Daniel Mujica, “Leyendas,  ritos y mestizaje de los pueblos originarios y sus efectos  en el Uruguay contemporáneo.” Monografía Inédita, 1980)

8.2. La vergüenza  

“No son negros completamente; más bien oliváceos; llevan al aire las partes vergonzosas, y carecen de vello en cualquiera. Y así hombres como mujeres, andan del todo desnudos.” (Antonio Pigafetta. Primer Viaje Alrededor del Globo)

Que no sentían vergüenza fue mi primera idea, reacción ante los nibelungos que viajaban conmigo en el tren de Cádiz a Sevilla. Sus ajustados pantalones marrones delineaban el tamaño, las formas de sus partes privadas; y sus pelos rubios, sucios, entrenzados y entrelazados con hojas los distinguía de los otros y algo rudimentarios pasajeros, vestidos con ropas comunes para la época de verano.

Saqué mi smart-phone, les pedí permiso - no quería que se molestaran y me avergonzaran, cuestionando públicamente mi atrevimiento -, si les podía tomar unas fotos.

Sonrieron, dijeron que sí, y posaron, como si fuesen payasos en un circo: muecas, abrazados, piernas abiertas, estiradas, unos sobre otros. Nos reímos y entablamos amistad.

El más obscuro, maquillado, de ellos se interesó mucho en mi investigación y lectura de las crónicas, ya que sus estudios en historia lo familiarizaron con los escritos de Ulrico Schmildel, un soldado alemán que acompañó a Cabeza de Vaca, durante la colonización de los territorios que hoy son conocidos como Argentina, Uruguay, Paraguay; y quien escribió sobre sus expereincias colonizadoras.  

Sor Bernarda me había enviado por correo electrónico las copias de los archivos quemados junto a otras fichas y títulos de crónicas que servían para empatar las vidas de los colonizadores, sus contradicciones cristianas y deseos muy humanos. Una vez en Sevilla, transferí las crónicas a mi ordenador y se las mostré a Gunter, el joven actor que había conocido en el tren, y con quien luego me reuní en el hotel sevillano.

“Allí nos encontramos con un pueblo de indios llamados zechuruass que constaba como de unos 2.000 hombres, y que no tenían más de comer que pescado y carne. Estos al llegar nosotros, habían abandonado el pueblo huyendo con mujeres e hijos, de suerte que no pudimos dar con ellos. Esta nación de indios se anda en cueros vivos, mientras que sus mujeres se tapan las vergüenzas on un paño de algodón que les cubre desde el ombligo hasta la rodilla.” (Ulrich Schmidel. Viaje al Rio de la Plata, 1534-1554)

No más me vio, Günter me abrazó, trató de darme un beso en el lobby del hotel, y yo, mas avergonzado y recatado que él, controlé mis deseos, le dije o- Aquí no.

Cuando llegó al hotel ya no estaba disfrazado de nibelungo. Su ropa estrujada, sin peinar, su cigarrillo listo para caerse, en el borde de los labios le daban un porte de poeta tipo beat, neo-existencialista. El descarado atrevimiento no era desfachatez, era su estado normal. Lo que para mí se limitaba a un planteamiento teórico, para él era pura praxis. Había transcendido los valores del pequeño burgués que tanto detestaba.

Para servir de testigo tengo a las flechas de San Sebastián que apuntaban hacia nosotros. Por lo menos, eso fue lo que percibí cuando lo empujé y me encontré de frente con una mala copia del cuadro que decoraba el recibidor del muy antiguo hotel. Juro que fue en ese momento cuando las flechas de San Sebastián adquirieron su verdadero significado.

Después de aquel día, cada uno tenía planes distintos: él pensaba viajar hacia Alemania y yo iba en camino a pasar unos meses entre Barcelona y Génova antes de tomar el barco que me llevaría a Sur América, la mismas rutas de Colón, Magallanes, pero esta vez en un crucero.

Ni él, después de llevar unos cuantos meses deambulando por España, regresó inmediatamente a Alemania – regresó mucho después, ni yo me fui a Barcelona en aquel momento.

Nos mudamos a un hotel que le debía estrellas a cualquier guía de turistas, con puertas que no llegaban al piso; por donde entraban y salían ruidos, aullidos y gemidos que acompañaban a las servidoras sexuales que por allí venían con sus clientes, y a nuestra lujuria; nuestra insaciable lujuria.

8.3. La Lujuria

“Mas después de esto, mientras nuestro general, tum Pietro Manthossa se hallaba a unas 8 ó 9 millas distante de nosotros, resultó que habíamos tenido a bordo de nuestro navío a ton Jerg Manthossa primo del señor tonn Pietro Manthossa: este se había enamorado de la hija de un vecino en Palman  y como estábamos por salir al día siguiente, el dicho thonn Jerg Manthossa bajó a tierra esa misma noche, a las 12, con 12 compañeros de los buenos, y sin ser sentidos se robaron de la isla Palman a la dicha hija de aquel vecino, con la doncella, ropa, alhajas y algún dinero, volviendo en seguida al navío muy ocultamente para no ser sentidos ni por nuestro capitán, Heinrich Paimen, ni por otra persona alguna de los del navío; sólo la guardia se apercibió de ello, por ser la media noche.”  (Ulrich Schmidel. Viaje al Rio de la Plata, 1534-1554)El pene, rojo de tanta fricción, con la erección en espera de completar su misión, apuntaba el camino. No le hice caso, lo guardé y me llegué hasta la mesa, el mantel, a terminar de sacar las manchas dejadas por el vino tinto, muy buen año. Cada cama es una escuela; cada amante, un maestro.

Me quité los manchados calzoncillos. Busqué ropa limpia. Me cambié. El pene seguía medio erecto. Se me salió por los lados de los malgastados jockeys. Lo acomodé con mucho cuidado. Me puse unos pantalones largos. Un vaso de agua. Me cambié de camisa. Debí peinarme con cepillo, me dije. Me quité la camisa. Me peiné de nuevo. Encendí unos de los ilegales. Puse música de jazz latino; acompaña muy bien la reflexión sobre lo aprendido en la cama. Hacer de activo requiere firmeza y dirección clara. Deseaba música lenta y de amor, me dije a mí mismo. Siempre, Gato Barbieri.

Aquel agosto caluroso, humedad y aire acondicionado, la ciudad llena de turistas, el apartamento, acabado de limpiar, impecable, sabe a romance en plenilunio. El timbre del teléfono. No podía ser el alemán que conocí en el tren ni el uruguayo que había conocido en Génova. Era mi mejor amigo. Estaba de vuelta en Nueva York.

- Hola, ¿qué haces?
- Soñando bajo los efectos de un pitillo.
- ¿En qué o quién?
- En ellos. ¿Qué quieres que haga?
- ¿En cuáles?
- En muertos y vivos. En estos momentos, en Gunter y Daniel. El de anoche fue una lección para aprender a acostumbrarme
- ¿No te da vergüenza andar con uno y soñar con otros? Bueno, si no tienes más nada que hacer.
- Todos los affaires me dejan mal y bien a la vez. Sevilla tuvo que ser, con su lunita plateada. Se quedarán grabados, y Manhattan no los rellena.
- C’est la vie
- Muchos años más tarde sigo "a la recherche du tricks perdu".
- Sigues con el monotema. Bloomingdales está ofreciendo una venta especial de zapatos. ¿Vamos?
- Sí, vamos.

“Estaba también otro capitán presente que tenía su navío a la par del nuestro, con rumbo a New-Hispanien , o sea, Mechssekhen: este se hallaba en tierra con 150 hombres, y cuando supo de nuestro combate, trató de hacer las paces entre nosotros y los de la ciudad, bajo la condición de entregarles las personas de ton Jerg Manthossa, la hija del vecino y su sirvienta. No tardaron en presentarse el Stathalter  y el Richter en nuestro navío, pretendiendo llevarse presos a thon Jerg Manthossa y a sus cómplices. Al punto les contestó él que era ella su legítima mujer, y a ella no se le ocurrió decir otra cosa, casándose en seguida, con gran disgusto del afligido padre; y nuestro navío quedó muy estropeado de resultas de los balazos.” (Ulrich Schmidel. Viaje al Rio de la Plata, 1534-1554) 

El hombre cuarentón, fornido, me miró directamente, sonrió libidinosamente y siguió estudiando la pieza en el museo que visité después de pasar por la casa de Colón  en Génova. Lo miré, sonreí y seguí caminando por otras galerías. No recuerdo su cara. Recuerdo el pasarnos, mirarnos, desearnos, y no hacer nada más. Recuerdo su pasión por la obra que el allí observaba. No recuerdo la pieza. El estudiaba con detenimiento las obras. Yo las paseaba.

Siempre me han atraído la gente de mi edad o un poco más viejos, y en Génova pude haber parado, conocido al cuarentón,  hablar con alguien; decidí que prefería la imagen, la memoria, el deseo sin las complicaciones de lo concreto. Escribí unas notas sobre ese momento y seguí caminando por el puerto, tomé un café, esperé la tarde; las que siempre me angustiaban antes de mi viaje al pueblo donde nació Colón. 

Nos dice Lacan que el deseo erótico en los humanos está tan ligado a las fantasías, que al fin de cuentas es un acto narcisista, es a nuestro ego enamorado al que amamos. Si para los animales la copulación es el foco de la sexualidad; para nosotros es la fantasía la que nos guía el acto sexual. De encontrar fallas en nuestra pareja, perdemos el deseo. 

Las tardes del pueblo caluroso, caribeño, rodeado de cañaverales, despertaban una especie de melancolía que no comprendía; aprendí a vivir con ella, disfrutarla. El pueblo se acostaba y no había salida ni espacio para satisfacer los deseos  de un adolescente que curioseaba otros nortes, otros cuerpos. Pensaba que al dejar el pueblo, el saudade, aquel estado de ánimo que me arropaba una vez la luz tenue, algo amarillenta, barruntaba la llegada de la noche, iba a ser amortiguado. Llegaban las tardes, llegaba la melancolía, llegaba el deseo. En Génova ocurrió el milagro.

El cuarentón del museo sirvió de catarsis. En el café, aquella tarde de verano, después de visitar a Colón, la melancolía no hizo su aparición. Tampoco surgió el deseo de poseer al otro. Quizás la melancolía vivida en aquel pueblo era causada por la falta de una experiencia concreta que hubiese permitido canalizar mis deseos de ser europeo y encontrar mi descubridor, y al no poder satisfacer lo que estimulaba el deseo, la melancolía se apoderaba de mi estado de ánimo. Quizás, a saber.   

Lacan, un vez más: nuestros deseos se fundamentan en una ausencia, ya que la fantasía no responde a nada real. Colón se concretizó en una pequeña y humilde casita de Génova, perdió su magia; y al descartar al cuarentón del museo, controlé mis fantasías. La melancolía sin substancia no podía volver a arroparme. 

“Cuenta la leyenda guaraní que un día cuando Pitá estaba cortando frutos de tacú apareció junto a una roca un animal que parecía querer atacarlo. Para defenderse, Pitá tomó una gran piedra y se la arrojó con fuerza, pero en lugar de alcanzarlo, la piedra dio contra la roca, y al chocar saltaron algunas chispas. Este era un fenómeno desconocido hasta entonces y Pitá, al notar el hermoso efecto producido por el choque de las dos piedras volvió a repetir una y muchas veces la operación, hasta convencerse de que siempre se producían las mismas vistosas luces. En esta forma descubrió el fuego. Sirve dicha leyenda para comprender la función de otro fuego y su continua aparición entre los descendientes de los pueblos originarios y los de los colonizadores. Es el mismo fuego que nos lleva al deseo de juntarnos unos con los otros.” (Daniel Mujica, “Leyendas,  ritos y mestizaje de los pueblos originarios y sus efectos  en el Uruguay contemporáneo.” Monografía Inédita, 1980) 

Algunas de las tardes en Frankfurt parecían tomas de escenas de la películas “Hiroshima mon amour”, con las conversaciones sobre dos pueblos distintos, dos visiones del mundo, y no un retrato de la vida de una pareja de amigos y amantes. Todavía para aquella época la palabra que se usaba para referirse a las parejas de hombres gays era amigos; son amigos, decían los que hablaban de ellos, nosotros.  

Günter vivía en un complejo de viviendas, construidas y manejadas por el gobierno, habitadas por proletarios, en su mayoría, inmigrantes turcos y sus hijos. Yo vivía en lo que el aquel entonces era todavía el barrio más bohemio y liberal de la ciudad de Nueva York, Greenwich Village. Él era escritor y trabajaba a tiempo parcial para la radio alemana. Yo era maestro.

- Ahmed, Ahmed - gritaba una madre, continuamente, desde la ventana en algún apartamento contiguo,  llamando a algún chiquillo que parecía que nunca estaba en casa. Por dónde estará Ahmed a estas horas de la cena, decíamos cargados de sarcasmo, nos reíamos, hacíamos el amor, fumábamos un ilegal, y seguíamos con nuestras extensas conversaciones.

- No puedes ser tan categórico. ¿Qué sabes tú de ellos? ¿Qué sabes tú de la guerra? No estuviste allí.

Los deseos sexuales eran tan poderosos como los debates. El restregar ideas como parte integral del deseo de conquistar al otro es una experiencia inigualable: eros y cerebro juntos. Nada que ver con los poemitas románticos de damiselas y tenorios decimonónicos. El deseo guía la palabra bien pensada, busca al que quiere ser conquistado. Retos verbales, disimuladas alegorías eróticas, nuevos retos verbales,  ideas de peso, una guiñada, forman un rompecabezas sexual donde cada jugador coloca las piezas sin saber cómo lucirá en su totalidad. No importa, el placer se ha ido consumiendo.

- - ¿Has pasado hambre? ¿Sabes lo que es ver a tus vecinos comer sus bizcochitos con chocolate y tú solo haber comido un poco de arroz blanco con un huevo frito encima? ¡Qué importa quién ha colonizado a quién! ¿Tú, colonizado?

Una sonrisa, el brillo intenso de los ojos, la movida del cuello hacia el lado son claves concluyentes que sirven para asegurarte que estás en camino a lograr el propósito, que te puedes mover de la silla al sofá,  sentarte a su lado.

- Qué importa lo que digan los libros. Los colonizados son todos los que le sirven al estado, el que sea, sin cuestionarlo.

Los labios, los ojos, las cejas, las manos, el cuerpo revelan la intensidad de la sensación, el placer de saber que ese cuerpo será tuyo.

- ¿Por qué no le preguntaste sobre los campos de concentración que estaban cerca de tu casa? ¿Cómo no iban a saber en un pueblo de mil habitantes?  

Dos cuerpos con muy altas temperaturas, dos hombres de treinta y pico de años, sobre-testorenados, emiten tanta energía como una micro explosión atómica; un sofá es demasiado pequeño para contenerla. La energía devora, mueve fuerzas, transforma la razón, la desplaza.

- Cuando no hay comida, no se puede teorizar. Tienes que comer primero. ¿Has luchado alguna vez contra el poder de una masa?

Una mano agarrando la cintura mientras la otra señala hacia la cama, la habitación, dirige los tremores, pequeños temblores corporales, hacia un espacio más intimo, más cómodo. El deseo requiere menos accidentes. Un sofá limita, demasiado pequeño para la magnitud de la explosión que generan dos hombres.   

- ¿Por qué esperaste tanto para ir a los campos de concentración?

Sobre los cuerpos desnudos de los dos hombres, las sábanas forman olas; inmensas, algunas; lentas y suaves, otras. La punta de la lengua trazando un cuerpo, erizando la piel, revienta el vaivén de las sábanas para revelar un par de piernas, dos pares de piernas, nuevas olas; ya no son sábanas, son cuerpos de hombres. Caricias. Un gemido, otro, estimulados por el aceite que súbitamente enfría la piel, tranquiliza las olas; acompañan la tenue y amarillenta luz solar que entra por la ventana.

- Ahmed, Ahmed - grita la madre musulmana, cubierta de negro, mientras los dos hombres hablan, beben cervezas, fuman y se compenetran. 

“Una hermosa doncella española, Mburukuyá, y  un joven guaraní. Tabaré, estaban enamorados. Mburukuyá no era su nombre, sino el apodo que le había dado Tabaré. Se amaban en secreto, a escondidas, ya que su padre jamás habría aprobado tal relación. Su padre ya había decidido que ella se casara con un capitán a quién creía digno de obtener la mano de su única hija.

Mburukujá fue confinada en su casa y tenia que contentarse con ver a su amado desde la ventana de su habitación. Tabaré no se resignó a perder a su amada, y todas las noches se acercaba a la casa intentando verla y para dejarle saber a su amada que estaba en los alrededores, tocaba una melancólica melodía en su flauta.

Mburukujá no podía verlo, pero esos sonidos llegaban hasta sus oídos y la llenaban de alegría, ya que confirmaban que el amor entre ambos seguía tan vivo como siempre, hasta que una mañana ya no fue arrullada por los agudos sones de la flauta. En vano esperó noche tras noche la vuelta de su amado.

 Por días permaneció sentada frente a su ventana, soñando con ver aparecer algún día a su amante. Luego de varios días se acercó una la anciana madre de su enamorado, quien le contó que el joven había sido asesinado por el padre después de descubrir el oculto romance de su hija.

Mburukujá decidió escapar, y siguió a la anciana madre hasta el lugar donde reposaba el cuerpo de su amado. Enloquecida por el dolor cavó una fosa con sus propias manos, y luego de depositar en ella el cuerpo de su amado, tomó una de las flechas de su amado, y  la clavó en medio de su pecho. Mburukujá se desplomó junto al cuerpo de aquel que en vida había amado.

La anciana observó sorprendida como las plumas adheridas a la flecha comenzaban a transformarse en una extraña flor que brotaba del corazón de Mburukujá. No pasó mucho tiempo antes de que los vecinos que recorrían la zona comenzaran a hablar de una extraña planta que nunca antes habían visto, y cuyas flores se cierran por la noche y se abren con los primeros rayos del sol.” (Daniel Mujica, “Leyendas,  ritos y mestizaje de los pueblos originarios y sus efectos  en el Uruguay contemporáneo.” Monografía Inédita, 1980)

8.4. La Codicia

“Estos carendies traían a nuestro real y compartían con nosotros sus miserias de pescado y de carne por 14 días sin faltar más que uno en que no vinieron. Entonces nuestro general thonn Pietro Manthossa despachó un alcalde llamado Johann Pabón, y él y 2 de a caballo se arrimaron a los tales carendies, que se hallaban a 4 millas de nuestro real. Y cuando llegaron adonde estaban los indios, acontecioles que salieron los 3 bien escarmentados, teniéndose que volver en seguida a nuestro real. Pietro Manthossa, nuestro capitán, luego que supo del hecho por boca del alcalde (quien con este objeto había armado cierto alboroto en nuestro real), envió a Diego Manthossa, su propio hermano, con 300 lanskenetes y 30 de a caballo bien pertrechados: yo iba con ellos, y las órdenes eran bien apretadas de tomar presos o matar a todos estos indios carendies y de apoderarnos de su pueblo..…allí nos detuvimos 3 días y recién nos volvimos al real, dejando unos 100 de los nuestros en el pueblo para que pescasen con las redes de los indios y con ello abasteciesen a nuestra gente; porque eran aquellas aguas muy abundantes de pescado. (Ulrich Schmidel. Viaje al Rio de la Plata, 1534-1554)

Hijo de la guerra (su padre fue soldado en la misma), al igual que otros alemanes de su generación, le tocó enfrentarse a los demonios que le dieron pie al genocidio, racismo, nacionalismo que fomentaron la invasión de otros países y el exterminio de judíos, gitanos, homosexuales. Una generación representada por algunos cuyas voces no negaban lo que ocurrió y que usaron esa funesta gesta para plantearse quiénes eran, cómo, y a criticar sin miramientos todo tipo de postura ideológica y exigir una sociedad más justa y equitativa.

En sus casas y reuniones, con el mismo peso que se discutían la historia occidental, sus ideas y escalas de valores subyacentes, las décadas pos-modernistas, la contra cultura, las ideas de Adorno, Marx, Gramsci y otros tantos que superan cualquier prontuario de un curso sobre las civilizaciones, la codicia también era discutida.  

Conocer a Günter me llevó a conocerlos y aprender de ellos. Más de una vez, mi cómoda vida de pequeño-burgués-socialista de salón fue transformada por esa experiencia y por esos jóvenes.

No más llegar por primera vez a Alemania, fuimos a visitar una comuna de hombres gay que vivían en una finca, en una aldea a dos horas al norte de Frankfurt. Allí verdaderamente aprendí lo que era compartir. Nadie era dueño de nada y quien primero agarrara el suéter, cepillo de dientes, cama se apoderaba del mismo, lo usaba, lo soltaba, y así seguían sus usos y deslindes.

La comida era de todos y para todos; incluyendo a las visitas que continuamente entraban y salían de la antigua casa. Por las puertas también entraban algunos animales de la finca: cabros, ovejas, gatos y perros. Los platos sucios eran dejados en el fregadero, pasaban los días y los platos se acumulaban hasta que a alguien sin protestar los fregaba.

Visité otras comunas (casi todos vivían en grupos) y unas más anárquicas que otras pero todas dentro de un marco de libertad y respeto mutuo. Claro, no negaban decir la verdad como la sentían, y en esos grupos, esas verdades eran analizadas hasta más no poder.  

Si la generación de Günter en Alemania se vio obligada a enfrentar los demonios del nazismo, la nuestra en Nueva York tuvo que mirar de frente a la epidemia del siglo: el Sida. Y aquellas experiencias en Alemania me servían para entender y mirar de frente lo que acá estaba forjándose.

Marchar, asistir a reuniones de grupos de apoyo, visitar amigos en los hospitales, ayudar a otros a cuidar a sus amantes se convirtieron en tareas muy comunes entre muchos de nosotros. Darle cara a los homofóbicos en el trabajo, en círculos de amigos de ideologías progresistas, de la cintura para arriba; y a unos cuantos tuve que tolerar, oír y contrarrestar sus prejuicios.

De Alemania a Nueva York y de Nueva York a Alemania el pos-modernismo vino acompañado de unos esquemas que han servido de base para seguir apreciando la vida y frente al SIDA, por el post mortem.

“Así aconteció que llegaron a tal punto la necesidad y la miseria que por razón de la hambruna ya no quedaban ni ratas, ni ratones, ni culebras, ni sabandija alguna que nos remediase en nuestra gran necesidad e inaudita miseria; llegamos hasta comernos los zapatos y cueros todos.

Y aconteció que tres españoles se robaron un rocín y se lo comieron sin ser sentidos; mas cuando se llegó a saber los mandaron prender e hicieron declarar con tormento; y luego que confesaron el delito los condenaron a muerte en horca, y los ajusticiaron a los tres. Esa misma noche otros españoles se arrimaron a los tres colgados en las horcas y les cortaron los muslos y otros pedazos de carne y cargaron con ellos a sus casas para satisfacer el hambre. También un español se comió al hermano que había muerto en la ciudad de Bonas Ayers.

La mitad de la gente se nos murió en este viaje de esta hambre sin nombre, y la otra mitad hubo que hacerla volver al susodicho pueblo, do se hallaba nuestro Capitán General. Thonn Pietro Manthossa quiso tomar razón a Jergen Lichtensteinen287, nuestro capitán en este viaje, porque tan pocos habíamos vuelto siendo que la ausencia sólo había durado 2 meses288; a lo que le contestó éste que de hambre habían muerto, porque los indios habían quemado la comida que tenían y habían huido, como ya se dijo antes en pocas palabras. (Ulrich Schmidel. Viaje al Rio de la Plata, 1534-1554)

8.5. La Envidia

“Al Ilustrísimo y Excelentísimo Señor Filippo Villers Lisleadam Ínclito gran maestre de Rodas y su observantísimo señor… relación de tales cosas: así pudiesen proporcionarme a mí mismo satisfacción y me alumbraran también renombre en la posteridad.” (Antonio Pigafetta. Primer Viaje Alrededor del Globo)

- ¿Y qué lo trajo por aquí?”, me preguntó la señora encargada de de la pequeñita casa-museo donde alegan nació o vivió el genovés que comenzó la europeización  de las Américas.

- Ando buscando a Colón - le contesté. Sonrió, me dio, no recuerdo, qué información. Puede que la usara luego para mi planeado libro sobre los colonizadores, su moral, sus creencias. sus contradicciones. Ni la revise, ni pedi mas información. Caminé un poco por la pequeña casa, salí y seguí paseando por Génova sin rumbo, sin deseos de trabajar.

La envidia, el cinismo, y  otros males aquejan/caracterizan a los colonizados/ neo-colonizados/oprimidos/proto-colonizados: los homosexuales que se odian por serlo, los negros que se tiñen el pelo de rubio, los mulatos que juran ser descendientes de europeos.

Cuentan las leyendas que Esopo, el más conocido de todos los cínicos, era un esclavo egipcio que creaba, de haberlas creado,  las fábulas porque si hablaba literalmente de los faraones podía ser ejecutado. ¿A cuántos no siguen/ seguimos ejecutando o tratando de ejecutar los modernos faraones? Deseamos, envidiamos lo que tiene el otro.

“Disponen de infinidad de papagayos, y cambian ocho o diez por un espejo; y gatos maimones pequeños, semejantes a los cachorros de león, pero amarillos: una preciosidad. Amasan un pan redondo, blanco, de médula de árbol, de sólo regular sabor; se halla dicha médula bajo la corteza, y parece requesón. Tienen cerdos con la particularidad del ombligo en la espalda, y grandes pájaros con el pico como un cuchara.” (Antonio Pigafetta. Primer Viaje Alrededor del Globo)

Todos los doce de octubre cantábamos  - “En un pueblito de Italia nació Cristóbal Colón/ y la gente se burlaba/ al palacio del rey…” -  los estudiantes en la elegante escuela elemental al final de la cuesta en la Calle Nueva, en aquel pueblo caluroso, seco, de frente al quieto Mar Caribe; nos españolizaban. Ellos tan gloriosos, nosotros tan subordinados.  

Todos los doce de octubre teatralizábamos la “gesta descubridora” y nos alegrábamos de haber sido parte de la colonización de las Américas.

En un pueblo donde la mayoría de la población era de ascendencia africana, nunca aprendíamos canciones ni leyendas sobre las gestas de los esclavos. De los pataquíes, relatos yorubas, se hablaba en las casas, en secreto. Mirábamos hacia España y Europa, y un poco hacia los EEUU; pero era España nuestro norte.  

Génova era parte de la memoria colectiva de mi generación en el Puerto Rico de los cincuenta. Hasta esa generación, si tenías recursos, era a Europa donde los jóvenes económicamente pudientes de la isla de los encantos iban a estudiar. Con el tiempo, al ser tomada por curas y monjas estadounidenses,  la colonización y control de la educación privada cambio el “status symbol”: las generaciones que nos siguieron deseaban poder asistir a las universidades norteamericanas. Ya no se habla de Génova, ni cantan “en un pueblito de Italia;  todavía no leen sobre los pataquíes. Siguen envidiando al otro.

En la entrada al cementerio del ya mencionado pueblo caribeño se encontraban los muy elegantes panteones de las familias fundadoras del pueblo. Aquellos blancos panteones servían para  reafirmar quienes eran los que definían la historia y la colonización. Hoy, de vuelta al pueblo, uno de los panteones fue comprado por unos nuevos ricos chinos y transformaron el panteón en una petite pagoda color rojo subido.

“Después navegamos de esta isla a otra que se llama Río Genna a 500 millas de la anterior, dependencia del rey de Portugal: esta es la isla de Río Genna en Inndia y los indios se llaman thopiss. Allí nos quedamos unos 14 días. Fue aquí que thonn Pietro Manthossa, nuestro capitán general, dispuso que Hanss Ossorio, como que era su hermano adoptivo, nos mandase en calidad de su lugarteniente; porque él seguía siempre sin acción, tullido y enfermo. Así las cosas él, Hans Ossorio, no tardó en ser malquistado y calumniado ante thonn Pietro Manthossa, su hermano jurado, y la acusación era que trataba de sublevarle la gente a thonn Pietro Manthossa, el capitán general. Con este pretexto él, thonn Pietro Manthossa, ordenó a otros 4 capitanes llamados Joan Eyolas, Hanns Salesser, Jerg Luchllem y Lazarus Sallvaischo que matasen al dicho Hanns Assario a puñaladas, o como mejor pudiesen, y que lo tirasen al medio de la plaza por traidor. Más aún, hizo publicar por bando que nadie osase compadecerse de Assirio so pena de correr la misma suerte, fuere quien fuere. Se le hizo injusticia, como lo sabe Dios el Todopoderoso, y que Él lo favorezca; porque fue aquel un hombre piadoso y recto, buen soldado, que sabía mantener el orden y disciplina entre la gente de pelea.” (Ulrich Schmidel. Viaje al Rio de la Plata, 1534-1554)La melancolía puede ser activada por el deseo reprimido, la ira, quizás por el tedio, o por la envidia de no haber sido el otro, el vecino con mas juguetes, el más blanco, el más guapo, el que tiene más comida, el que se iba a Europa, el descendiente directos de los colonizadores. En Génova se dio el milagro. El deseo de poseer al otro desapareció.

8.6. Reencarnación

 “I-Yará pasó por una región de la tierra donde el hombre aún no había llegado y al ver despoblado un lugar tan hermoso, decidió llevar a Tupá un trozo de tierra de ese lugar. Tupá amasando la tierra y le dio forma humana, creó dos hombres destinados a poblar la región. Uno era blanco y lo llamó Morotí, y al otro de color rojizo, Pitá. Los hermanos se enemistaron, la codicia se apoderó de ellos, hicieron la guerra y Tupá, lleno de cólera, envió a I-Yará para que lograra la paz y el amor guiaran sus vidas. Los dos hermanos se arrepintieron, se abrazaron, y mientras se abrazaban iban perdiendo sus formas humanas hasta transformarse en una planta que dio hermosas azucenas moradas. Con el tiempo, las flores también se transformaron, de moradas a  blancas. Pitá y Morotí se convirtieron en flores.” (Daniel Mujica, “Leyendas,  ritos y mestizaje de los pueblos originarios y sus efectos  en el Uruguay contemporáneo.” Monografía Inédita, 1980)

El navegar por la red durante el viaje en barco entre España y Sur América sirvió para reencontrarme con  el cuarentón que había visto en Génova. Aparece por segunda vez en dicho viaje, en una monografía que colgó en la pared de su página socio-cibernética. No supe que era él hasta más tarde cuando lo conozco en persona, y entablamos una gran amistad. Concordábamos en cuanto a asuntos espirituales, las relaciones personales y el estudio de pueblos originarios; en lo demás, distinto a Gunter, en pocas cosas estábamos de acuerdo. El deseo nunca es suficiente para entrelazar los cuerpos.
Gunter y yo teníamos gustos muy afines en la política, literatura, justicia social, en el deseo el uno por el otro. Lo que no concordaba era nuestra capacidad para ser amados con armonía. Una relación intensa llena de luchas irresolutas. Luchas que no eran producto de las ideas sobre el arte, la política, las relaciones humanas fuera de la nuestra; eran producto de nuestra incapacidad de amar sin condiciones. Gunter era un ser muy libre. Yo, un controlador sin límites.

Nos tocó vivir la peor década del Sida, y ser testigos de lo que estaban padeciendo algunos de nuestros mejores amigos, morir lenta y cruelmente: la medicina no sabía qué hacer, ni sabe todavía, pero hoy está mejor preparada.

Fuimos testigos del lento deterioro y sufrimiento que Frank, Joachim, Paul, Gary, Guillermo, Michael, Albert, José (por nombrar los más cercanos) enfrentaron durante ese terrible periodo. Cuando Bárbara, otra de los nibelungos, para decirme que Günter también había muerto, el vacío y dolor que sentí todavía no se apagó; se transformo en una nueva búsqueda; reencarnó en una nueva compresión de la sexualidad y sus vínculos con los espíritus.

Si se quiere a alguien de veras no se olvida el dolor, se aminora y se armoniza, pero el espacio que llenaba esa persona no puede ser rellenado. Quedan las alegrías y las penas, y el agradecimiento de haberle conocido. El dolor de no poder envejecer juntos reaparece y enfurece; se encamina en nuevos proyectos, nuevas introspecciones. Se transforma.   

Hablábamos extensamente, largas horas, confrontando nuestras ideas, debatiendo, rechazando, aceptando la razón del otro, defendiendo la personal. Él, al igual que muchos de sus amigos y conocidos,  no iba a olvidar lo particular de su generación: hijos de la guerra, con padres que fueron soldados, militantes en el partido de los nazis. No podía dejar de defender su compromiso con la transformación social.

Nuestras tardes fueron clasificadas como sesiones de concienciación político-sexual por uno de los auto-nominados gurús en una de las muchas, “gay friendly”, comunas “heteros” que existían en el Frankfurt de los setentas y ochentas. En aquellas extensas y muy dinámicas casas la vida gay había tomado otro giro, seguía el modelo impuesto por los movimientos de liberación sexual. Ya no eran vidas clandestinas, ni se tenían que jugar papeles copiados de las reprimidas vidas de los pequeños burgueses o las nuevas masas de clases medias. 

Terminó la relación porque no tenía más camino. Se había completado un ciclo. El muere cuatro años mas tarde. No regresé a Frankfurt hasta después de su muerte. Las comunas desparecieron para ser reemplazadas por yuppies y condominios. Los nibelungos solo existen en las operas y cuentos mitológicos. Frankfurt es otro Manhattan.

Montevideo todavía no lo es. El camino a Uruguay estaba todavía minado por lo que dejaron los colonizadores, los correos sobre la evangelización que me enviaba Sor Bernarda así lo comprueban, detonados por los trabajos que explican el mestizaje cultural y religioso que surge de ese proceso colonizador que se transforma en uno de revelación.  

“La imposición colonizadora, como bien le llama Rama, produce unas alianzas y luchas que destruyen, y sobre esa destrucción construimos un nuevo país.

‘Cuartel General
Arroyo Grande Febrero 20 de 1831

Deseoso el Presidente General en Jefe de dar cumplimiento a los últimos acuerdos del Excelentísimo Gobierno que por conducto del Secretario del Ejército le han sido transmitidos recientemente, y también, de activar en cuanto sea posible, las disposiciones anunciadas ya, para llevar al cabo las operaciones de la nueva Campaña sobre los Salvajes, que tanto promete a los más caros intereses de la nación; es que juzga de su deber instruir al Excelentísimo Gobierno de su marcha en el día de mañana a situarse en el Cantón del Durazno, para consagrar sus primeras atenciones a aquellos importantes objetos. Entretanto, tiene el honor de saludar al Excelentísimo Gobierno, con los sentimientos de su más alta consideración y distinguido aprecio. Fructuoso Rivera’

Los salvajes a los que se refería Fructuoso Rivera no era solamente los pueblos originarios, incluía a otros grupos: los mestizos y los gauchos.” (Daniel Mujica, “Leyendas,  ritos y mestizaje de los pueblos originarios y sus efectos  en el Uruguay contemporáneo.” Monografía Inédita, 1980)

Si Gunter tenía muy claro la historia de su pueblo, sus horrores y engaños, el papel de las instituciones en manipular los hechos, censurarlos, Daniel todavía anda buscando entender quién es, encontrar coherencia narrativa en los fragmentos, los documentos que la memorizan, y la desvirtúan; en la religión transformada por el sincretismo; en el mestizaje cultural que resulta,  

- No me gusta el mate, ni ningún tipo de té.
- El mate no es un té. Es nuestra historia común.
- Si entiendes esa relación entre lo material y la historia, ¿por qué te parece tan extraño que me guste comer plátanos fritos como acompañante de las carnes?

La sonrisa fue su respuesta. Estaba tratando de entender su vida en virtud de las vidas de otros más cercanos a él, y no estaba listo para asimilar las otra, las que le faltaban conocer. Abandonar su cómoda vida de hombre gay, burgués uruguayo y empezar de nuevo no lo había llevado todavía a trascender lo inmediato. El Caribe estaba muy lejos. Jabibonuco no era Tabaré, ni Yara era Tupá, ni mucho menos Fructuoso Rivera era Madame K’lalud.

Las leyendas guaraníes le servían para rellenar las lagunas que la historia oficial había dejado en blanco, fragmentado su sentido de pertenencia en un país tan joven. Su estricta educación y formación católica no incluía las historias de los otros pueblos y sus creencias que de alguna forma seguían influyendo sobre su vida. Empatar todo aquello no dejaba espacio para conocer lo que parecía tan lejos.
  
“La Leyenda del Chajá sirve para comprender las ideas religiosas de los pueblos originarios en las Américas que creían firmemente en la reencarnación, fundamento para otra de sus creencias, la transformación espiritual.

Aguará, el Cacique de una tribu guaraní, envió a su hija Taca, quien manejaba el arco con toda maestría, y a Ará-Naró, un valiente guerrero quien era su novio. a cazar un jaguar que merodeaba continuamente y atacaba a los pobladores; muchas fueron las víctimas del sanguinario animal. 

Ará-Ñaró y Taca partieron una noche de luna lena. Los deseos de matar eljaguar les daba fuerza. Cuando llegaron al bosque, Ará-Ñaró aconsejó prudencìa a su compañera, pero ella, en el deseo de terminar de una vez por todas con el carnívoro, adelantándose, lo animaba y le decía - “yahá!”…, “yahá!”… (vamos, vamos)

La fiera los esperaba en el bosque. En aquella lucha ninguno de los tres salió triunfante. Taca, Ará-Ñaró y el jaguar pagaron con sus vidas. 

Pasaron los días. Cuando en el poblado se convencieron de que los jóvenes guerreros habían muerto, el viejo Cacique, por causa de la tristeza se fue consumiendo lentamente, hasta que Tupá, lleno de compasión, le quitó la vida. 

Todos lloraron al anciano Aguará, que había sido bueno y valiente, y de quien su pueblo recibiera tantos beneficios. Prepararon una gran urna de barro, y después de colocar en ella el cuerpo del Cacique, pusieron sus prendas y, como era costumbre, provisiones de comida y bebida. 

En el momento de enterrarlo, en el lugar que le había servido de vivienda, una pareja de aves, hasta entonces desconocidas, hizo su aparición gritando: -- “yahá!”…, “yahá!”. Eran Taca y Ará-Naró, que convertidos en aves por Tupá, volvían al poblado de sus hermanos.”  (Daniel Mujica, “Leyendas,  ritos y mestizaje de los pueblos originarios y sus efectos  en el Uruguay contemporáneo.” Monografía Inédita, 1980)

- ¿Cómo estuvo el viaje?
- Bien, aburrido. Viajar en un avión es como estar dentro de una lata. No compara con un viaje en barco. Me tengo que acostumbrar a mi nueva vida en Nueva York.
- Estuviste mucho tiempo fuera, en un campo, si comparas a Montevideo con la City.
- No es eso solamente. Tengo que juntar todo, leer de nuevo, escribir desde otra perspectiva, comenzar una nueva vida, darle coherencia al material que recogí, lecturas, entrevistas y enfrentar los demonios que, no dudo, esa nueva lectura me va a desentrañar, despertar. Esperaré unas semanas, quizás me sirvan para limpiarme por dentro, y entonces vuelvo sobre lo que voy a escribir. No estoy listo para el nuevo paso. Todavía, me hacen falta/
- ¿Quién te hace falta? ¿Gunter, Daniel, los estudiantes, los santeros, bohiques, guaraníes?
- Todos.