Friday, November 17, 2017

EL AULA DE LOS LOCOS Y EL MAESTRO CIBERNÉTICO ( CAMINOS DIDÁCTICOS)

EL AULA DE LOS LOCOS Y EL MAESTRO CIBERNÉTICO

Las horas en el aula que antiguamente había sido la sala donde administraban electro-shocks a los locos de Montevideo no parecían tener fin. Para el maestro; no para los estudiantes. 

En el espacioso, frío y árido ambiente sin pizarras o cuadros, las paredes color crema pálido-añejo retumbaban con el cliqueo de los sonidos de las computadoras y los gritos de sus usuarios, estudiantes de secundaria. Los chicos estaban inmunes al efecto que tenía la historia siquiátrica de aquel salón de informática. A su edad, las hormonas eran más poderosas que los flujos espirituales que pudiesen haber quedado vagando por las antiguas salas de lo que una vez fue un manicomio; tantos locos electrocutados no eran rivales para la etapa en que se encontraban los pupilos. Sus gritos eran ante el descubrimiento o solución a un problema cibernético.


No era así con el maestro. Aunque era más maduro, era más blandengue que los adolescentes, controlado por otro tipo de hormonas, y muy propenso a recoger las fuerzas energéticas que las muy trágicas muertes plantaron en las paredes del aula cuando en ella se administraban las curas eléctricas. Durante las horas de clases, el profesor de informática mostraba síntomas como dificultad con la respiración, cutis demacrado y sudor en pleno otoño; también oía voces y sentía miedo, escalofríos. Miedo que perdía todas las noches cuando llegaba su casa, entraba en las redes sociales, se comunicaba con sus supervisores y éstos lo consolaban. 

(Este relato fue copiado del libro Caminos Didácticos 2017)

Wednesday, November 15, 2017

CAMINOS DIDÁCTICOS

Los siguientes relatos fueron copiados del libro inédito: CAMINOS DIDÁCTICOS*:

   MAESTRO DE TERCER GRADO EN LAS MAREAS (1962)

        Coming back –
So many pathways
        through the spring grass.
                     (Yosa Buson. The Essential Haiku. Herbert Hass, ed. 
                              The Ecco Press, 1994)
Las puertas abiertas de par en par disminuían el furor de la brisa, y del efecto que junto a la sal del mar tenían sobre el deseo de caminar, hablar sobre política, filosofía, todo menos dar clases. A lo lejos, la marea del Caribe se llevaba el compromiso que se requería para impartir conocimientos a más de treinta niños con pocas ansias de estar allí aquel agosto caluroso, húmedo, salado.
Primera tarea de los estudiantes: escribir el encabezamiento en sus libretas, nombre y apellidos, grado, nombre de la escuela, nombre del maestro, año escolar. Las únicas tareas que, después de repetirlas por tres años, no requerían mucha supervisión. Para la mayoría, los que nunca habían fracasado desde su primer grado hasta el tercero de sus vidas en aquella barriada de pescadores, era tarea rutinaria, año tras año; otros, los menos, un grupo selecto, los que tardaban hasta cinco o seis años en completar los primeros tres grados de aquella escuela de dos aulas, esperaban que el maestro se le acercase y les señalara donde escribir qué, copiar qué, cómo. Algunos extendían sus manos en espera por la de del maestro para guiarle las suyas hasta formar cada letra, palabra. 
La marea regresaba dando golpes, botando espumas, rugiendo, apropiándose del terreno que era suyo, desviando la vista de los niños hacia el inmenso mar y los botes de los pescadores, sus padres, sus hermanos, su futuro. Para los estudiantes era preferible continuar con las vacaciones de verano a tener que oír al joven maestro, recién graduado de escuela normal, encorbatado y enchaquetado – vestuario exigido por el súper centralizado y burocratizado sistema de instrucción pública. 

La primera tarea del maestro: dar instrucciones sobre libretas, libros materias, responsabilidades, asignaciones. Para los estudiantes, el jugar, pescar, broncearse eran alternativas mucho más atractivas que las ofrecidas por los treinta y pico de pupitres, organizados en filas, apuntando todos en dirección a la negra y recientemente pintada pizarra.

El trabajo de maestro, con tantos estudiantes de niveles tan variados, no era labor para un novato de dieciocho años y mucho menos para quien deseaba conocer el mundo y no terminar encerrado en un caluroso salón de clases. O trabajar de maestro o terminar en una fábrica eran las únicas opciones que se podían explorar, no se conocían otras posibilidades para un joven pobre en aquel pueblo al que pertenecía la villa de pescadores. Ciencias, ingeniería, teatro, letras eran carreras que los muchachos de las clases medias y altas podían explorar. Para los pobres, poder ir a la universidad era un lujo; estudiar por gusto, una extravagancia. El magisterio aseguraba un puesto inmediatamente.  

La pizarra se iba llenando de palabras, frases, oraciones, ejercicios. Los niños seguían instrucciones, alzaban la mano, miraban hacia el mar, sonreían. La calma del mar llegaba cuando la marea regresaba y se acercaba a sus orígenes, y dejaba al descubierto el cascajo que cubría la playa caribeña, residuos de conchas, redes de pescadores, cabezas de pescados, sin las arenas blancas de postales para turistas o anuncios al idilio de resorts con todo incluido.  

El bochorno de la tarde disminuía las habilidades intelectuales de los estudiantes, aumentaba el sudor y ofrecía la mejor oportunidad para cubrir las asignaturas fáciles: arte, música, educación física frente a la escuela, en el patio que separaba la escuela del pantano donde se encontraban las casas de los pescadores. Una carrera, un salto en la cuica a las dos de la tarde bajo un sol incandescente puede matar al más fuerte de los hombres criados en otras latitudes, no en el poblado conocido como Las Mareas. Sus pescadores vivían y trabajaban bajo el sol, no conocían otros climas. Sus hijos tampoco. 

Las caras de felicidad los delataba. No tenían ni que multiplicar manzanas o peras (los libros de ejercicios matemáticos estaban publicados en países con climas donde se podían sembrar frutas distintas a las que ellos conocían: los cocos, quenepas, hicacos, uvas playas), el recreo permitía poder correr y saltar en el patio. Tampoco tenían que contestar preguntas de comprensión sobre hadas madrinas o niños con padres blancos y rubios vestidos con camisas blancas y corbatas.

La tranquila espuma que servía de borde entre el cascajo de la playa y el verde esmeralda de las aguas se fue alejando hasta enrolarse en si misma y regresar cargada de una abundancia y volumen de agua que se llevó consigo pupitres, libretas, pizarra, escritorio. La cara de asombro del joven maestro sirvió como excusa para que uno de los estudiantes más atrevidos le dijese: "Mister, por eso el otro maestro no abría las puertas, por la tarde el mar siempre hace eso. “

Un juego más; el mar se una al grupo, quien prefería pescar con los papás, broncearse, recoger cangrejos en el mangle; alternativas mucho más atractivas que las ofrecidas por un maestro del pueblo, vestido como los papás de los libros de texto. 

La marea nos hizo reír sin tener que pensar en libretas, pizarras, pupitres, tareas. 
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          SOMBRAS

Los estudiantes de primaria se paraban de sus sillas, movían sus cuerpos, saltaban, estaban explorando las sombras, planteando todo tipo de pregunta (distintos niveles de conceptualización y lenguajes) sobre esa relación simbiótica entre el yo, nosotros y las proyecciones. La maestra los regañó cariñosamente, y dijo que dejaran de estar jugando y se pusieran a trabajar en sus respectivas mesas. 

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     EL MAESTRO JUBILADO Y LA MADRE 
     ENVIRONMENTALLY-CHALLENGED

La nena preguntó qué eran las manchas blancas en el espaldar de los bancos en los "Morningside Gardens". La muy didáctica madre -mientras movía su brazo y mano derecha, señalando hacia los aires y las plantas ornamentales (la mayoría de las matas son traídas por una compañía de jardinería y sembradas todos los años; pocas son nativas o aguanta-inviernos)- respondió (mi traducción pues la conversación fue en inglés) que era "la caquita" de los pajaritos que por allí volaban. 

La nena miró al señor sentado en uno de los bancos, abrió los ojos, torció los labios en señal de disgusto, luego miró a su muy paciente y flemática mamá, hasta que no pudo callar: "He is going to get sick". La madre con cara de desinfectante ambulante no dijo nada; frunció el ceño y los cachetes, como si aprobase el disgusto de la nena. 

El señor, maestro jubilado, siempre dispuesto a participar del cualquier momento pedagógico, dijo (en inglés): "No te preocupes porque ya ahí no queda mierda. Es polvo blanco como la tierra que pisas cuando caminas descalza por tu casa, el patio, la playa. Si quedan animalitos en ese polvo, son tan chiquititos que ni los notas". 

Casi ahogadas por lo confrontado, siguieron camino y no dejaron que el maestro jubilado les explicara porqué la mierda de los pájaros es blanca, y les recomendara un ensayo por Lynn Margulis sobre vida, microorganismos, montañas y tierras, publicado por el antiguo CCNY Workshop Center. Que no se dan cuenta que del polvo vivimos, no está completamente muerto, y con él convivimos todo el tiempo. Es que hay madres que son "environmentally-challenged”.

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MONCHO REYES COMO SIGNIFICADOR, SIGNIFICANTE Y SIGNIFICADO  EN LA HISTORIA DE PUERTO RICO

Moncho Reyes -un inversionista político y gobernador de Puerto Rico designado por el presidente Harding entre 1921 y 1923- logró su puesto por contribuir $11,000 a la campaña de Harding. El presidente Harding le repagó con el cargo de gobernador.  El nivel de desprecio y corrupción que Reyes desplegó en la Isla como gobernador fue tal que terminó siendo juzgado y convicto por un gran jurado en San Juan, acusado de malversación de fondos públicos. Sin embargo, las infracciones de Reyes quedaron impunes, pues el presidente Harding, en un acto de encubrimiento, lo relevó de su posición como gobernador para que no tuviese que enfrentar los cargos. Para Estados Unidos, Puerto Rico siempre ha sido terreno de juego para compensar favores políticos. Moncho Reyes fue el apodo con el que bautizaron en Puerto Rico al norteamericano cuyo nombre de pila era Montgomery Reily. 

Montgomery Reily ha sido inmortalizado en la literatura puertorriqueña: aparece en cuentos, ensayos, notas periodisticas, citado al calce y como protagonista. Hasta en una plena por Mon Rivera mencionan a Moncho Reyes.

Que no es la misma plena en la que Mon Rivera cantaba sobre otro estadounidense, jerarca de la iglesia: "Mamita, llegó el obispo, llegó el obispo de Roma. Mamita, si usted lo viera, qué cosa linda, qué cosa mona". ¿Qué qué tienen que ver Moncho Reyes o un obispo con el idioma? Pues a aprender más sobre el el español puertorriqueño y las armas que ha usado para su defensa. Un la: esas plenas se oían durante una de las épocas más sangrientas en la lucha de los puertorriqueños por su independencia, que incluyó, además de asesinatos, encarcelamientos por parte de los EEUU y sus lacayos criollos, llenar la iglesia Católica con curas y monjas del país que Nicanor Parra inmortalizó en su famosa frase, "USA te usa". 

*CAMINOS DIDÁCTICOS Y LAS NOTAS PARA UNA CLASE POR 
        UN “MULTILINGUALLY-CHALLENGED EDUCATOR"

                                       Gerardo Torres Rivera
                                       (c) 2017

Monday, November 13, 2017

DE NOCHE NADIE TE OYE

"El fascismo comienza en casa": dice un personaje en una película cuyo título no recuerdo, dirigida por Fassbinder.
El fascismo se manifiesta en la madre bipolar, un tanto abnegada, usa sus penas para manipular a sus hijos, se llena de soberbia, descarega su rabia, marca su poder con el foete, las pelas sin motivo.

Fassbinder es recreado por los padres alcohólicos que se emborrachan todas las noches para dejar salir sus horrores, los gritos, los ataques de nervios.

El terror no se limita al aparato de seguridad del paìs o grupos facistoides solamente; incluye al hermano abusador que te grita y amenaza con darte palizas si te atreves contestar, cuestionar sus burlas. Lo oyes todas las noches: "Marica, marica". Los familiares y vecinos callan; se burlan.

El terror comienza en casa y lo llevas a todas partes; sigue contigo, lo reprimes,  explota: en las llagas que te cubren el cuerpo y el médico te cura con cremitas carcinogénicas; en las reacciones ante el amante que se comió el queso y no lo compartió contigo; en las pesadillas que te persiguen y se manifiestan con extraños símbolos: perros violentos, caídas por abismos, túneles de los que nunca sales.

La opresión comienza en casa; y de noche, quieto, la escondes sobre la almohada; y sueñas con vidas idílicas junto a los tan felices personajes del cine o triunfando en otros entornos más allá de la pobreza y la miseria; te cuentas, consuelas, y nadie te oye. De noche nadie te oye.

(Publicado en la colección DESDE JÁJOME HASTA ÍTAKA)

Friday, November 10, 2017

MONTEVIDEO A PUNTA EN VOZ DE LA TELLADO (NOVELA-BOLERO)

(c) Gerardo Torres Rivera (2017)

BOLERO #1: PENTAGRAMAS

La noche de anoche fue acompañada por "una mujer de ojos color turquesa, rostro de nácar, sentada al lado de un hombre de pelo gris, apuesto galán hacia quien ella extienden lentamente sus angulares y finas manos, uñas rojo encendido, en camino a Punta del Este."

"El chillido de las llantas sin control acompaña al bolero. Presiona el freno. Ella retira las manos, rasga la tela del asiento, las  lleva hasta los muslos, la falda, la boca; un suspiro.  El Porsche destruido."

"Silencio sepulcral. Sonidos de sirenas, los amantes": ofuscados recuerdos de la pasada noche, la que duró diez años en cuajar y volvió a empezó la mañana siguiente, un  día de San Valentín.

La voz de Corin Tellado cantaba a duo con Lucy Fabery:  "La noche de anoche".

14 de febrero, 6:00 a.m.: Ding, ding, ding timbrea el email, del café a la pantalla en menos de un segundo.  Un San Valentín que no esperaba y el re-inicio de una relación perdida, no olvidaba, neutralizada, para esta mañana ser activada de nuevo sin "deletes". ¿Hasta cuándo?

Empezó hace diez años y aquella mañana, día, noche de San Valentín volvió, "yo que estaba tan tranquila...", en duo con Lucy Fabery, tantos años más tarde, sigue, no para, otro bolero.

14 de febrero - 14 de marzo: Los dings se multiplican, diez veces al día, esta historia, otra, sugerencias y deseos de compartir mucho más que mensajes cibernéticos: vivir juntos,  casas y playas; dudas: estoy muy viejo, no importa, te cuido, me cuidas.

Hay que pausar, el subir y bajar de emociones sueltan las defensas y las verdades empiezan a aparecer, los celos infundados, equivocados juegos eróticos y repetición de lo que ya había antes detonado la separación.

En Montevideo lo conocí. Su enrizado pelo negro, sus ovalados ojos morunos dirigían el deseo: poseerlo, besarlo, caminar por las ramblas, de manos. Me controlé. "Como en un sueño sin esperarlo...", y eso fue todo, un sueño en tiempo de bolero cantado a duo con Corín Tellado. 

"El duo Tellado-Fabery, el Porsche destruido: 'todo es nuevo para mí, estoy aturdida'."

14 de marzo, 6:00 a.m.: Ruptura y definición de espacios e intereses. Otro hasta luego, otro relato, otra despedida, quizás diez años más tarde. Una explicación poco telladiana detona los conflictos.

¿Raíces distintas? Como si fuese una mata de yuca. Delete.

"Sí estoy sintiendo lo que nunca sentí" enreda la una vez tranquila vida, ajustada a la edad, los relatos predecibles, las rutinas; desplaza las contradicciones, las ideas sobre orígenes, sexo, deseos, "te lo juro, todo es nuevo para mí”: repite la Fabery.

14 de marzo, 7:00 a.m.:  Me identifico con el cono sur, tomo mate, oigo boleros. Me desarmó y elevó el volumen de “la noche de anoche". Proceso las últimas semanas, los últimos diez años.

Yo que estaba "disfrutando de esa calma de un amor que ya pasó", en esa etapa, edad madura, cuando quedan solas, quietas las palabras, los sentimientos apaciguados, hasta que vuelve, escribe, empezar de cero, de nuevo. y cuestionar: "qué tú estas haciendo de mi.....".

14 de marzo, 9:00 p.m.: Un ding, otro ding y otro ding me atraen a la pantalla, pide una segunda oportunidad, todos los antepasados llegaron en bote, yolas, a pie, sin compromisos, conocernos, una segunda oportunidad.

"¿Qué quée?, si llevamos diez años en ésta” -Le digo que sí.

Vuelvo a sentir lo que no quería despertar, lo que esta noche "....me hace comprender, que yo he vivido esperando por ti".

15 de marzo, 4:00 a.m.: La voces que hablan en bolero y los boleros narran los delirios de la mujer de ojos color turquesa y largas acicaladas uñas color rojo subido, sus lamentos, sentirse engañada.

-Por qué me llevaste hasta Punta del Este, si sabías que vos no me querías? Mentiras, puras mentiras, tus correos eran puras mentiras. 

"Estoy aturdida".

Y así un capítulo más de un romance separado por miles de millas de distancia, espacios y tiempos curvos, una novela rosa contada en bolero con un final feliz.

"Yo que estaba tan tranquila.”

BOLERO #31: SEXO

Un reloj no marcaba las horas, los detuvo en el camino, reconocían por unos segundo, olvidaban que se iban para siempre "cuando amanezca otra vez”, el tiempo en sus manos, y de no ser así, si sus agujas comenzaban a moverse al ritmo de la sensual melodía, los amantes, el autor, los oyentes, aterrorizados, temerosos de que solo les quedara esa noche para vivir el momento, el único, "solamente una vez amé en la vida", hubiesen enloquecido.

El éxtasis musical, estético, sexual, narrativo se fundieron en múltiples e inigualables orgasmos explosivos.

Una noche perpetua, un tierno inicio, lento preludio, eterno e interminable placer sexual, con sus caricias, besos, erecciones y deseos en crescendo, compenetraron a los amantes, al autor, lectores, y a todos nosotros, que no podemos separarnos.

Un bolero profundamente meloso, pegadizo, detenido en el tiempo; olvidaba las agujas. Dentro del bolero, y al lado del reloj, ellos gemían; adoraban la seda de las manos, los besos que se  daban; exploraban cada espacio, órgano; convertían al otro, la otra, en partes de sus almas.

- La sangre, el sémen en el Porsche, ¿de quién era?
- ¿Por qué me acostumbró a todas esas cosas?
- ¿Quiénes iban en camino a Punta?
- ¿Por qué me acusan de ser la culpable de todas sus angustias? ¿Por qué?, ¿por qué?, si nunca le dije que no.

BOLERO #29: CENIZAS

Cenizas encontró, cuentan. Que fue Julita Ross la que sugirió que eran éstas, las cenizas, lo que solo quedaban.

En la voz de Chago Alvarado no fue él la causa del fuego, ni que tampoco fue él quien dejó que el amor se apagara; que se redujera a cenizas.

Que fue ella quien prendió y apagó el fuego. Que ella volvió a verle,
para que supiera de su desventura, la perdonara, y darle de nuevo lo que él le dio. Él no quiso. No existía rencor, dijo, no podía pretender ni remover las ruinas que ella misma hizo.

Las cenizas, quién prendió y apagó el fuego, servían de evidencia que comprobaba lo tarde que era para remediar el daño hecho. Un cariño, muerto.

En su Veracruz natal. María Antonia del Carmen Peregrino Álvarez contaba una historia muy similar. Aunque los protagonistas eran distintos y los eventos ocurrieron en otros entornos, las causas y decisiones eran las mismas.

En Punta no recordaban si en el hospital estuvo internado él o si fue ella; si fueron Javier Solís, o María Marta Serra Lima y Los Panchos, Xiomara Alfaro o Javier Caumont, los que testificaron sobre el fuego, el accidente, el Porsche destruido.

En Manhattan, después de tanto soportar la pena y sentir olvidos, el bolero confundía, jugaba con los amantes.

BOLERO #28: BESOS

Que recordara aquella noche en un puerto donde nunca fuimos, susurrabas. Mentías.

Nunca estuvimos en Acapulco, y el beso que me pediste, con un lento respiro muy cerca, bajito, bajito al oído -el beso que luego robaste-, no fue disfrutado tampoco en un puerto marroquí; fue en un cine donde, a media luz, veíamos a la Sara Montiel en una puesta en escena que recreaba un club en Casablanca y ella, la Montiel, calcaba los gestos y movimientos de la Marilyn Monroe, mientras cantaba el bolero "Acércate Más".

En aquella historia de intrigas, amor y engaños la Montiel le pedía al galán tellediano de ojos color almendras y engomado pelo negro, que se acercara más y más, y que la besara "así, así".

Así fue cómo todo ocurrió, en un cine de Montevideo. No, quizás no fue en el Sur; no fue donde recuerdo; quizás pretendía, quizás desesperaba, quizás deseaba besarte en un teatro barato del Barrio Latino de Manhattan o, como en un sueño, quizás todo ocurrió desde la pantalla personal, frente al teclado de la tableta electrónica.

De testigo en cada uno de los sitios donde pudimos habernos besado estaba la cantante Teresa Vilar, enredando al bolerista, los amantes, el autor en su trama, en su bolero, pidiendo el mismo beso "que te pido yo".

Te besé. Me acerqué; entregué. No recuerdo cómo termina la película. Solo sé que no fue en Acapulco y que nunca estuvimos en Casablanca.

BOLERO #27: Sabores

“Tanto tiempo disfrutando de este amor” dejó "sabor a mi", a ti, a ellos, a nosotros que nos amamos tanto, recogido durante la escritura con la lengua sobre la piel, marcada para siempre con las letras de un bolero, y en el texto que es el cuerpo del amante, encuentra sabores: salitre en el ombligo, azúcar en esos delicados y hermosos ojos negros, angostura en el pene, mejorana en las nalgas, agua loja en la espalda, melaza de caña en los labios, albahaca en las palmas de las manos, jengibre en los obscuros y sabrosos espacios.

Los movimientos ondulados de la cintura, las piernas, el pecho responden al frote de la lengua, en armonía con los dedos que pulsan cada punto y esquina del cuerpo. Pausa.

Los dedos regresan, auscultan, y entran muy dentro donde no llega la vista; salen y se mueven hasta la boca;  comprueban las respuestas del paladar, y junto a la punta de la lengua siguen escribiendo sobre los cuerpos, y antes del éxtasis, delirio, acompañan a las pestañas que borran lo escrito sobre la piel canela.

Cuerpo con cuerpo, alma con alma, en palabras y ritmos de Bobby Capó, quien deja atrás la tristeza cuando convierte el amor en bolero mambo.

Un bolero rápido y lento a la vez que mueve los cuerpos en unísono, hace que la gloria seas tú,  yo, ambos; y si se queda el infinito sin estrellas o el mar pierde su inmensidad, no se interrumpe el amar sin limites, pues solo importas tú, y tú, y nadie más que tú.

BOLERO #26: ENTORNOS

Tapices románticos en Punta: conquistas, saber de, a cuerpos, desganos, ánimos, amar, dudar, espacios y autonomias, reconquistas, ciclos, perfidias, obsesiones, pecados enviados en correos electrónicos que incluían los datos sobre las casas, carreteras, tormentas, al margen de un timbre agudo y solitario que no paraba de sonar en el teléfono celular. Sobre su falda, el móvil, esperaba por los textos de los autores.

Autores e Interpretes en Manhattan: embelesados y neutralizados por lo que veían a los lejos en las playas de Punta, desde el inmenso sofá y a través del ventanal, enamorados del amor mismo, bañados por las olas, embestidos por un inmenso vacío, divagan sobre los cantos y cuentos, envueltos en la bruma, se disuelven en la espuma, alejándose más y más.

Apagan los boleros, se enredan en un solo cuerpo, se vienen a sus anchas, escriben, sobre la piel de todos los amantes.

BOLERO #25: PECADOS

Disfrutar, “un pecado nuevo que quiero estrenar contigo”, la sigilosa voz de Lucho Gatica despierta sospechas. Lo propuesto puede ser el comienzo de algo que explora las fronteras y trasciende el goce sencillo. Busca, propone, quizás, satisfacer algo más que el deseo de amar. Busca querer sin límites.

Tras la ansiedad de tener al amante, o a la amante, en sus brazos, entregarse por completo, recorrer todas y cada una de sus dormidas emociones, hacer temblar vellos, uñas, querer entrar en espacios prohibidos, desconocidos, encontrar placeres que no quisieran haber conocido, a decir que no, o a dejarse llevar por la rexachiana nave sin rumbo. se pueden esconder motivos que obligan a los amantes a dudar de las implicaciones, las intenciones de estrenar ese pecado nuevo.

- Perdón, si te falté; si no me atreví recorrer rumbos que me parecían perdidos; si no pude explorar lo que consideraba eran tentaciones, poderosos pecados para los cuales no estaba listo, nuevos retos carnales; si temí disfrutar de una lujuria escondida, reprimida, moralizada, disimulada; si no me atreví aceptar que ofrecer un pecado nuevo no tuvo el efecto que buscabas.

- No estabas listo para reconocer que antes, mucho antes del viaje, del accidente, fue contigo con quien aprendí a explorar nuestros cuerpos, distintas formas de amar, a despertar nuevas y mejores emociones; contigo aprendí a besar sin miedo, a reconocer las múltiples sensaciones, reacciones; aprendí a encontrar con los labios cada estímulo en la piel, saborear poro por poro, dedo por dedo, lágrima por lágrima, grito por grito; aprendí a entregar cada uno de mis órganos, a disfrutar de placeres sin límites.

- El Porsche no era tuyo. Desconfié, sentí miedo, no entendí, y no pude aceptar que antes del accidente, cuerpo con cuerpo, fuimos alumbrados por la luz del otro lado de la luna.

No fue Gatica el primero; ya antes, mucho antes, los amantes pecaron.

BOLERO #80: AUTOPLAGIOS

Imaginar, contar, cantar las historias, y sus protagonistas, enredados en la bruma,  acercándose más y más; besándose así y así, durante el proceso creador, seductor, o el baile, sirve como espejo para que el autor, el bolerista, los amantes se den "cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo". La distancia entre el bolero, la novela y los sujetos no logra el olvido, ni separa la imaginación del amor y los deseos.

- Y entonces, ¿el Porsche no estaba destruido? - pregunta, indaga y concluye sin esperar respuesta pues sabe que todo fue un sueño, un momento lleno de inspiración, vivido ahí, "donde todo lo puedo, donde no hay imposibles", con guitarra en mano, un teclado, múltiples relatos, boleros y caminos cibernéticos como recursos y apoyo de la imaginación; ahí donde "volaron las palomas del milagro", y la canción se hizo novela rosa musicalizada; bolero novelizado.

- No importa - se dicen, uno y cada uno de ellos.

- No sé, no sé, ¿dónde estoy?  ¿En Manhattan, Montevideo, Caracas, un puerto de un riachuelo sin nombre, bañado por la niebla, una sala de hospital, un coche en camino a Punta, Acapulco, Buenos Aires, Sevilla con su luna plateada?

- ¿Quiénes más iban en el Porsche?

- Me repito  te repites, la melodía es la misma o fue otra, otro, en el coche, en Manhattan, en tantos sitios. Armando Manzanero, Roberto Ledesma, Chico Novarro. Roberto Yanés. No recuerdo. Eran tantos. Uno de ellos, creo, fue el  primero que dijo, "voy a apagar la luz" para pensar. y luego, Pedro Flores en la voz de Ledesma, sugirió concentrarse en los amantes, y soñar que estaban bajo un palmar, a la orilla del mar, celebrando una gira, y alguien, no está claro quién fue -¿el autor? ¿Chico Novarro?-, añadió, que dijera, cantara, escribiera sobre el deseo de morir por "tener algo contigo".

BOLERO #22: OBSESIÓN

"Quiero que vivas solo para mí": una cadena, una misma sensación una tormenta interior,  una obsesión o incapacidad de separarse, de ser uno, para convertirse en esa masa canettiana, transformada en puro éxtasis o amargura, que ya no es amor lo que le da forma; es un inmenso dolor interno, una extraña sensación, cargada de placer, un desbalance mental, físico, espiritual, un no poder vivir sin él o sin ella, sin las palabras, sin sus hilos y cadenas de cuentos; es un solo cuerpo guiado exclusivamente por el frenesí.

Caminar por distintos rumbos y dejar que el mar o la luna, el cielo o las estrellas, el autor y sus personajes, el bolero lento o sus versiones en otros géneros mitiguen el deseo que nunca se complace por completo y ayuden a encontrar un nuevo rumbo, a distinguir entre esa locura y amar sin condiciones, no pueden.

Se rinden, desvanecen; aterrorizados, con el orgullo rodando ante sus pies, frenéticos, con almas de niños, sin defensas, los amantes, el autor, la bolerista; buscan, imploran un beso, igual al que él, ella les dio.

- Estoy obsesionado contigo, lo sabe el mundo entero - en suaves y mimosas palabras conquistan o se entregan sin importar que se oponga el destino, sonidos casi inaudibles - serás para mí, para mí, para mí - bajito, muy cerca del oído, respirando lentamente, acariciando con los labios la piel del amante.

“Bésame -ruega- mucho, igual que mi boca te besó”:  fueron las últimas palabras antes del accidente.

Desde que salieron de Montevideo por la ruta Interbalnearia, Alfredo Sadel, Nat King Cole, Julita Ross, en voz de la Tellado, les estuvieron advirtiendo a las mujeres de ojos color turquesa, rostros de nácar, y a los apuestos galanes de pelos gris, sobre los peligros de la entrega sin barreras, en cuerpo y alma, cegarse, y de convertir la ansiedad en estado de animo permanente; de reducir sus vidas a la inestable e insoportable levedad de una novela rosa, un bolero, un Porsche destruido.

El chillido de las llantas acompañó al frenar sin control, y obligaron a los amantes a retirar las manos, llevarlas hasta la boca; suspiraron. Silencio sepulcral seguido de sonidos de sirenas, y tarde, mucho más tarde, recuerdos de aquella noche, aquel "quiero que vivas solo para mí".

BOLERO #19: MENTIRAS

"Tal vez seria mejor que no volvieras",  cual disco rayado el eco interno, en voz de la mujer tellediana aparecía y desaparecía en la pantalla de la tableta; no, en el guión, ¿el borrador?, en los correos que iban y venían de Punta a Manhattan. ¿Acaso, al revés?  Escribían, cantaban los amantes.

- ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? - retumbaba el grito de dolor por todo el hospital, ¿o era un dolor grabado en un folletín?, ¿en una revista de modas - "quizás fuera mejor que me olvidaras".

Otra mentira dicha "sin principio ni final", en el sub-texto de la conversación, el dúo, entre las voces de Chavela Vargas y Miguel Bosé; dos voces tan dispares como sus eses, sus zetas, sus jotas, y tan poco armoniosas como sus historias: un hidalgo castizo opuesto a una cruda mujer criolla, latinoamericana.

Dos historias de amor, de pueblos distintos, vientos australes y tormentas de nieve en el norte, unidos por las letras, los ritmos, los deseos que no permiten la despedida, ni que "paz alguna habrá de consolarnos"; contadas, cantadas en el norte, en el sur por las muchas interpretaciones, versiones distintas del mismo bolero: Lucho Gatica, Luis Miguel, el borrachín en un bar de esta ciudad, aquel balneario.

Y en el apartamento de Manhattan donde la Tellado entra, sale, regresa y viaja por la carretera Interbalnearia, los amantes  se apoderan de los compositores, del autor, para tener que aceptar, después de horas de silencios, discos rayados, música en la red, que "volver es empezar a atormentarnos/ a querernos para odiarnos"; reconocen, empapados por las lágrimas negras, gardenias en las manos, que su "suerte necesita de tu suerte/ y tú me necesitas mucho más."

- ¿Por qué me acostumbraste a tu presencia, a todas esas cosas? Contigo aprendí, aprendí, aprendí...... ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

"Nos hemos hecho tanto, tanto daño" no predice el próximo paso, la estrofa que sigue, una nueva escena, otro ambiente, amantes distintos, y voces interiores, tan contradictorias como los son las vidas de los protagonistas, los postulados de los autores, las múltiples versiones de un bolero. El monólogo interior adquiere coherencia en su esencia: el amor mismo, sus vertientes y sus opuestos, "que amor entre nosotros, es martirio/ jamás quiso llegar el desengaño/ ni el olvido, ni el delirio".

Desengaños, olvidos a medias, delirios que se llevan "en el alma hasta la muerte" son atomizados, reducidos a lo primigenio en el bolero que escuchan por toda la ruta Interbalnearia, o en Manhattan, los amantes, el autor, "frente a frente y nada más".

La ronca y cruda voz de Chavela Vargas enturbió la refinada y estilizada interpretación de Luis Miguel; completó otro capítulo de las vidas del autor, sus boleristas, e interrumpió la novela rosa y sus mujeres telledianas de mirada serena, ojos color turquesa, rostros de nácar, siempre sentadas al lado de hombres de pelo gris, apuestos galanes hacia quienes ellas extienden lentamente sus angulares y finas manos, uñas rojo encendido, en camino a Punta del Este.

-Mi cariño nunca fue un castigo, tampoco soy la culpable de todas sus angustias. No podemos seguir siempre igual. No fui yo quien destruyó el Porsche.

BOLERO #16: VERBOS

Tristezas, llanto, mucho llanto interno era lo que esperaba sentir el autor en la voz de José Feliciano; jamás, potenciar el libido.

Dos corrientes paralelas: por un lado, el cantante recordaba las vidas bajo el mismo techo, y que, aunque hablaban el mismo idioma, no se entendían; por otro, el autor respondía a las tristezas de Feliciano, tan distintas a las de José Sánchez. Uno sufre su perdida; al otro le duelen las tristezas del amante.

Movido, conmovido, en un tren de estadios emocionales, un caudal de emociones, placeres, mil desilusiones, que lo llevaron desde volver al mismo vacío, la completa ausencia de significados, palabras, que sintió cuando por primera vez oyó, "se acabó, mi amor lo mataste", hasta temblar lleno de calor, ese que arropa cuerpo y alma, y a saborear, solo, en Manhattan, los "besos que me diste", en las muchas camas, calles, "los ratos felices", en Acapulco junto a la María Bonita, o sobre las perdidas arenas del mar que bañaban a los amantes de la Sylvia Rexach.

No era la bruma la que envolvía al compositor del bolero, ni al autor de la novela rosa, en la apartada soledad de "nuestras almas". Lo tenían aprisionado las tormentas de nieve, los vientos australes, unos boleros a media luz, unas botellas de vino, los deseos en cuerpo y alma de poseer al amante de nuevo, de sentir su "risa loca", su ansiedad, la inquietud, sus besos de fuego, ser saturado "por la más divina llama", en el "dulce embeleso de toda tu pasión".

Sin esperarlo, "te me acercaste", y en medio del éxtasis, apareció, durante aquella noche maravillosa, la figuras de los amantes, la voz de la Tellado, y las imágenes del viaje por la Interbanearia entre Montevideo y Punta, el Porsche destruido, ella, o él, entre sus brazos, y la búsqueda, la continua búsqueda, para decirle "que como un niño, cuando te fuiste me quedé llorando"

Durante toda aquella noche de tormentas invernales en el norte y de lluvias y vientos australes, Feliciano le dio paso a Carmen Delia Dipiní, y ésta a Frank Dominguez, comprobando que antes que el verbo están las sensaciones, los ritmos, los placeres primigenios. Antes que el verbo está Eros.

BOLERO #11: PROYECCIONES

"Cómo vivir así en esta soledad tan llena de ansiedad": una pregunta, un estado anímico recogido en un selfi sin mensaje adjunto, un anexo en un mail sin explicación; un rostro quieto, impenetrable, con silencios de olvidos en sus ojos; una cara marcada por una llaga de amor que no puede sanar si le falta lo deseado; ensombrecida por una luz de fondo, cuestiona, busca cómo borrar esa larga tristeza que deja un adiós.

El baño de luna plateada sobre el mar de Punta, en aquel momento fijado en el selfi, rebotaba en la pared de la habitación y alumbraba la atenuada y enternecida cara; dibujada con tonalidades claro obscuras, una sombra nada más, por los rayos solares del atardecer austral. En la foto la luz eliminó todo su ser,  ¿o fue que en ese momento se afianzó el fin, que todo acabó, que ese sueño de amor terminó, que la vida los separó?

Sin querer, el mail buscaba asegurar que podían seguir el camino, que tal vez, se verían después; y la foto sugería, reafirmaba la existencia de ambos más allá del relato; que  en la playa, caminando por la arena, una vez sintieron las olas, oyeron al mar murmurar una canción de amargura, sin poder entender, ahora, explicar cómo fue, "que pasó pero de ti me enamoré".


BOLERO #9: ECOS

Monerías puras, homogeneizadas y pasterizadas, dulces palabras, azucaradas, sencillas, claras; angustiosas, a veces; tiernas, otras, teclaba con su índice las no teclas en presencia del  ventanal, la vista: el tejido blanco lo revuelve el viento, la tormenta invernal se integra al bolero que cantaba la Tellado en camino a Punta del Este. El Porsche, destruido. La vista, lo visto, el norte de Manhattan en ánimo de Zen se integra al sur de Punta; un todo transmitido y conjugado en una tableta.

Un mensaje, un ding destapa el absorto Zen; un golpe a la respiración, la acelera, prende una chispa, una inyección de éxtasis a la sofocante espera, una vuelta al primer enlace: las fotos y vídeos del apartamento en Punta. Espera. La laptop no acelera. Espera. En camino a Punta el choque ocurre después del primer viaje.

Tarde, luego, sigue esperando por una nueva inquietud - no puede contar cuántas ha vivido en diez años - que enfoque la conversación sin motivo. la centre en sí misma, en ellos, en él y ella: mujer de ojos color turquesa, rostro de nácar, sentada al lado del hombre de pelo gris, apuesto galán,  hacia quien ella extiende lentamente sus angulares y finas manos, uñas rojo encendido, en camino a Montevideo, ¿o era en dirección opuesta? ¿Punta?

Después, más tarde, no fue antes, el timbre que sonó, un timbre compuesto a base de ladridos de perros en el teléfono celular, no lo contestaron. El Porsche destruido. El timbre del móvil, ladridos, y las sirenas de las ambulancias acompañaba a la Tellado, "que estaba tan tranquila, disfrutando de esa calma, de un amor que ya pasó"; su bolero, su épica.


BOLERO #8: NOCHES 

Un golpe de suerte e historia: el mensaje cibernético no está insertado en el medio, no co-dependía de una libreta. Está en una nube y hasta ella se llega para encontrar a Pennies from Heaven y el enlace que no desapareció con la portátil donde originalmente llegó el correo electrónico y su link, una película.

- ¿Un robo? Se robaron la computadora del Porsche destruido. La película se fue con la portátil.
- ¿Por qué me trajeron aquí?
- Es la clínica más cara de Punta y la más cerca del accidente.
¿Su padre vive en Montevideo?
- ¿Dónde está èl? ¿Por que no está conmigo?
- Eso quiero saber yo.

Un mate, boleros, Corín canta "La noche de anoche", las últimas semanas, los últimos diez años disfrutando de esa calma de un amor que ya pasó, en esa etapa, a la edad cuando quedan solas, quietas las palabras, y hacen comprender, que se ha vivido esperando por un amor que ya pasó, un amor que sigue esperando, acompañado por la voz de la Tellado y el recuerdo de los delirios de la mujer de ojos color turquesa y largas acicaladas uñas color rojo subido en el Porsche en camino a Punta.

El retrato de Pedro Almodovar: Miguel Bosé - quizás fue él -, otro referente, en Madrid ante un - ¿dónde estoy? - dicho por quien estaba postrado - postrada, ¿era una ella? - en la cama.

Punta no es Madrid en todos los tiempos. Lo fueron en aquella noche cuando la voz de la Tellado cantó un bolero en camino a Punta del Este.

BOLERO #7: DESARMES

"... estoy sintiendo lo que nunca sentí" enreda la una vez tranquila vida, ajustada a la edad, las rutinas, lo predecible, activa contradicciones, malogra las ideas sobre orígenes, sexo, deseos, y su "te lo juro, todo es nuevo para mí".

Frente al ventanal y la vista, el tejido blanco lo revuelve el viento, la tormenta invernal se integra al bolero que cantaba la Tellado en camino a Punta del Este. El Porsche, destruido. La vista, lo visto, el norte, en ánimo de Zen

- ... de su padre.
- Quien estuvo aquí, ¿era un policía argentino. ¿Qué le dijiste?
- El Porsche destruido es de tu padre.

No hay segundas oportunidades. Nada terminó. Pausas, estruendos, silencios, espacios libres, estrechos describen lo que puede ser "esa calma de un amor que ya pasó", en esa etapa, a la edad sesentona cuando quedan solas, quietas las palabras, los sentimientos apaciguados, hasta que vuelve, escribe, empezar de cero, de nuevo. y cuestionar, "qué tú estás haciendo de mí....". Una vez más, volvemos a amarnos sin barreras.

Acompañada por los delirios, la mujer de ojos color turquesa y largas acicaladas uñas color rojo subido, canta sus lamentos, sentirse engañada.

-  ¿Por qué me pediste que viajara?

En el fondo se oye la voz de la/el novelista, "yo que estaba tan tranquila", y los timbres. No paran: un ding, otro ding y otro ding centran la vista, el deseo en la pantalla. Dos cuentos paralelos que no terminan, no se juntan. Las cámaras filmaron el choque, el viaje no se completó en aquel accidente.

"Estoy aturdida...." canta la Tellado.


Inaudible, casi inaudible, rogaba: "Perdón, si es que te faltado" -desgarrados sus llantos, lleno de dolor, de rodillas frente a un altar dedicado a ella.

"Perdón, cariñito amado": respondía, sin fijarse en ninguna imagen en particular, embelesada, pasaba las páginas del álbum de fotos dedicado a él, y solo a él; a su gran bolero.

"Si tú sabes que te quiero": confesaban, en dúo.

Anhelos y esperanzas se vieron casi perdidas durante lo intentos anteriores cuando Daniel Santos y Orlando Contreras trataron de calmarlos. No lo lograron; no pudieron satisfacer las ansias de los amantes y las del autor; y el culpable fue Daniel.

Su muy particular estilo de lumpen arrabalero los desconcertó, poco amoroso, nada convincente; diluyó el perdón que tanto querían oír, sin las caricias o matices que comunican la vulnerabilidad sentida por todos los que deseaban la reconciliación, "que es todo lo que ansía mi pobre corazón".

Otros interpretes, durante las mismas tormentas en Punta y en Manhattan, obsesionados con una única ilusión, amar de nuevo, mantuvieron viva esa fuerza interior que se teme pueda desaparecer; esa que en un momento, cuando no hay la remota posibilidad de volver a ser un solo cuerpo, dos en uno, no desaparece por completo; la fuerza que "dentro, muy dentro" lleva a los amantes, el autor, los boleristas a profesar el amar sin condiciones; la fuerza inexplicable; la que quizás es el amor en su más puro estado; esa que logra que los amantes continúen por la "vereda tropical", hasta encontrar a aquellos que posiblemente podrán ayudarlos a empezar de nuevo; la fuerza que "ansía -su/mi- pobre corazón".

Marc Anthony y Ednita Nazario, menos soberbios que Daniel Santos, más sublimes, ayudaron a recuperar los anhelos, la esperanza; aliviaron "el intenso vacío", la inquietud del pobre corazón que "todo lo que ansia cuando ama" es pedir perdón.

- Perdón nunca nos ha faltado. Vida de mi vida, perdón
- Te amo. No puedo seguir si ti. No me quedan fuerzas.

Los dúos acompañan los delirios del apuesto galán, el que, a pesar de tantas veces oír las distintas versiones del perdón, sigue sintiéndose engañado:

-¿Por qué me llevaste hasta Punta del Este, si sabías que vos no me querías? Mentiras, puras mentiras, tus correos eran puras mentiras.

Y así una vez más, un romance, separado por miles de millas de distancia y entornos, el cual, al igual que en el primer capitulo del mismo -siempre cantado, contado a dúo-, puede que tenga un final feliz o puede que, para los enlodados en lágrimas, desbocados en risas, se repita, o que encuentre otras versiones de un mismo bolero.

-Estoy aturdida, el Porsche, ¿dónde está?

El autor, la novelista en voz ajena, los amantes, bolerista, todos juran que jamás nada, ni nadie los separará; que "adorar ansía", y "como en un sueño", se dejan, atreven pedir "perdón, vida de mi vida".

BOLERO #30: ORGASMOS

"Cómo imaginar que la vida sigue igual": preguntaban muy tarde en la noche, desveladas, repetían las muchas y distintas voces de Roberto Yanés, Tito Rodríguez, nosotros los "que nos hemos amado tanto", en ambos polos continentales; una inquietud mitigada, embadurnada, empapada de placer por el suave silbido de las brisas australes en las aguas del Atlántico Sur y los tímidos golpes de los copitos de nieve sobre el cristal del ventanal en el norte.

Una preocupación delirante, un orgasmo, en cuerpos separados por tierras y mares, formulada en forma de preguntas, sueños, deseos de saber, de ruegos, "escríbeme", ganas, "son tus cartas mi esperanza", miedos, "cómo despertar si tú no estás", conjugados en las voces de Yanés y Tito; en las nuestras.

Cómo pretender otra realidad, cómo consolarnos, si falta uno de ustedes o nosotros, o el bolero deja de acurrucarnos, erizarnos, prender cada hormona, convertirnos en puros deseos, son las interrogantes que formulamos y vivimos juntos, grabadas en cartas, vídeos, correos cibernéticos, discos, textos en la tableta electrónica con sus silencios y borrones. Tantas preguntas que pueden ser alentadas o tranquilizadas por la esperanza; explicadas por "temores o alegrías"; subsanadas por las tonterías, las que vivimos juntos en ambos sitios: el frío norte y el caliente sur, "nosotros que nos amamos tanto"; en un bolero que no puede existir sin la "misma vida mía".

-¿Dónde estoy? ¿Dónde? Por favor, digan, respondan, ¿dónde estoy?
- El Porsche, ¿de quién era?

"Cómo imaginar si la vida sigue igual", en las voces de Tito Rodríguez y Roberto Yanés despertaban los temores, traían alegría, aliviaban las inquietudes de los amantes, ¿dos hombres? ¿Uno?

 "Y aunque sean malas nuevas"; canta, escribe, cantan, escriben, van y vienen.

-¿Bailamos?

BOLERO #12: RONDAS

El coche partió tarde en la noche de luna menguante, de rondas y desvelos; circuló por otros caminos, tan tristes como los que Agustín Lara vio cruzar por su balcón, acompañado por las luces fragmentadas de una quebrantada luna, en espera de la Félix, y una continua tonada, un repetir del "cómo fue, no sé explicarme que pasó", antes del accidente en la carretera de Punta. Mucho antes del Porsche terminar destruido, un bolero, otra canción, comenzó el final del relato en la tableta.

"Noche de ronda"  por la Elvira Ríos, sus pausas extensas, silencios entre fraseo y fraseo, ayudaron a aguantar la eterna espera al lado de, ¿un pino?, o de un palmar cerca de la orilla del mar, mientras que, a lo lejos, en la playa, se veían dos siluetas, dos cuerpos, celebrando una cita, embestidos por las olas, dos amantes completamente desnudos, en erótica armonía con los susurros de la Rios: -"Qué triste pasas.... Qué triste cruzas.....Por mi balcón"-; sirenas, ambulancia; desde el Porsche destruido, los quejidos.

-¿Dónde estoy?
- ¿Qué hago aquí?
- El Porsche, ¿de quién era?

"¿De quién hablan, qué esperan, si todo fue y no sabrían decir lo qué pasó?" fue el mensaje que anunció el  timbre del correo electrónico, sonoro y agudo, capaz de despertar con facilidad a quien es ligero de sueños. Sin esperarlo, a las ocho de la mañana montevideana, cinco de la madrugada en el norte, se acercaron las voces y textos del relato tellediano: los dos amantes en camino de Punta.

El grito de dolor, entretejido con la voz de la Collado, se pierde en la frontera que lo separa del placer invernal; del bolero que se oye a lo lejos, "pero muy lejos", desde el sur, en la carretera Inter-balnearia, bañado por otras aguas y vientos australes, sin poder decir "cómo fue" ni explicar, ni "decirte qué pasó"

-El Porsche, ¿destruido? 

BOLERO #59: CÓDIGOS

Versiones: "Tantos que dicen tener un pasado", lo mismo en Punta como en Manhattan. Incluso, puedo encontrar las distintas historias y llegar a cada una de ellas en menos de un segundo si la fibra, los discos, o el satélite lo permiten. Después de todo, no importa saber cuál es la definición del amor ni "la ecuación que lo explica", si la Fabery cuenta "nuestra propia versión".

Motivos: Cada bolero reconstruye la "caravana de recuerdos [que]  "por mi mente ha pasado" , y así, "de noche mi corazón despacio", puede presentir "tu imagen perdida en el espacio".

Susto: Busco la versión de Lucy Fabery y Humberto Ramírez, o aquél u otro bolero en la lista de la tableta, el celular inteligente, y no están. Youtube no lo ha archivado.

Alivio: Encuentro la interpretación de René Barrios entre los CDs que siguen rodeados de libros.

Desespero: La tocaCDs pierde y gana velocidad sin ningún tipo de control; no oigo un bolero, el ritmo tiene aires de bachata.

Respiro: Recuerdo a los antiguos LP33rpm que guardo en el armario.

Miedo: La aguja de la envejecida todadiscos puede que esté gastada.

Delirio: La aguja no ha desmejorado; sigue igual. Oigo otro bolero como si estuviésemos en uno de los bares, cafetines, calles, casas, coches, puertos por donde "nuestras mentes han pasado", y bailamos los "rastros de nostalgia" en el Andorra de Montevideo, el Gato Tuerto de San Juan, el Corso de Manhattan.

Regreso: El CD de la Fabery y Ramírez no lo tengo; te lo regalé durante nuestra primera cita. Te escribo un correo electrónico. Contestas con un enlace, y "sin esperarlo", te me acercas, te hablo, beso, acaricio, y juntos, "tantos que dicen tener un pasado", muy juntos.

-¿Bailamos?

Vivimos en bolero "nuestra propia versión".

-Sí.


BOLERO #27: RUTAS

El bolero no tiene escape; en cada paso, espacio, los recuerdos "imposibles de borrar" se llevan "cicatrizados en el alma", en los pasos sobre una loseta, una libreta, un cd, un mensaje de texto.  Quién recuerda a quién "no importa saber"; "ni de dónde vienen, ni de dónde vengo, ni hacia dónde van". cuándo comenzaron los laberintos emocionales caminados sin poder parar la "triste caravana que por mi mente ha pasado".

No importa saber cuál es la ruta, la que tantas veces ha sido andada por las páginas de novelas rosas, ensangrentadas por "flores negras" o enternecidas por los boleros que le sirven de puente entre una forma de amar y otra, un acamino u otro.

En Manhattan, Montevideo, Punta, en cada uno de los hoteles, casas, hospitales, bares, calles se encuentran huellas, voces que retan a Elvira Ríos, a una travesti en Youtube, a Johnny Albino, Martha Rosa Lima, o al disco durante una tormenta invernal, "quizás, quizás, quizás", que "el amor no mataron".

- No, no se acabó.
- Mentiste, solo me diste una ilusión, "engaño, mentira, maldad, falsedad".

Cada memoria arrastra una imagen, un pacto indestructible. una acaricia por la espalda, un temblar inexplicable, silencios extensos, súplicas y besos tiernos, una lágrima, un grito, un extenso suspiro, un bolero escrito sobre piedras, pantallas, "papeles, tan solo papeles".

Cada memoria evoca tantos amores comprometidos, tan poderosos que sirven de barreras frente a otros amores, y enfurecen, enloquecen, hacen daño, si así lo deciden, o ayudan a ir de un capítulo a otro; ser cantado, contado.

- Se acabó. Aléjate, "no me platiques más". Si me ves "cualquier día por esos lugares" que yo frecuento, no me mires, no me hables.
- Lo siento, "perdóname", lo tengo que aceptar, el Porsche era de mi padre.
-¿Bailamos?
-En otra, si no "tratas de olvidarme". 



BOLERO #53: LOSETAS

El mapa de nuestra piel no permite olvidar las dimensiones del espacio -pegados cuerpo con cuerpo, sin mover los pies más allá de una nota-, donde "dos almas que en el mundo" zigzaguean sus deseos:  una loseta, el bolero y nosotros.


Baldosas cargan la memoria de los dos cuerpos, "almas que en el mundo", en un continuo baile: en blanco y negro, las del apartamento en el antiguo edificio del San Juan de antes; opacas, despintados azules, las muy envejecidas en Montevideo; puro concreto, sin losa, cepillado por el tiempo y tantos bailarines en la plaza llena de palmeras en Veracruz. "Dos almas, que se amaban, eso éramos tú y yo".


- ¿Bailamos?
- Sí.


Losetas sobre las cuales "quedan alegrías para darte", durante "mil noches de amor que regalarte", de nuevo, nos llevan con sus recuerdos a frotar cuerpo con cuerpo, respirar lentamente, palpitar en conjunto, acariciar las espaldas, mojar los pelos, repetir en voz casi inaudible: "ámame por piedad yo te lo pido"; "..... a las estrellas", ".....donde nadie nos ve".


 -¿Quiénes cantan?
- Lucecita, Valeria Lynch, José Feliciano.
- ¿Para decir adiós?
- No. ¿Bailamos?


BOLERO #3: SENSACIONES

Lo acompaña Lucy Fabery: "Tu vida ya me pertenece a mí, porque en mis sueños te concebí". Calla, mira a su alrededor, el invierno del norte lo obliga a abrigarse, sigue con la Fabery en el fondo: "Eres sensacional...". Siente con mucha pasión el estar enamorado de las sensaciones que los boleros provocan .

"Grita: 'Mentiroso, mentiroso'. Camina hasta la salida, las manos le tiemblan, las alza hasta el tope de la puerta de la habitación en el hospital en Montevideo, rasga la madera, cae de rodillas, grita de nuevo: '¡Mentiroso, mentiroso!'. Llora. El llanto en descenso, emite un murmullo, repetido una y otra vez: 'Mentiroso, mentiroso, mentiroso'."

La Fabery no miente, tampoco calla, reafirma lo que el bolero dice, que todo fue un "sueño que mi mente creó".

"Llora desconsoladamente y dice con voz desesperada, casi silabea, llena de resignación: 'Mentiras, mentiras, mentiras. Me entregué en cuerpo y alma. Confié en mis deseos y tus boleros'."

Para de leer el guión, abre la tableta para chequear sus correos electrónicos, salta a enlaces, regresa a los correos y contesta el mensaje que le sirve de catarsis, aliento, ahogo, razón para explicar a alguien más por qué no puede estar sin sus equipos electrónicos, sus boleros, y el "amor que me brota del alma al cantarte a ti, a ti": Lucy Fabery lo sigue acompañando, al guión, a ella, a ellos. 

Un solo mensaje electrónico fue suficiente golpe para abrir la respiración, controlada durante la sofocante espera. Con el enlace que lo lleva a las fotos, los recuerdos, sensaciones, el estado de ánimo se mueve del espacio que ocupan los boleros, el guión, la ansiedad, a los planos donde se es guiado por la razón.
- ¿Qué quieres?
- ¿Por qué me hablas así?
- ¿Qué tú crees?
- ¿Cuándo comenzaste a usar el tú?
- ¡Qué importa!
- Importa sí. ¿Dónde estás? 

"La luz de la calurosa tarde del febrero austral alumbra la habitación color blanco estéril; delata con las sombras el impresionante y cargado mundo de tubos y equipos que maquillan con sus brillos y líquidos la pálida cara de la que pasó su vida detrás de una telenovela, novelita romántica copiada de una revista de modas y quinceañeros. Los recuerdos se confunden con los sueros de todo tipo que la unen a otras fórmulas, otros recuerdos nebulosos, el Porsche, destruido, sin memoria clara de la noche de anoche."

La Fabery continúa por todo el apartamento en Nueva York, la red, en Youtube.com, en las colecciones del gobierno digitalizadas, en la tocadiscos de 33rpm, en otros capítulos de la novela bolero: "Eres sensacional, porque en mis sueños te concebí". 

-"¿Bailamos?"
-"Ahora no." 

BOLERO #60: ESTADIOS

Crecí contigo en cada bolero, con cada bolero. "Te quise con alma de niño", sincero, embriagado por el deseo, entregado por completo, engañado por la ingenuidad, para, "sin esperarlo", ser llevado a darme cuenta "que todo fue un sueño" cuando luego, en otra calle, otra esquina, "vi gente correr y no estabas tú".

"Eres mi bien" -susurré- "la primera noche que te amé" -en Punta, ¿o fue en Montevideo?- "lo que me tiene extasiado", intranquilo, reemplazando la necesidad de ir al cielo, porque "la gloria" eras vos; ojos verde-gris que me incitaron al amor, "luciérnagas furiosas" que fueron mi consuelo, "que le dieron luz a mi vida, apagándola después". Luis Miguel, en el fondo, entendió que aquella "puerta se cerró detrás de ti", que te ibas, pero que volverías con otro bolero, en otro bolero, con Manzanero.

"Mía" logró consolarme, me preparó para lo que vino después: aceptar que aunque fuiste mío, ibas "por otro camino", que jamás nos juntaría "el destino", pero que no me desanimara; que con Manzanero te encontraría de nuevo, distinta, atrevido, cambiada, dispuesto a experimentar "nuevas y mejores emociones", a mirar "la luz del otro lado de la luna", a sentir sus faces en cada loseta, sala, terraza, puerto, bolero; reconocer que dentro de mis entrañas tu melodía, tu amor, "tu presencia no la cambio por ninguna”.

-¿Bailamos?
-Sí. 

BOLERO #51: LABERINTOS 

No fueron los que filmó Almodóvar ni los que, mucho antes, grabó y caminó la Lupe en su disco L/P Laberintos de Pasiones. En otros espacios y por otros personajes, arrastrando los pies, a veces, o, en otras, a pasos ligeros tamboreando el eco, una pausa, una nota, un bolero, rastreados, caminados sus entuertos, rincones obscuros, entretejidos, "¿bailamos?", tenuemente ensombrecidos o ligeramente alumbrados por luces filtradas a través de las palabras; la melodía.

- ¿Bailamos?
- No, ahora no.
- ¿Tienes miedo?
- Sí.

Cantan, canta entregas completas, susurros, temores, amores prohibidos, desilusiones, ilusiones, deseos, pasiones, pasos lentos por interminables pasillos, dos amantes, boleristas, autor. Se encuentran:  "...todo a media luz", y aseguran de que nadie los persigue, que su amor, "crepúsculo interior" delineado por "sombras nada más", no sea traicionado "...en el camino..." por "una sombra de odio" que una vez "apartó a los dos".

"Dos almas que en el mundo....", Leo Marini, se aman, "a media luz los besos, a media luz los dos", en un rincón, "en la oscuridad donde nadie va/ que no se oiga mas que tu respirar"; y en una esquina, "que es un escándalo dicen y hasta me maldicen por darte mi amor", al final de un largo y obscuro corredor gótico, se esconden y sacian sus placeres, "que si esto es escandaloso, es más vergonzoso no saber amar."

Siguen por el laberinto del cual nunca, quizás, encontrarán la salida; "que es un escándalo dicen", y con un bolero, "sigue la corriente y quiéreme más", descubran que los laberintos son su transitar por esta vida. Pausa.

Separan: "... tal vez nos veremos después”.

BOLERO #61: REINCIDENCIA

Se hizo bolero, comenzó "la noche de anoche", la noche de no terminar; tan llena de soledad, tan llena de ti.

"Ebria canción de amargura", de placer "que murmura el mar", logró reunirte conmigo y convertirnos en un solo, un algo, alguien "más allá de mí", más allá de ti.

- ¿Nos habíamos separado?
- No creo.

Me acompañaste, "me acostumbraste", me enseñaste "todas esas cosas", nos amamos. "que son maravillosas", entremezclamos furias y alegrías, risas, "llanto de luna".

La noche de anoche, "silencio de olvido", llenó la soledad, contigo, dentro, muy dentro de mí, de ti, se hizo carne, lujuria, recuerdos, "besos, muchos besos".

- ¿Bailamos?

BOLERO #8: DESTINOS

A las cinco de la mañana el café con leche protegía -jugaba, quizás, con el ruido del viento- contra el invierno; ayudó a restarle atención al timbre de la portátil y a su pantalla alumbrada por el cambiante reflejo de luz; acompañó al baile de los copitos de nieve, a la tormenta invernal que arropaba a Manhattan y a los  chillidos que venían desde la calle, causados por el poste de la luz: un ruido estridente de metal; no preparó al receptor del mensaje para lo imprevisto: una escena, un romance como parte de un capítulo más en la novela-bolero, fundamentado en una película inglesa o serie televisiva: Pennies from heaven.

Otro café, boleros. La Tellado canta "La noche de anoche", las últimas semanas, los últimos años "disfrutando de esa calma de un amor que ya pasó", en esa etapa, a la edad cuando quedan solas, quietas las palabras, y hacen comprender, que se ha vivido "esperando por un amor que ya pasó", un amor que sigue siendo narrado, cantado, acompañado por la voz de la Tellado y el recuerdo de los delirios de la mujer de ojos color turquesa y largas acicaladas uñas color rojo subido, tendida en el Porsche

-Estoy aturdida, yo que estaba tan tranquila. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
-¿Quién cantaba cuando salieron de Montevideo?


Un bolero pone en perspectiva lo vivido, lo esperado, provee compañía, sirve de espejo, reconstruye el andamio de los sentimientos, sensaciones, las desmantela, y permite recorrer el camino de quienes ocupan múltiples espacios, el suyo y el de los otros, amores y boleristas, aguardando por una resolución, un desenlace, una idea sobre el amor, cómo expresarlo, o simplemente vivir el amar, el romance, en su estado más puro, con nadie más: uno y bolero.


BOLERO #45: REBOTES

"Contigo aprendí" cantaba José José, decía que podía amar sin filtros, "que existen nuevas y mejores emociones", durante el baile, la escritura, al lado de la tocadiscos, junto a tantos boleristas y amantes.

"Aprendí que"  se puede amar de distintas y enriquecedoras formas , conocer la soledad, "vi gente correr y no estaba tú", reconocer y aceptar mis deseos, "ya son las doce y no llegas", los tuyos, "un mundo nuevo de ilusiones", motivos ocultos, la desidia, caprichos, tramas, perfidias.


Aprendí a disfrutar las cadencias de los cuerpos, rendirnos, "acércate más y más", desnudarme, explorar motivos ocultos, tolerar el desprecio de los otros y otras, su incomprensión, lo que diga "la gente que yo soy la mala", a ser el niño, "ser dichoso", la niña, "que está pidiendo amparo", dejar que el camino guiase el rumbo,  separarnos, alejarnos, "caminemos, tal vez nos veremos, después".

Enterneces, coqueteas, bailas, hablas, oyes , rebotas, yo contra ti, tú contra mi, escribimos con nuestros cuerpos, "nosotros que nos queremos tanto", sobre una loseta, crecemos frente a un teclado, al lado de un disco, juntos para poder explorarno, "nosotros que fuimos tan sinceros".

- ¡Qué importa si esta vez no estamos juntos?
- ¿Cuándo quién era el cantante?
- Siempre vuelve.
- El Porsche, ¿de quién era? 


BOLERO #13: GANAS

Amar con ganas, lejos de la sensatez, entregarse por completo sin barreras, perderse en la lujuria, negar los vaivenes de lo cotidiano, es querer "con alma de niño"; y luego, cuando el corazón "te nombra", despiertas; y al ser incapaz de explicar "cómo fue", qué pasó, vuelves a caminar por las calles, los puertos donde se vieron, a revivir las noches de ronda para, quizás, entender los recuerdos, los rastros de nostalgia dejados por amores fracasados, en espera, las imágenes vagando entre sombras.

Mas cuando piensas que todo pasó, listo para cerrar un capítulo de una novela rosa, "aun sabiendo que no estarás a mi lado", suplicas que un milagro lo -¿la? ¿era ella?- devuelva a tus brazos, y en medio de un trago, una última copa, el milagro se logra en un bolero.

- ¿Por qué me hablas así?
- ¿Qué usted cree?
- ¿Cuándo comenzaste a usar el usted conmigo?
- No importa, ya todo acabó.

Todo acabó, y no lo aceptas; sigues insistiendo en un amor que se perdió en la nada; no concibes que "ese sueño de amor terminó, que la vida los separó", que llegaron al final de una ruta que estaba marcada, cuando el otro -¿la otra?- está muy seguro que es preferible olvidar que sufrir.

"Y si acaso te preguntan", te preguntas, "que cuándo, cómo, dónde", respondes, te responden, sin saber donde se va a llegar, sin saber si se va a encontrar el camino, respondes, te responden, "tal vez nos veremos, después".

- El Porsche, ¿de quién era?
- ¡Estoy viva!
- Sí.
-¿Dónde estoy?
- En una cama, un sanatorio.
- ¿Qué hago aquí?
- Un accidente en camino a Punta.
- ¿Por qué? ¿Por qué?
- Un accidente, anoche.

Anoche, otra noche, muchas veces, el corazón, despacio, en los sueños, en la voz de la Tellado, sigue apareciendo, presintiendo una imagen perdida, "una caravana de recuerdos" pasa por la mente, unos "rastros de nostalgia", unos ojos que buscan, "aun sabiendo" que no estará a su lado, un milagro que lo devuelva -¿a ella?- a sus brazos.

"Triste maldición". En el sueño no se logra el encuentro completo. Y al despertar, consciente de "lo difícil que es entrar de lleno a una vida sin encantos", donde ni la pena puede "ahogarse en la inmensidad de un llanto", pregunta: "¿Y entonces?"; recuerda que "sólo de verle temblaba"; se transformaba, y jura, grita, le dice que si te quiso así, pobre de él, ella; si ahora trata de olvidar, se ve que no conoce lo "poco que ha vivido",

Es muy difícil, muy lento ese proceso de olvidar, y aunque un "aparente olvido" al amante asombre, tranquilice, ¿qué hará cuando alguien sin querer les nombre, cuando esa lluvia de recuerdos caiga "en su alma otra vez", cuando al comenzar el día rehuse recordarle? "Sin querer me nombre".

Tratará de definir el amor, "esa difícil ecuación", dará "su propia versión. mil definiciones de lo que es amor", justificará esa vibración que en el alma comienza, y se extiende tanto que ya "ni se piensa en el deber, en el honor", apelará al instinto creador, y una vez haya agotado las explicaciones, las justificaciones para explicar el fin del bolero, la Rexach le dirá: "pobre de tus días si los usa para olvidar."

-¿Y entonces?

BOLERO #14: DELIRIOS

Los boleros no dejaban de aparecer en los discos, en la pantalla de la tableta, contando la historia de un amor, el nuestro o el de los amantes en camino a Punta; romances únicos que no tuvieron "otro igual", mas "en la distancia", sus coordenadas, hilos conductores podían ser reducidos a sus más elementales cualidades: "todo el bien y todo el mal" en "la historia de un amor".

Recuerdos cuyas historias perdían importancia frente a los sentimientos fundamentales, los más básicos - amor, odio, miedo, deseos carnales -, seguían dentro, muy dentro, activados por un mensaje cibernético, un feliz día de San Valentín, una llamada imprevista, un rechazo de la mano, un disco, "recuerda que tan sólo de verme tú temblabas".

"Náufragos que en el..." o son "nieblas del riachuelo" las que despiertan el placer que se siente cuando el otro te desea, y quieres que así sea porque también lo deseas, la deseas, en "la calle en que nos vimos", o que "sin esperarlo", obligan a revivir el rechazo y las ganas de vengarse, el rencor que se siente, suprimido por la resignación o despecho: "si me quisiste así, pobre de ti si es que ahora tratas de olvidar".

Recuerdos que en el peor momento, obligan a experimentar de nuevo un miedo crudo, un terror a que después de pasar "la tempestad quedará sobre la calma un inmenso vacío, un corazón hecho pedazos", y que solo puedan ser recogidos en un bolero, una historia de amor, sus dos amantes.

-¿¡El Porsche destruido!? "¡Qué será de ti si...!

Ni el coche, ni nosotros o ellos, ni las tormentas invernales del norte o las lluvias y vientos australes -aquellas substancias que le dan cuerpo a los sentimientos que guían los boleros- logran desplazar el deseo de amar o de odiar, ni tampoco son capaces de rellenar el espacio que deja la ausencia de quien una vez fue el ser amado, ni pueden explicar ese sentimiento que arropa el alma: el delirio

"Delirio", cantado por los Tres Ases, servía de fondo al cuadro que pintaba  la tormenta invernal en Manhattan y al otro bolero que vivía la muy templada y asertiva protagonista postrada en una cama de un hospital en Punta, logrando que "esa pasión que atormenta el corazón" desarmara al escritor en el norte y derrumbara todas las defensas de la tellediana mujer de ojos color turquesa y largas acicaladas uñas color rojo subido; llevando a ambos a aceptar que pudieron haber sido engañados.

-  ¿Por qué me pediste que viajara? Yo que estaba tan tranquila.

Los Tres Ases acompañaban al autor y la protagonista en su encierro, en su sentirse incapaces de vivir el uno sin el otro, la otra, en creer "si no estoy contigo mi bien no soy feliz", aunque en medio del vacío tuviesen que aceptar que "todo fue un sueño", besar, "un fracasado empeño" en amar de nuevo, abrazar y sentir los "besos de fuego"; en ser "la ola que te envuelve en la bruma y te disuelve en la espuma".

Un sueño, un delirante sueño convertido en canción, esta vez interpretada por René Barrios. ¿O es la voz de la Lucy Fabery la que se oye desde la carretera que va de Montevideo a Punta?

-El Porsche, destruido. ¿Dónde estoy?

BOLERO #40: RESENTIMIENTOS

Los resentimientos van más allá de lo sentido, del sentimiento; incluyen confrontar, cuestionar, hasta vengarse, sugieren Paquita la del Barrio: "rata de dos patas", y María Marta Serra Lima en su juramento: "la tercera es la vencida". Aunque, el resentido, después de descargar sus furias, airear sus venenos, ventilar sus quejas, puede ser un blandito, sentir remordimiento, dudar, volver donde la "turbia tempestad" de Sylvia Rexach, dar una nueva oportunidad y esperar como Tito Rodríguez: "ya son las doce y no llega"; incluso, cantar junto a Lucecita Benitez: "perdón vida de mi vida".

- ¿Por que? ¿Por que? ¿Por qué?
- ¿Quién más iba en el Porsche?

BOLERO #17: DESEOS

Doce de la noche y no llega, "me hará lo mismo que ayer/ espera...", otro bolero, otra espera por un amante, una idea sobre lo qué podría pasar, lo que estaba ocurriendo, lo que se puede contar, lo que se desea, lo dicho antes: "Cariño mío, no sufras tanto, ya estoy aquí".  Se repetía.Un bolero nunca acaba.

Sirenas de ambulancias en camino a Punta, un grito de dolor o de placer, una sonrisa, una lágrima se entretejen mientras el autor, los boleristas y sus protagonistas junto a la Tellado reconstruyen lo vivido o la espera, lo esperado, sus pasados o lo que puede ser, reflejados en un caledeiscopio que proyecta estados de puro éxtasis o desasosiego: -"Ya no lo quiero ni ver"-.


En el bolero "Ya Son las Doce" el compositor, autor, cantante y el amante ausente bailan en conjunto, y a la misma vez cada uno baila por su lado. Desde las primeras dos estrofas, "Ya son las doce y no llega/ Me hará lo mismo que ayer", la espera por el ser amado, la historia de la relación entre todos los personajes, particularmente la desesperación del que espera es relatada; y a su vez, le otorga presencia al objeto del deseo, por quién se espera, lo personifica.

Es la conjugación de voces lo que convierte al autor, el cantante, los amantes en arquitectos de un todo, un aleph amoroso; y una vez completado el bolero, éste permite volver cual tango con la "frente marchita" sobre el pasado, fragmentar lo vivido, entenderlo,  trascender el dolor o el placer.

El bolero en su conjunto se habla a sí mismo, recrea lo posible, "pero de pronto siento un ruido y me despierto/ se abre la puerta y llega mi querer", y arma todo lo que quisiera vivir más allá de la novela tellediana: -"No sufras tanto ya estoy aquí", transformándose en las múltiples voces que ocupan una historia: "No me regañes cierra los ojos y duerme feliz”.

BOLERO #4: PANTALLAS

Regresa a la pantalla. lee correos. El Porsche da vueltas, un grito. El acento porteño del esbelto y acicalado policía la despierta.

- ¿Se encuentra bien?
- ¡Aaahhhhh!
- ¿No puede hablar?
- ¡Aaahhhhh! Puedo.
- ¿De quién era el porsche?
- ---------
- El Porsche, ¿de quién era?

Despierta o no, lo que se repite, lo verdaderamente importante: el Porsche y otro bolero en voz de la Tellado.

- ¡Estoy viva!, estoy viva!
- Sí.
-¿Dónde estoy?
- En una cama y desde  esa ventana puede ver a Montevideo.
- ¿Qué hago aquí?
- El Porsche, ¿de quién era?


Pedro Almodovar retrata a Miguel Bosé en un hospital es la cita perfecta, un referente - quizás no, ¿fueron otros? -, un "Ahí está Madrid" en la tele de "un tétrico hospital" seguido por: -"¿Dónde estoy?" - dicho por quien esté postrado - postrada, ¿era ella? - en la cama. Montevideo no es Madrid en tiempos musicales, aunque lo fueron "como en un sueño" en aquella noche cuando la voz de la Tellado cantó "estoy aturdida" durante el accidente en camino a Punta del Este.

- El Porsche, ¿destruido?

BOLERO #39: TRANSGRESIONES

Igual que en un escenario.....": el bolerista, los amantes, las parejas bailando sobre una loseta juegan un papel en el que representan lo esperado de cada uno de ellos: conquistan, seducen, se acercan, se alejan, vuelven, juntan sus cuerpos, conjugan aquellos roles determinados por los motivos e historias particulares de las participantes en la relación, en el montaje de su obra, su bolero.

En algunos casos los actores en el juego, el teatro de la vida amorosa, mienten: "falsedad bien ensayada"; repiten tantas veces la fingida actuación, sugieren sobre las tablas, o en el puerto bañado por la bruma, quizás en la sala en Manhattan, o en un apartamento en Montevideo, un "estudiado simulacro".


El mismo simulacro que el bolero hace cuando bordea, roza el flamenco; juega con las identidades, subvierte los géneros;  cada cantaor, cantaora se desdobla, transforma los gestos, miradas eróticas, sutiles movimientos de manos, dedos, cejas, labios, hombros, ofrece claves, taconea, representa, arma puro teatro y danza, transgrede. 


- Mintió, mintió, mintió, me hizo creer que estaba al tanto de los matices. Mentir es su forma de ser.
- ¿Era hombre o mujer? ¿Vicentico? ¿La Lupe?
 - No, no fue la desasociada voz varonil de Vicentico ni la llena de soberbia y furia de La Lupe la que nos acompañaba durante los viajes por la ruta Interbalnearia, en el apartamento de Manhattan, en el puerto frente a la enorme boca del río. Fue Falete.

BOLERO #74: TEATROS

La tarde se hizo bolero y comenzó la noche de anoche, la noche de no terminar; tan llena de soledad, tan llena de ti.

Ebria canción de amargura, de placer que murmura el mar, logró reunirte conmigo y convertirnos en un solo, un algo, alguien más allá de mi, más allá de ti.

- ¿Nos habíamos separado?
- No creo.

Me acompañaste, me acostumbraste, me enseñaste todas esas cosas, nos amamos. entremezclamos furias y alegrías, risas y llantos, de luna.

La noche de anoche, silencio de olvido, llenó la soledad, contigo, dentro, muy dentro de mí, de ti, se hizo carne, lujuria, recuerdos, besos, muchos besos.

- ¿Bailamos?

Nos hicimos bolero.


BOLERO #2: ESTADOS 

Aturdidos: Renée Barrios, acompaña a la Tellado, a los novios, el autor. No pueden esperar frente al teléfono multi-funcional o frente a cualquier otro artefacto, "yo que estaba tan tranquila", por correos electrónicos, una clave, tonada, un nuevo estado de ánimo. 

Ansiedades: la Barrios interpretar a la Rexach; Pedro Vargas a Zorrilla Martínez y Ruiz Galindo.

Delirios: correos,  "acabo de llegar de Punta",  con un enlace a un pueblo uruguayo, "donde iremos" cuando esté por allá, y su gusto por activar todas las neuronas, espíritus, lujurias.

Deseos: filtrados por las técnicas bolerístico-narrativas telledianas que los conjugan, manifiestan su historia: comenzó en Santiago de Cuba; caminó por el puerto de Veracruz, México; emborrachó sus angustias en San Juan de Puerto Rico; se fusionó en tango en Montevideo, Uruguay; bailó sin "esperarlo, te me acercaste" en el Barrio Latino de Manhattan.

Lúdicos: más divertidos que los celos; más intensos que la ansiedad causada por la espera,"disfrutando de esa calma" que "la historia de un amor", ese incomparable, único, "como no hubo otro igual".

Reflexiones: de lejos, durante una tarde de lluvia manzaneriana; de viaje, en la nave de la Rexach, sin rumbo, un texto, una melodía que superan la vivencia misma.

-¿Por qué me trajiste a este hospital? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por quéee?
-"Usted es la culpable de todas mis angustias.."
-El Porsche quedó destruido.
-Mentiras, mentiras, mentiras.


Lo acompaña Lucy Fabery: "Tu vida ya me pertenece a mí, porque en mis sueños te concebí". Calla, mira a su alrededor, el invierno del norte lo obliga a abrigarse, sigue con la Fabery en el fondo: "Eres sensacional...". Siente con mucha pasión el estar enamorado de las sensaciones que los boleros provocan .

"Grita: 'Mentiroso, mentiroso'. Camina hasta la salida, las manos le tiemblan, las alza hasta el tope de la puerta de la habitación en el hospital en Montevideo, rasga la madera, cae de rodillas, grita de nuevo: '¡Mentiroso, mentiroso!'. Llora. El llanto en descenso, emite un murmullo, repetido una y otra vez: 'Mentiroso, mentiroso, mentiroso'."

La Fabery no miente, tampoco calla, reafirma lo que el bolero dice, que todo fue un "sueño que mi mente creó".

"Llora desconsoladamente y dice con voz desesperada, casi silabea, llena de resignación: 'Mentiras, mentiras, mentiras. Me entregué en cuerpo y alma. Confié en mis deseos y tus boleros'."

Para de leer el guión, abre la tableta para chequear sus correos electrónicos, salta a enlaces, regresa a los correos y contesta el mensaje que le sirve de catarsis, aliento, ahogo, razón para explicar a alguien más por qué no puede estar sin sus equipos electrónicos, sus boleros, y el "amor que me brota del alma al cantarte a ti, a ti": Lucy Fabery lo sigue acompañando, al guión, a ella, a ellos. 

Un solo mensaje electrónico fue suficiente golpe para abrir la respiración, controlada durante la sofocante espera. Con el enlace que lo lleva a las fotos, los recuerdos, sensaciones, el estado de ánimo se mueve del espacio que ocupan los boleros, el guión, la ansiedad, a los planos donde se es guiado por la razón.
- ¿Qué quieres?
- ¿Por qué me hablas así?
- ¿Qué tú crees?
- ¿Cuándo comenzaste a usar el tú?
- ¡Qué importa!
- Importa sí. ¿Dónde estás? 

"La luz de la calurosa tarde del febrero austral alumbra la habitación color blanco estéril; delata con las sombras el impresionante y cargado mundo de tubos y equipos que maquillan con sus brillos y líquidos la pálida cara de la que pasó su vida detrás de una telenovela, novelita romántica copiada de una revista de modas y quinceañeros. Los recuerdos se confunden con los sueros de todo tipo que la unen a otras fórmulas, otros recuerdos nebulosos, el Porsche, destruido, sin memoria clara de la noche de anoche."

La Fabery continúa por todo el apartamento en Nueva York, la red, en Youtube.com, en las colecciones del gobierno digitalizadas, en la tocadiscos de 33rpm, en otros capítulos de la novela bolero: "Eres sensacional, porque en mis sueños te concebí". 

-¿Bailamos?
-Ahora no. 

BOLERO #58. EMPÍRICOS

"Y entonces" es la sentencia que pudiese jugar diversas funciones: frase adverbial, conjunción o simplemente una pausa estilística. En el caso de la Rexach, ella, mas bien, pregunta.

"Y entonces" comienza a indagar, cuestionar lo que harán los amantes con la información recogida palabra por palabra, cuerpo a cuerpo, beso con beso. tacto con tacto, órgano frente a órgano.

"Y entonces" obliga a los amantes, bolerista, autor a que formulen una hipótesis, una conjetura; a diseñar un método que sirva para re-organizar datos, sensaciones, motivos, "lluvia de recuerdos".

"Y entonces", con el estudio que propone, permitirá que los amantes, el autor, los boleristas conozcan de otra forma, re-descubran, estudien los cuerpos, besos, caricias, erecciones, gemidos, temperaturas, palabras. Todos con su nuevo bolero podrán responder con certeza y evidencia al "qué harás cuando alguien sin querer me nombre".

- ¿Qué pasó, no sé decirle qué pasó?
- No mienta. Usted sabe de quién era el Porsche.
- No sé explicarle cómo fue.
- Claro que puede. Usted no es la culpable, pero no mienta.
- Fue una luz, creo, que iluminó. Se me olvida….

BOLERO #57: DESDOBLES

El bolero no cambió.  Fueron (lo transformado) su ropa, su pelo, sus manos, su boca torcida, ojos salidos de sus órbitas, gestos exagerados cual pintura neo expresionista, todo un esqueleto, un andamio, un "performance", con mohosa navaja de goma en mano -"Para acelerar el tétano": dijo-, apuntando hacia la audiencia,  El bolero era él en sí mismo.

Quien estaba de frente no era un desdoble de la Serra Lima, otrora vez personificada por la Lissa Fernanda, una muy erudita travesti, ni tampoco eran la Miss Led, Mis Mira Mira, Miss Gracie Mansion, Miss Alice Tully Hall, Miss Coco Peru, la Rue Paul, o la Pam Ann. Era una foto de la Miss Anta Gónica caricaturizando a las grandes boleristas de América, en The Bon Soir, el desparecido bar de la Ocho y Sexta, en Manhattan, o quizás era el Variety de la Luna en San Juan. Puede que haya sido más tarde, en el cabaret del Hells Kitchen, el muy notorio/notoria Escuelita. La foto no está muy clara.

Miss Anta Gónica fue una de las travestis pioneras que comenzaron a reemplazar la personificación de cantantes fabulosas, divas, como referentes para sus espectáculos, sus boleros. Si La Eric honró a la Souffront en el Show Boat de Santurce; la Anta reinterpretó a La Lupe. Estas pioneras del travetismo no se inspiraban literalmente en la Fabery o la Dippini, la Elvira, la Souffront o la Serra Lima. Crearon sus propias formas de representación sin tener que convertirse en calcos de la bolerista tradicional. No fueron copias acartonadas, dizque y elegantes, ni ridículas. Con ellas/ellos el bolero creció una vez más.

La foto desdobló el bolero sin éste perder su esencia, y nos llevó hasta aquellos momentos cuando, por primera vez, nos desnudamos sobre el escenario, la sala en Manhattan, el bar en Montevideo, las arenas en Punta, y cambiamos los personajes, jugamos muchos papeles; pues, recuerda que, "tú me acostumbraste a todas esas cosas".


BOLERO #52: INCERTIDUMBRES 

"¿Y entonces?" trasciende la interrogación. Es casi una negación. No puede aceptar la posibilidad de que el amante o...., ¿el bolero?, no regrese.

- "Cuando vuelva a tu lado”: oí cantar.
- ¿Quién cantó?
- Mentira, mentira, mentira.
- ¿Quién mintió? ¿A quién?
- Lo quiero con alma de niño.
- ¿Cuándo aparece? ¿Desaparece?
- ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

"Ya son las doce y no llega". Tito Rodríguez espera y espera. Sin embargo, ante la posibilidad de que el otro, la otra, la idea, el cuerpo literario no regresen, no se da por vencido. "¿Y entonces?"

Vuelve y hace una cita con la amada, lo amado, el texto, o consigo mismo sin concertar un encuentro concreto y preciso con lo deseado, esperado. Se convence de que la incertidumbre es parte de lo que depara el caminar por la vereda tropical o navegar en la barca gatiquiana.

Ansía, contempla, reconoce que es imposible "poder olvidarte si dentro, muy dentro estás tú", espera que haga su entrada, lo acaricie, lo bese,  consciente o no de que "...después de pasar la tempestad/ quedará sobre la calma un inmenso vacío" entre sus brazos "o tal vez un corazón hecho pedazos", una página en blanco, una cama vacía, o una guitarra que repite la misma nota.

- ¿Me hará lo mismo que ayer? Soy su arena movediza, humedecida por las olas.
- ¿En Punta? ¿Dónde se esconde? ¿Se pierde "en la inmensidad del mar"?
- No puedo repetir las cosas que me dijo,
- ¿Por compasión?
- No, por miedo a que cuando vuelva a mi lado me niegue sus besos, sus palabras, y no quiera contar los "latidos de nuestro corazón".
- Se te olvida, que cuando alguien sin querer te nombre, y esa lluvia de recuerdos caiga en su alma otra vez, preguntará: "¿Y entonces?"

BOLERO #50: ESPACIOS

Mira la foto de la calle donde se conocieron, los ratos felices, adora y resiente verla de nuevo.

Flota o llora frente a las imágenes que muestran los edificios, coches, una sombra hecha personaje, la puerta por donde desapareció y dejó "abandonada la ilusión", un cartel con un dibujo de un bandoneón y una guitarra, un anuncio pegado a la pared que separa las vidas, anunciando la noche de boleros en un cafetín de esquina.

Escribe, borra, regresa al baúl de los pasados, pregunta: "¿Dónde estás corazón?". Un disco, oye. Trata de recuperar lo que sintió en aquel momento cuando se conocieron. Etéreo, lleno de frenesí, revive los ratos felices.

Otra foto de la misma calle, en la que por primera se vieron, fija el recuerdo, reproduce el momento, lo que sintió cuando llegó, la lluvia que los calentó y sirvió de excusa para tocarse, sentir el palpitar, besarse, rogar, "acaríciame",

Soledad, siente con cada foto, "esta noche te esperaba". No le extraña su presencia, su capacidad para apuntar hacia el espacio vacío, rellenado por el recuerdo, y lo lleva donde Roberto Ledesma, "un pájaro herido que llora sólo en su nido" o que tiembla ante los placeres una vez tenidos.

Envidia, Rolando Laserie, siente de los otros espacios, las calles que ha cruzado, por donde ande, de los valles, de los ríos que puedan estar cerca de él, ella, de ti, de mí, de su propia voz que lo menciona y posee con la palabra.

- ¿Dónde estoy?
- En el Porsche, antes del accidente, ¿quién cantaba?

BOLERO #49: DESGARRES 

- ¿Le gusta viajar a usted?
- Sola, no mucho.
- Para una mujer como usted no debe ser difícil encontrar compañía.
- No se equivoca usted, pero no acepto a cualquiera.

O algo así dijeron los protagonistas: Marga López, Rita Montaner, Roberto Cañedo, José María Linares-Rivas, Freddy Fernández. La película: Negro es mi color. La trama: una hermosa mujer de tez blanca, hija de la relación entre una mujer negra y un hombre blanco, quien posteriormente rechaza a la madre, vive engañando a los demás; una constante mentira.

No pudo seguir mintiendo. Blanca, heterosexual, transgénero, negro, mestizo, pardo, burguesa, proletario, ¡qué importa si era o no era! No pudo seguir con el engaño. El bolero no lo permite, "en vano, volver a cometer el mismo error"; obliga a la introspección, llorar a solas, reconocer la verdad, "usted es la culpable de todas mis angustias".

El bolero escarba, revela las traiciones, "volver contigo es un camino andado", muestra lo que no puede seguir escondido; y en las noches encerradas por tormentas en ambos polos de la placa continental, "sin esperarlo te me acercaste", consigue que los amantes se entreguen de nuevo, sin condiciones o mentiras, los une en un baile, apasiona, derrumba los prejuicios, desnuda, desgarra.

- Destruido o no, el Porsche no puede reemplazar lo que siento por vos.
- Ni odio, ni clemencias. En vano, en vano si volvemos a cometer el mismo error; si somos egoístas y tratamos de engañarnos. ¿Bailamos?

BOLERO #48: ESPERAS

Buika recomienda: “Espera". Aris San y El Greco asienten: "La nave del olvido no ha partido”. Saben que no lo hará. En ella están todos y cada uno de los boleros "sin principio, ni final", y pronto, "sin esperarlo", se transformarán en cuerpo y alma.

Ansías. Se acerca, te azuza fusionado en la voz de Moneró: "Sin ti la vida es nada, las horas son tormentos".

El bolero en su estado primigenio también espera. Sabes que está contigo, en algún lado, crece, cerca, se acerca, lo sientes. Deseas sus palabras, su ritmo, cosmos.

Eres su pura potencia y el bolero es la forma que ha de tomar; hecho carne, corporizado, ocupa un espacio despojado de todo, menos de la intensidad que provoca.

Espera, él también espera y transita con una magia que vence las leyes de gravedad, trasladando su cuerpo como si estuviera en otra dimensión, sin peso, con la liviandad del alma. Por él esperas.

"Espera, espera un poquito más". Ansías. Esperas junto a Chico Novarro, Mirta Pérez, José José, Richard Anthony, Nelson Need. Lo haces. Ansías.

-¿Dónde estoy? ¿Dónde estás?
- Conmigo, nunca te abandoné.

BOLERO #47: SILENCIOS 

Todo está en calma, por fuera. Por dentro, por toda la piel, en cada neurona, célula, poro, órgano quedan las vibraciones, la melodía, la tonada, la letra, tus palabras, caricias, besos de fuego. Quedas tú.

"Que alguien me diga" si es posible olvidarte, y si tratan de demostrarlo, ¡qué va!, sonrío. "Tu recuerdo me golpea", derrumba el corazón, me invade, "se apodera de mi alma".

Lloras, te quejas, te consuelo con la vista; y con mis labios y los temblorosos dedos toco todo tu cuerpo; y vos con tu recuerdo arrullas el mío. Nos amamos.

El viento austral en Punta, los copitos de nieve en Manhattan, en la quietud de la noche, nos acurrucan y bailan con "nosotros, que nos queremos tanto".

En silencio, "como un cazador furtivo" me persigues.

"No me extraña tu presencia". Te oigo por dentro, y en cada neurona, célula, poro, órgano te siento. Bailamos.

- ¿Quién más iba en el Porsche?
- No recuerdo. Eran tantos.
- ¡Qué extraño! Usted no tenía compañía cuando llegó la policía.
- Besos, muchos besos.

BOLERO #44: PASOS

Como en un solo cuerpo,  "despacito voy dejándome llevar" por un bolero; bailamos, "que nos queremos tanto", nosotros en Punta, Manhattan, Montevideo, San Juan, Veracruz, durante aquella noche de anoche embestida por tormentas invernales, y las olas frente al mar.

Bailamos con Los Tres Reyes, Alfredo Zitarrosa, Omara Portuondo, contigo, conmigo, con las "caricias en dos tonos" y "la cadencia de dos cuerpos", recorrimos los labios, el pelo, espalda, arrastramos los pies, evitando el tener que apoyar nuestro peso sobre el piso, dimos tres pasos en tres tiempos, una pausa en el cuarto, ondulamos las caderas, amarramos las cinturas, muslo con muslo, rozamos rodilla con rodilla, vientre con vientre, pecho con pecho, compartimos los latidos, palpitamos, sin movernos más allá de una loseta.

Con un bolero "mil requintos se derraman en tu alma", y "sin esperarlo, te me acercaste", bailamos esa "melodía que da música al silencio cuando pasa por tu cuerpo", empatados, nos decíamos "acércate más y maš", y de pronto, te alejabas sin soltar mi mano, pretendías "el desesperarme", regresabas a nosotros que no podemos separarnos, "no me preguntes más".

-  No sé como empezó. Primero fue un bolero, y otro, y otro. Qué paso luego, no recuerdo.
- ¿De quién era el Porsche?

BOLERO #43: ELECTRA

"Y qué me importa que vivas con otra" canta Blanca Iris Villafañe, denuncia, llena de despecho, de amor amargo y real, capaz de asesinar, castrar, vengarse de las injurias, imaginadas o reales, que ha sufrido. o de beber la esencia del hombre con tal de hacerlo suyo.

Blanca Iris Villafañe mueve el ritmo del bolero, sus matices sutiles, durante la noche llena de tormentas invernales en Manhattan o vientos australes en Punta, a los planos más bajos y crudos de la condición humana sin tener que tocar fondo, insultar y gritar a lo Paquita la del Barrio, "rata de dos patas, animal rastrero". Se acerca a la violencia verbal; no la pudre. Al igual que Electra, no pierde su dignidad y orgullo.

- No pienso dejar que te vayas, que me abandones simplemente porque no respondo a tus gustos burgueses. Después de todo, el Porsche no era tuyo. Antes que verte desaparecer de mi vida, prefiero transgredir el papel que me ha tocado jugar en este bolero, y hacer de ti...., ¡qué sé yo!

Blanca Iris Villafañe es la Electra del bolero. No es la víctima sumisa, ni tampoco es la Electra junguiana deseosa de matar a la madre para así poder quedarse con el padre. Es la Electra independiente, consciente de sus virtudes, sus vicios, quien después de sus caídas, puede levantarse y seguir adelante; y que aunque diga "la gente que yo soy mala", lucha cuerpo a cuerpo por su amante; y grita a los cuatro vientos, "ese hombre es mío, y tú lo sabías".

- No voy a perderte. "Que mi presencia, vergūenza da", dice la gente, "que un castigo me deben dar". Viviremos, quieras o no, el dolor y el placer de amar, de poder cantar nuestro romance escrito con sangre.

BOLERO #42. EDIPO

Aturdida estaba Libertad Lamarque, maestra de música, cuando se enteró que Joselito, estudiante privilegiado, había quedado huérfano y no podía seguir asistiendo al colegio. Como maestra y madre abnegada que es, decide buscar a Joselito, promete cuidarlo, y para celebrar se van a un parque madrileño, reman por un lago, y cantan en duo lo mucho que se quieren.

¿Será Joselito el desaparecido hijo de Libertad Lamarque? ¿Vivirán juntos durante el resto de sus vidas? Hay que esperar hasta el fin de la película para conocer el desenlace de la melodramática trama del musical hispano-mexicano, Bello Recuerdo.

-¿Por qué me mentiste? Te quise con alma de niño. Me cuidaste, arropaste, besaste y luego, de lejos, pero muy lejos, desapareciste de mi vida, por un instante.
- Tranquilo. No desesperes, y continúa con la película, oyendo, viviendo, siendo el bolero, tal vez nos veremos después.

¿Se vieron de nuevo? Hay que esperar hasta el final. De lo que no queda duda es que la película, filmada durante el franquismo, no va explorar si entre ambos existe un conflicto edípico: deseos amorosos y hostiles hacia la madre-maestra, el deseo inconsciente de mantener una relación sexual (incestuosa) con ella y de eliminar al padre del mismo sexo (parricidio) -que no puede darse en dicha trama, pues, porque no hay padre: Joselito es huérfano- y es la orfandad, el estar huérfano de padres y de amor, el eje central de otro bolero hecho teatro, puro teatro, cine.

- No, no soy yo ni es la relación entre madre e hijo, Libertad Lamarque y Joselito, quienes causan el anhelo. Es la voz de Felipe Rodríguez la que me recuerda al niño que he podido ser, sin juguetes, parado en la puerta, esperando por unas miguitas de ternura. Huérfano de amor también.
- No desesperes, la ausencia de amor es parte del amar, del camino que éste en su marcha hace, del bolero que somos. Nosotros que nos queremos tanto.

BOLERO #41: PROTAGONISTAS 

Bailamos. La noche de anoche, ¡qué noche la de anoche! "Suspira; temblorosa la mano, la extiende hasta la pared, rasga la madera, cae de rodillas, grita: Hijo de puta, hijo de puta, hijo de puta, yo que estaba disfrutando de esa calma."

Lee, corrige, salta enlaces, y contesta un mensaje que le sirve de aliento, ahogo, razón para explicar a alguien más porque no puede existir sin discos o cafetines. Para de leer, baila, y regresa a la tableta, chequea sus correos electrónicos, y de frente, sin esperarlo, encuentra un mensaje que provoca un golpe interno, le expande la respiración que estuvo controlada por la sofocante espera.  El estado de ánimo se mueve del espacio que ocupa la ansiedad a los planos donde se es guiado por la razón.

- Estoy aturdido. ¿Por que? ¿Por qué? ¿Por qué no puedes esperar frente al teléfono multi-funcional o frente a cualquier otro artefacto por los correos electrónicos? ¿Qué tú estás haciendo de mí?

La luz de la calurosa tarde del febrero austral alumbra la habitación color blanco estéril; delata con las sombras el impresionante y cargado mundo de tubos y equipos que maquillan con sus brillos y líquidos la pálida cara de quien pasó su vida tras una inspiración, vida de telenovela, novelita romántica copiada de una revista de modas y quinceañeros. Los recuerdos se confunden con los sueros de todo tipo que los unen a otras formulas, ecuaciones, compuestos. Los demás protagonistas aparecen y desaparecen. El Porsche, destruido, sin memoria de la noche de anoche.

- Boleros, ¿Martirio interpretar a la Rexach?
- No, los boleros se interpretan a sí mismos.

Delirantes, juegos pueriles, deseos, el relato, y la melodía, filtrados por el amor y las técnicas bolerístico-narrativas telledianas que los conjugan; más divertidos que los celos o los besos, caricias, sexo; más intensos, lúdicos, que la ansiedad causada por la espera; empalagosos como una tarde de lluvia donde se ve gente correr; fluidos y en constante viaje en la nave del olvido, sin rumbo, un texto y una canción que superan la vivencia misma.

La noche de anoche, llena de ofuscados recuerdos; la que duró diez años en cuajar y empezó una mañana de febrero con timbres, un email inesperado; el re-inicio de una relación perdida, no olvidaba, neutralizada, para ser activada de nuevo sin cortes ni borradores. Hasta cuándo, cómo y dónde pregunta el falso bolero.

En el fondo, cuestiona, acompaña, incita, excita y recrea los delirios de los amantes, y uno de ellos o ella, no importa, asombrado, dice: "estoy aturdida”.

BOLERO #40. CUERDAS

Y el bolero se hizo palabras; y las palabras, cuerpo.

Y "sin esperarlo, aquella noche” por un instante abandonó al bolerista, los amantes, al autor; dejó un vacío. se perdió en la marcha, en la nada, no sin antes advertir, "caminemos, tal vez nos veremos, después".

Y se separaron, sin poder olvidar que estuvo presente, mas, cómo surgió, cuándo se fue, "no sé decirte cómo fue, no sé explicarme que pasó", pero de ti me enamoré", preguntaron y reafirmaron  el autor, bolerista, los amantes.

El bolero comenzó el camino antes de hacerse cuerpo; mucho antes, en la tierra, aire, agua. Fue una luz que iluminó todo, antes, mucho antes de mostrar por primera vez en Santiago su rostro, labios, manos, curvas y luego en tantas otras ciudades, campos, puertos y mares convirtió risas en manantiales, despertó inquietudes, construyó historias.

En cada rincón del alma ha quedado grabado; primero en las venas, células; y mucho más tarde, a saber cuándo, llega a  la voz, se hace melodía, palabra.

Y se vieron después. Regresó a Manhattan, Montevideo, corrió por la Interbalnearia, fingió ser hombre, mujer, transgredió, mintió, culpable de todo tipo de angustia, causó penas, perfidia, resolvió dilemas, perjurio, olvido, se hizo sombras, catarsis, dibujó siluetas en la bruma, pecó en la arena, se bañó en las olas, fue amado, y porque nunca es ajeno, amó.

- ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué me acostumbraste a todas esas cosas?
- Era usted el que cantaba "Sin ti la vida es nada, las horas son tormentos". ¿Quién la acompañaba? ¿Bailaron?
- Sí.

BOLERO #38. TECLAS

"Ausencia, me has engañado", es un empate del texto y la figura, el fondo y la forma que usan el novelista, la bolerista, los amantes para dirigirse a la ausencia misma, y advertirle sobre el engaño que trata de cometer, al tratar de hacer creer que si se lleva consigo al amado, la amada, "para que olvides, para que no sufras más". las sensaciones, los recuerdos desaparecerán. De no ser así, de aceptar lo pronunciado por la ausencia personificada y aceptar que las memorias se pierden en el olvido, mienten.

Ausencias, pecados, obsesiones, delirios, glorias, sombras, nieblas, escenografías, entornos, traiciones, juegos eróticos, tramas son los objetos verdaderos de los boleros. Con ellos y con cada uno de ellos hablan y bailan solos o acompañadas, los hombres, mujeres, sin excluir a aquellos que no responden a los papeles definidos por la ortodoxia, los andróginos.

A las ausencias, pecados, obsesiones, brumas y espumas, a todos por igual, les cuentan, les cantan los boleros, las novelas rosas, las voces de cada uno de nosotros, "que nos amamos tanto".

Contra el engaño, "para que olvides, para que no sufras más", contra la creencia de que el amor es fijo, de que los pecados cargan culpas, que el ambiente está detrás y controla el placer, que las obsesiones no permiten amar de veras, previenen los boleros, las novelas rosas.

Mas, sin esperarlo, dicen, escriben, cantan, incluso, durante la ausencia, "cuando se apartan dos corazones", aseguran que el vacío provocado por la separación no ha dejado de estar lleno de amor.

Al igual que todos les temas genéricos, la ausencia es el significante del amor.

- ¿Dónde estoy?¿En el puerto de un riachuelo bañado por la niebla, una sala en Manhattan, un coche en camino a Punta, Acapulco, Buenos Aires, junto a la crema de la intelectualidad madrileña? ¿Quién soy?
- ¡Qué importa saber quién es, ni de dónde viene, ni para dónde va! El semen, la sangre en el Porsche destruido, era deee, ¿Lucecita, Sylvia Rexach, Bienvenido Granda, Orlando Contreras?
- No sé, no sé, no sé. No fui yo el culpable de todas sus angustias, sus quebrantos amorosos, sus falsas canciones, sus narrativas llenas de espacios en blanco.
- No se preocupe, ya verá como las canciones y narrativas no eran completamente falsas. Los personajes, ambientes, tramas puede que lo fuesen; los motivos e ideas subyacentes no lo eran.
- ¿Por qué? Por qué? ¿Por qué? Y entonces, ¿el Porsche no estaba destruido?

"Y lo mucho que he llorado" pierde su función catártica; y al ser el llanto codificado, cantado y novelado, su carácter semántico adquiere y juega un papel abarcador; un rol metalingūístico, un significante que recoge la substancia que se llama amor.

Ese amor "que por demás puede ser ajeno", travieso, peligroso, prohibido, teatro, puro teatro, o ser parte de la ansiedad que causa la ausencia, es adorado y entonado, entre muchos, en camino a Punta, por Tito Rodríguez y Leo Marini, repitiendo ambos boleristas, sin cesar, un eco en la memoria: "El llanto de luna, la tristeza, el delirio, la bruma, el riachuelo, la obsesión, el pecado nuevo, son todos ebria canción de amor que murmura el mar".

BOLERO #37: RUMORES

"Que murmuren" hubiese respondido María Teresa Landín sin pizca de preocupación ante la posibilidad de tener que compartir las páginas de una novela rosa, la conciencia de un autor, una toca discos en un coche, las vidas de amantes y un escenario con un bolerista transgénero.

"El agua se aclara sola, al paso de la corriente" sostuvieron los otros boleristas que apoyaron la solidaridad de María Teresa, y que la siguieron después de oír a Falate. Todos: Pedro Infante -tan macho y tan atrevido-, Los Tres Ases, Orlando Vallejo, coincidían con que era mejor reírse "de pareceres y de lo que se figuren"; que mientras los amantes, el autor, la cantaora transgénero, fuesen como eran, "que murmuren, que murmuren".

- Tenía miedo de que nos descubrieran. Mintió, mintió, mintió, me hizo creer que estaba al tanto de los matices. Mentir era su forma de ser.  La sangre no estaba allí, en el Porsche, antes del accidente, ni el semen. Alguien plantó la evidencia.
- ¿Miedo a que digan que no se quieren? ¿Miedo a que murmuren?
- ¿Por qué, por qué me acostumbró a todas esas cosas?
- No se conocían, y de comprenderse, de querer comprenderse, qué feliz serían.

"Tan siquiera un poco" añadió quien nunca se preocupó por "lo que diga la gente", ni dejó que los que murmuraran la sabotearan, le negaran su espacio, su "que feliz" podemos ser, "seríamos", si nos lo proponemos; quien hizo pública su rebeldía y soltó su identidad, sus pelos apoyaba a los otros Falates del mundo, que también habían vivido la persecución política, la censura, el acoso sexual, el rechazo, la burla y el triunfo.

- ¿Lucecita Benítez?

BOLERO #35: NIEBLAS

Gabriela Morgare nos seguía desde el otro lado de la boca del rio, la oíamos; no la veíamos. La niebla del riachuelo filtraba el tango que se nos hacía bolero, las imágenes, "sombras que se alargan", las voces, los recuerdos, los cuerpos, siluetas y sombras.

Suspendidas en el aire y el tiempo, las indistintas burbujas se mecían, nos mecían, a los acordes del bandoneón, piano, contrabajo; bailaban, bailábamos.

Nunca más nos vimos. Nunca más volvimos a bailar cerca del "turbio fondeadero donde van a recalar" las naves, "barcos que en el muelle para siempre han de quedar", llevando consigo a los ilusos marineros, "náufragos del mundo que han perdido el corazón", y a sus sueños con un mar hacia donde no han de partir.

Un instante, una coreografía, grabada por una novela reducida a tango,  que se hace bolero en la voz de Gilberto Monroig.

- ¿Quién es Gilberto Monroig? ¿Los acompañaba en el coche? ¿Cuántos de ustedes viajaban en el Porsche?
- No recuerdo. Nieblas, la enorme boca del río, un viejo bergantín, nostalgias ahogadas con licor en un sordo cafetín. entran y desaparecen de mis sueños.
- Ese tango hecho bolero, ¿quién lo escribió? ¿Quién cantaba en camino a Punta? ¿Monroig? ¿Morgare?
- Tantas interrogantes y lo único que queda son las sombras, las siluetas, distintas versiones de un mismo bolero, y un baile en, ¿una sala de Manhattan? No recuerdo.
- ¿Un bolero? ¿En Manhattan? ¿No fue un tango lo bailado en los muelles de Punta?

Nunca más volvieron al puerto o a las salas del norte, ni oyeron aquellas voces, en duos, tríos, acompañados por guitarras, bandoneones, pianos, contrabajos, orquestas de gran sala de bailes; y los boleros tangos no se sentían o podían bailarse de la misma forma.

La cambiante niebla sobre el riachuelo esfumaba los cuerpos, y aquel tango se hizo bolero.


BOLERO #33: SOMBRAS

"Sombras nada más", breves y en continuo movimiento, pintan las vidas de los protagonistas o responden a los muchos boleristas, al autor y sus dramas sin final; y a su vez, los envuelve en un lento baile, un bolero delineado con tibias luces, claro obscuros que se rodean, se influyen, juntan, y separan; contrastan y mueven las figuras, sobre la pared, el teclado, el disco, una calle, una ruta entre dos países, una cama en un tétrico hospital, olas embistiendo la arena, una mesa de un bar en San Juan, Manhattan, La Habana, Veracruz, Montevideo.

Sombras nada más filman las vivencias y claras sensaciones de los amantes, intensifican las diferencias o las integran sin distinguir bordes, contornos; logrando que, por un lado, todos los boleros cuenten la misma historia, y por otro, en cada uno de ellos, sobresalga un fragmento de la vida: la perfidia, calles adoradas, lágrimas negras, olas y arenas, obsesiones, pecados nuevos, angustias, lo aprendido, lo recordado u olvidado.

Sombras señalan, sugieren, insinúan, evitan decir, preguntan lo qué pudo ser, o simplemente aceptan, "no pude explicarme cómo fue"; aclaran y dejan en penumbras al amor, los amantes, boleristas, al autor.

- La sangre, el sémen en el Porsche, ¿de quién eran?
- Yo que lo he amado tanto, ¿por qué me acostumbró a todas esas cosas?
- ¿De quiénes eran los boleros? ¿Las sombras?
- No sé, no sé. Las luces y siluetas confundían. ¿Felipe Pirela?

BOLERO #32: ARTEFACTOS

Juguetes, "de tus travesuras", tantos y tantos “aretes” robados, “ que le faltan a la luna", cofres donde "los guardo para hacerte un collar", artefactos y retozos sin un rumbo definido, ganar o perder, entretenían a los amantes, al bolerista, y al autor; prendían y satisfacían los instintos, las crudas sensaciones, la búsqueda del porqué de las atracciones y la necesidad de decir, "contigo aprendí"; ayudaban a encontrar el lenguaje que, aunque "juegues conmigo", sin miedo o con él, liberaba a los jugadores y les abría el camino para aceptar, "a mí qué me importa", si es un juego sin principio ni fin, un juguete "de tu querer".

- ¿Por qué mentiste? ¿Por qué? ¿Por qué? El Porsche no era de verdad, nunca fuimos desde Montevideo a Punta. No estoy en Manhattan ni en un tétrico hospital. ¿Qué me has hecho? No puedo parar de jugar.
- No me interesa tu historia, mucho menos sus detalles. Somos todos juguetes, y juntos iniciamos el juego de nuestro querer.

Juegos y juguetes que perturban o apaciguan, estimulan la respiración rápida, producen erecciones, colvusiones eróticas, estados de ánimo difíciles de explicar, amores etéreos; vividos y descubiertos a través de los boleros, las novelas rosa, y sus elegantes coches, cofres llenos de fantasías, disfraces de "emperatriz  de la canción", cultos miembros de "la crema de la intelectualidad", pintores de "angelitos negros", escaladores de la montaña "que me separa de ti", últimas copas, "pobre bardo", borracho de amor, y "chicas de la sociedad"; se mezclan en la tableta con los servidores, deletes, paste-ups; y, sin esperarlo, algo que no es buscado durante el juego con los boleros, artefactos y las vidas contadas de lejos, encuentras en la red a Lucy Fabery, explicando la relación entre el amor, los juguetes, y la exploración del cuento, sus vertientes, y cantar/contar "la mar de aventuras".

BOLERO #20: CLAUDICAR

"¡Qué falta tú me haces!": Gilberto y Lucecita en duo me obligaron a pedir perdón. En algo te he faltado. Mentí. El Porsche no era mío. Era de mi padre. Tenía que pretender. No sé, no estaba seguro. Rolandito justificó mi mentira con un "tenía que ser así".  Luego, tuve que reconocer que su justificación no era suficiente razón para aliviar mi remordimiento, para olvidar la falta que me haces.

Un bolero, un interprete: Rolandito Laserie sirve de enlace, de trampolín existencial, entre su bolero y otros, tejiendo un tapiz sensorial, un engranaje que narra la vida de los compositores, autores y amantes telledianos; le dan coherencia a la rebuscada y nada lineal historia de un amor, los amantes.

"Sin esperarlo": las voces de Gilberto Monroig y Lucecita Benitez las que cambian el relato,  acurrucan al amante confundido, lo consuelan.

Inmediatamente después del "tenía que ser así", Lucecita y Gilberto comenzaron a llevarlo por el camino de vuelta, a que reflexionara, recapacitara, tratase de nuevo, completara un ciclo.

- "No pongas condiciones" -: Lucecita y Gilberto.

Fue la voz de Lucecita la que primero trató de cambiar el ritmo de la historia, apelando a la pena y a la tristeza del amante. Él no hizo caso hasta que oye a Gilberto. Es cuando este último entra en escena, con la misma preocupación, pero con un mensaje menos lírico, una angustia distinta, un estar confundido cuando estaban tan tranquilos, que el amante, ¿el escritor?, acepta, se rinde, tiene que claudicar.

Si Lucecita parece estar casi resignada, Gilberto muestra su valor cuando acepta la derrota: -"Mi orgullo me venció"-. Ambos se acompañan: -"Juré jamas mirarte, tal vez odiarte, cobrar bien caro lo que juzgo fue traición, Yo quiero que tú vuelvas. Qué falta tú me haces!”.

BOLERO #55: DUDAS

No": fue todo lo que dijo después que Manzanero cantara "No".

Regresó a la pantalla, buscó el video del concierto que Manzanero dio en Chichen Itzá, bailó y acompañó al compositor-cantante: "noo, noooo, noo, no".

Paró de bailar, movió la cabeza de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, dejó de moverla. Lucía desconcertado. Se dijo: "Sí".

BOLERO #18: FUSIÓN

Eros llegó en bolero, y un bolero es un tango en la temblorosa y angustiosa voz de Felipe Rodríguez, quien "al ver la cama vacía" mezcla los dos géneros musicales, y acompaña la luz de la calurosa tarde del febrero austral.

Luces y sombras, y Felipe Rodríguez iluminan, alumbran la habitación color blanco estéril y el cargado mundo de tubos y equipos que, quizás, maquillaron con sus brillos y líquidos la pálida cara de la que pasó su vida detrás de una telenovela, novelita romántica copiada de una revista de modas y quinceañeros.

¿O no fue ella? ¿Habrá sido un amigo fiel, como sugiere la voz del cantante de bolero-tangos, el que una vez estuvo en la cama vacía?

La cama vacía, el Porsche, destruido.

Un tango no es un bolero, excepto cuando lo canta Felipe Rodríguez. Con su muy particular estilo  -"casì agónico y rodeado de un silencio sepulcrar/ con su ternura habitual, la que siempre demostró"- logra ambientar el clima que se necesita para sentir el amor o el dolor, si se pierde un amigo, un amor, y se entra en un nuevo estado anímico.

- ¡Estoy viva!, estoy viva!
- .......,,,,,,
-¿Dónde estoy?
- .....,,,,,,,,
- ¿Qué hago aquí?

El borrador no progresa. Ante la inercia y falta de palabras, los correos electrónicos y el contestar mensajes sirven de escape, aliento, ahogo, motivos para sentirse ligado a algo, esperar por un nuevo enlace, continuar saltando en la rayuela circular del bolero, incluso cuando es tan triste que casi se hace tango.

El bolero tango no termina; una pausa lo silencia, un momento de reflexión activado por un mensaje electrónico cuyo contenido golpea y expande la respiración, amortigua la sofocante e insoportable espera, y sirve de enlace cibernético, llevando al oyente, el bolerista o al autor a la música y sus críticos en la red.

Un mensaje que logra mover el estado de ánimo del espacio que ocupa la ansiedad, la mudez o la inercia, a un nuevo tipo de bolero, a los planos donde se es guiado por la palabra, los ritmos.

El bolero se hace tango. Ambos géneros entran en una relación metonímica, para cantar a unos amores desgraciados o cíclicos. Por un lado, el tango no permite una solución posible; por otro, el bolero transforma ese amar en una oda a la utopía. Ambos sugieren que un "viejo amor, ni se olvida ni se deja".

El bolero-tango logra que la angustia y lo idílico se junten en una relación simbiótica, y es la voz temblorosa, suicida pero a la vez libidinosa del bardo conquistador, la voz de Felipe Rodriguez la que lleva a los amantes en Punta, el escritor en Manhattan y la Tellado en el fondo a bailar juntos y cada uno por su lado; a temer lo peor o a esperar el regreso de lo amado.

En la versión felipeniana, lo tango de la canción encuentra la cama vacía; su tiempo de bolero le da margen a los amados para seguir soñando.

- ¿Qué hago aquí?
- El Porsche, ¿de quién era?


BOLERO #5: INQUIETUDES

El Porsche destruido. El timbre del móvil, ladridos, y las sirenas de las ambulancias servían de banda sonora, fondo. La Tellado, "que estaba tan tranquila, disfrutando de esa calma, de un amor que ya pasó", cantaba,  su bolero, su épica.

15 de febrero - (un año más tarde)

A las cinco de la madrugada en el norte (ocho a.m. montevideana), el café con leche protege - juega, quizás - contra el ruido del viento y el cambiante reflejo de luz, transformada por el baile de los copitos de nieve.

La tormenta le da voz a la señal de tránsito, el metal, su flecha negra se mueve y grita desesperada, "desvío"; emite un crujido a son de hierro y aluminio, el grito que se pierde en la frontera con el de placer, ante lo invasivo del temporal.

No era nieve lo que caía en la carretera ínterbalnearia. Era agua y vientos australes. El Porsche destruido. Su voz en la cama del hospital en Maldonado. ¿Montevideo?

- ¿Qué hago aquí?
- El Porsche, ¿de quién era?
- De su padre.

Espera, la nave del olvido no ha partido, del olvido, continúa dando vueltas en un recuerdo que no tiene sujetos claros. El brillo de la tableta descansa, espera por otro timbre para prender y seguir con su trabajo: responder a su sistema en virtud de lo que la Tellado le cante en cualquier momento, salir del estar aturdida. Ding.


BOLERO #6: FUENTES 

No se encuentra en el guión. Lo reenvió en un anexo electrónico que incluía los datos sobre la casa en José Ignacio, la sala y el timbre agudo y solitario que no paraba de sonar en el teléfono celular. Sobre su falda, el móvil. Al lado, la tableta.

Puro embeleso: neutralizada por lo que descubrió en el Porsche,  desde el inmenso sofá y a través del ventanal, a lo lejos, la playa bañada por las olas, embestida la semana anterior por un inmenso vacío - las olas -, envuelta en la bruma, se disuelve en la espuma, alejándola más.

Decide apagar el bolero, se enredan ambos y otros personajes en un solo relato.

BOLERO 56: TÓMBOLAS

La llegada de Mona Bell duró tanto como una veloz brisa. Hizo ruido, tumbó dos o tres papeles, paralizó el ambiente, la pantalla, voló las cortinas de las ventanas, cambió el ritmo por dos o tres segundos, apagó la toca discos, aceleró el Porsche -quizás ella fue parte de la causa del accidente- y desapareció como su telegrama. Entró y salió de una tómbola cual juego de azahar. No tuvo permanencia ni dejó huellas en nuestros corazones.

Mona Bell tranquilizó un poco las aguas. Solo eso pudo hacer: calmar las sensaciones. Sirvió para dar la impresión que la letra, los pasos, la melodía podían ser ligeros y llanitos, sin substancia, faltos de pasión, sin compromiso entre los amantes, las voces que susurraban deseos, placeres, o que gritaban angustias, rencores. Por poco, mata al bolero. No pudo.

"Tú me besaste" justo después de Mona Bell haber hecho su fugaz entrada, mover la tómbola  y desaparecer sin dejar huellas sobre la arena, conversar con la soledad, desvelarse por su amor, empaparse con la lluvia de recuerdos, ver gente correr. No fue falta de cariño. Es que Mona Bell no sabía cómo hacerlo.

En aquel momento cuando entró el telegrama, sentí un inmenso vacío entre los brazos. Los tiré a la basura, telegrama y tómbola, y sin esperarlo, a las doce, "te me acercaste, aquella noche maravillosa".

El bolero regresó; y nosotros que nos queremos tanto, lloramos, cantamos, bailamos, nos amamos.

- ¿Dónde estoy? ¿Dónde estoy? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
- ¡Qué importa! Estamos juntos. No me preguntes más.

BOLERO #71: ATURDIMIENTOS 

Estoy aturdida....": René Barrios. O un desdoble. ¿Erica en el Showboat?

No hay espera sin substancia; se retuerce por todo el cuerpo. Adquiere un nuevo ritmo frente al teléfono multi-funcional, o frente a cualquier otro artefacto, la tranquiliza un correo electrónico, un mssg.de texto, un bolero.

Fue la Barrios, interpretaba a la Rexach.

Delirante. No escribió durante todo el fin de semana, para luego escribir el domingo tarde en la noche, un mensaje corto, "acabo de llegar de Punta",  con un enlace a un pueblo uruguayo, "donde iremos" cuando esté por allá -, y su gusto por activar celos o ansiedad.

-¿Qué hago aquí? ¿El Porsche? ¿Destruido?

Juegos. El relato, filtrado por el buen gusto y las técnicas bolerístico-narrativas telledianas,  se conjuga en lo lúdico, el romance, los celos; la ansiedad hecha placer, causados por la espera. Aturden, desploman.

Y de lejos, "pero muy lejos", con una tarde de lluvia manzaneriana atenuando el viaje en la nave de la Rexach, sin rumbo, un texto supera la vivencia, recrea lo que "contigo aprendí....", cantado durante y después de resignarse, aceptar que "yo que estaba tan tranquila, disfrutando de esa calma....."……

BOLERO #32: JUGUETES

Juguetes, "de tus travesuras", aretes robados a la luna, cofres donde "los guardo para hacerte un collar", artefactos y retozos sin un rumbo definido, ganar o perder, entretenían a los amantes, al bolerista, y al autor; prendían y satisfacían los instintos, las crudas sensaciones, la búsqueda del porqué de las atracciones y la necesidad de decir, "contigo aprendí"; ayudaban a encontrar el lenguaje que, aunque "juegues conmigo", sin miedo o con él, liberaba a los jugadores y les abría el camino para aceptar, "a mí qué me importa", si es un juego sin principio ni fin, un juguete "de tu querer".

- ¿Por qué mentiste? ¿Por qué? ¿Por qué? El Porsche no era de verdad, nunca fuimos desde Montevideo a Punta. No estoy en Manhattan ni en un tétrico hospital. ¿Qué me has hecho? No puedo parar de jugar.
- No me interesa tu historia, mucho menos sus detalles. Somos todos juguetes, y juntos iniciamos el juego de nuestro querer.

Juegos y juguetes que perturban o apaciguan, estimulan la respiración rápida, producen erecciones, colvusiones eróticas, estados de ánimo difíciles de explicar, amores etéreos; vividos y descubiertos a través de los boleros, las novelas rosa, y sus elegantes coches, cofres llenos de fantasías, disfraces de "emperatriz  de la canción", cultos miembros de "la crema de la intelectualidad", pintores de "angelitos negros", escaladores de la montaña "que me separa de ti", últimas copas, "pobre bardo", borracho de amor, y "chicas de la sociedad"; se mezclan en la tableta con los servidores, deletes, paste-ups; y, sin esperarlo, algo que no es buscado durante el juego con los boleros, artefactos y las vidas contadas de lejos, encuentras en la red a Lucy Fabery, explicando la relación entre el amor, los juguetes, y la exploración del cuento, sus vertientes, y cantar/contar "la mar de aventuras”.


BOLERO #21: PERFIDIA

Perfidia, detonante del bolero. Nadie había cuestionado, hasta que la evidencia fue documentada, si verdaderamente fue él quien traicionó al amante; menos él. Fue ella, se oía decir en las muchas versiones de los hechos, todas fundanentadas en las palabras de Frank Domínguez.

Ella, por lo contrario, juraba que nunca lo dejó de amar. La perfidia llegó en otros brazos, otras plumas, en mensajes cibernéticos que viajaban desde Punta a Manhattan y, a su vez, en reversa. Sus mejores aliados no fueron ni Nat King Cole, ni la Dipiní, ni Ibrahim Ferrer, ni Luis Miguel, o Filippa Giordano, ni ninguno de tantos que cantaron en bolero la traición.

Su mejor aliado, aunque poco creíble, fueron unos jóvenes del noroeste norteamericano, The Ventures. Con su ausencia de palabras, su ritmo juvenil, moderno, pop, bolero-rock. sugirieron que pudo ser cualquiera de los dos: un género indeterminado, un tú ambiguo, una versión de una relación que responsabiliza a ambos; donde su continuidad o ruptura amorosa es inevitable; donde todos son culpables o fuente de los amores en Punta o Manhattan, a través de la red o en un folletín, una revista de modas o una serie televisiva; en una novela rosa donde la perfidia es causa y efecto de un nosotros que nos amamos tanto,

- Atiéndeme, quiero decirte algo que quizás no esperes, nadie lo
comprende, tenemos, debemos separarnos, no me preguntes más, no es falta de cariño.

- Escúchame, soy yo quien tiene que hablar, aunque me duela el alma, yo necesito hablarte.

- Dime, pregunta sobre nosotros; si alguna vez hemos dejado de amarnos o de llorar; nosotros, que fuimos tan sinceros....

Que desde que se vieron, azotados por tormenta tras tormenta, calma tras calma, nevada tras nevada; revueltos por vientos australes; y, de lejos, sin esperarlo, continúan presionando las teclas de la tableta, apagando un bolero y prendiendo otro en youtube, el tocadiscos, hasta lograr mitigar la soledad de los amantes, el bolerista, el autor: todos los que, amándose han estado.

BOLERO #65: BORRADORES

Frente al río La Plata, de espaldas a la ciudad, el beso que te robé terminó en una libreta junto a otros apuntes sobre un amor que sabía más a tango cortavenas que a bolero lacrimógeno. Reemplazaste mis brazos, mis labios con el peluche que te regalé; los correos con boleros. Mis libretas con sus notas mantienen vivas tus palabras, me acompañan; las abrazo mientras camino solo por la ramblas, sentado en un banco del parque que bordea el río Hudson.

No estabas allí cuando no me fijé que no habías llegado, ni presté atención a que no habías dejado ni un cepillo de dientes, y que no había ropa tuya en el clóset, ni colillas en el cenicero. No pregunté por ti cuando el beso que no me diste lo disfruté tanto como el de la otra noche en la cama donde no estabas.

No recuerdo cuando no me di cuenta que te llevaste los discos. Quedaban las letras, las melodías.

-Bailamos.

BOLERO #54: CAMAS 

La gloria fuiste tú en aquellas camas del desaparecido Hotel Palace en el Viejo San Juan, el Casablanca de Montevideo; quizás, quizás, quizás nos amamos sobre las arenas en las playas de Punta del Este o en el asiento trasero del Porsche.

Frenesí. Extasiados, de acuerdo a los testigos: el bolero, el autor, boleristas, las camas o las muchas superficies que las sustituyen. ¡Qué importa! En un momento muy particular, nos adoramos sobre los escalones de unas ruinas en Yucatán y nos acompañaron Armando Manzanero y Plácido Domingo.

Nos despedíamos, tratábamos de separarnos. "Nos vamos": decíamos, mentíamos. Volvíamos; nos veníamos, siguiendo la corriente hasta remontarnos a las estrellas donde nadie nos veía.

"Quiero que vivas solo para mí".  Llenos de placer, explotábamos, gritábamos: "que no te vengas cuando yo no estoy". Jugábamos con nuestros cuerpos, los boleros, nos reíamos. "Te extraño".

Volvíamos: "Acércate más y más, y más, pero mucho más", y hoy, "mía, sigues siendo mía" y mío cuando estoy contigo, contigo, contigo, "todo es alegría", sin importar la cama, el césped, las arenas.

No existen "madrugadas frías", y sin tener que separarnos, cuando estoy contigo nos alejamos de nuestros cuerpos, nos elevamos, regresamos, venimos, volvemos a decirnos: "quiero que vivas solo para mí", enroscados en las sábanas de una cama, cualquier cama, y que tú vayas o vengas donde yo también.... contigo, contigo, contigo...., "cuando estoy contigo".


BOLERO #69: APROPIACIONES

Creer, contar, cantar las historias, y sus protagonistas, enredados en la bruma,  acercándose más y más; besándose así y así, durante el proceso creador, seductor, o el baile, sirve como espejo para que el autor, el bolerista, los amantes se den "cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo". La distancia entre el bolero, la novela y los sujetos no logra el olvido, ni separa la imaginación del amor y los deseos.

- Y entonces, ¿el Porsche no estaba destruido? - pregunta, indaga y concluye sin esperar respuesta pues sabe que todo fue un sueño, un momento lleno de inspiración, vivido ahí, "donde todo lo puedo, donde no hay imposibles", con guitarra en mano, un teclado, múltiples relatos, boleros y caminos cibernéticos como recursos y apoyo de la imaginación; ahí donde "volaron las palomas del milagro", y la canción se hizo novela rosa musicalizada; bolero novelizado.

- No importa - se dicen, uno y cada uno de ellos.

- No sé, no sé, ¿dónde estoy?  ¿En Manhattan, Montevideo, Caracas, un puerto de un riachuelo sin nombre, bañado por la niebla, una sala de hospital, un coche en camino a Punta, Acapulco, Buenos Aires, Sevilla con su luna plateada?

- ¿Quiénes más iban en el Porsche?

- En el coche, en Manhattan, en tantos sitios.

- ¿Empezó en Santiago?

- Tantos: Armando Manzanero, Roberto Ledesma, Chico Novarro. Roberto Yanés. No recuerdo. Eran tantos. Uno de ellos, creo, fue el  primero que dijo, "voy a apagar la luz" para pensar. y luego, Pedro Flores en la voz de Ledesma, sugirió concentrarse en los amantes, y soñar que estaban bajo un palmar, a la orilla del mar, celebrando una gira, y alguien, no está claro quién fue -¿el autor? ¿Chico Novarro?-, añadió, que dijera, cantara, escribiera sobre el deseo de morir por "tener algo contigo".

BOLERO #70: Soledad

La tarde se hizo bolero y comenzó la noche de anoche, la noche de no terminar; tan llena de soledad, tan llena de ti.

Ebria canción de amargura, de placer que murmura el mar, logró reunirte conmigo y convertirnos en un solo, un algo, alguien más allá de mi, más allá de ti.

- ¿Nos habíamos separado?
- No creo.

Me acompañaste, me acostumbraste, me enseñaste todas esas cosas, nos amamos. entremezclamos furias y alegrías, risas y llantos, de luna.

La noche de anoche, silencio de olvido, llenó la soledad, contigo, dentro, muy dentro de mí, de ti, se hizo carne, lujuria, recuerdos, besos, muchos besos.

- ¿Bailamos?
Se hizo bolero.